¡Quedaba clarísimo que esa nueva pareja no era de las que se dejaban pisotear!
—Más te vale. ¡Lárgate! —le soltó Alba sin ninguna piedad.
El tipo captó la indirecta y salió corriendo de inmediato.
—Las mejores reuniones son las que no se planean. Ceci, ¿por qué no nos acompañas a cenar unos buenos tacos?
La verdad es que Cecilia ya estaba bastante llena por la cena.
—No se molesten con la comida, de verdad...
Cecilia apenas iba a negarse, cuando Fiona la interrumpió:
—¡Ándale, sí! Vengan con nosotros, ni siquiera les hemos agradecido bien.
Fiona le tomó la mano a Cecilia y empezó a jalarla para convencerla.
Alba y Fabián también se sumaron a la insistencia.
—Tampoco vamos a un lugar lujoso, nomás unos taquitos de asada en la calle. Fabián y yo conocemos un puesto buenísimo.
—¡Vamos, vamos! A mí también me encantan los tacos de ese lugar, son un éxito para cualquiera —insistió Fiona, pegándosele a Cecilia como chicle.
Sin saber qué más hacer, Cecilia volteó a ver a Enzo.
Aunque Alba y Fabián no lo conocían, al enterarse de que era primo de Cecilia, no tardaron en invitarlo también.
Enzo, que no tardó en darse cuenta de que esas dos personas tenían su propio nivel de importancia, no le dio muchas vueltas al asunto.
Era un hombre de negocios, y tener más amigos significaba tener más puertas abiertas.
Así que miró a su prima:
—Yo no tengo problema. Si quieres ir, vamos.
No poner peros era, de por sí, una señal de aprobación.
Cecilia terminó por aceptar la invitación.
Fabián ya había sido dado de alta del hospital y su cuerpo estaba prácticamente recuperado.
Pidieron un montón de tacos de asada, e incluso querían pedir un par de cervezas para agradecerle a Cecilia por su ayuda de la otra vez.
—No hay necesidad de hacer tanto, brindaremos con agua y ya.
Cecilia tenía una buena idea de cómo iba la salud de Fabián; por el momento, lo mejor para él era no beber y bajarle un poco al picante.
Aun así, Fabián tenía muy buena constitución física y se estaba curando rápido.
De no ser así, no estaría sentado ahí comiendo con ellos.
Alba fue mucho más directa que Fabián:
—Va, te daremos un buen regalo de madrina cuando nos casemos.
Fiona solo sabía que Fabián había estado herido, pero no conocía los detalles. Aunque la conversación la tenía algo confundida, logró armar el rompecabezas en su cabeza.
El único detalle era... ¿cuántos años tenía Cecilia como para haberle salvado la vida a Fabián?
Tal vez lo salvó por azares del destino o pura casualidad, ¿no?
Mientras tanto, Ximena estuvo completamente distraída durante toda la cena.
De hecho, a la hora de despedirse, hasta se le olvidó pedirle el número de celular a Cecilia.
Como Fiona ya estaba con su prima, Ximena no tenía que preocuparse por acompañarla.
Pero, a su vez, a Fiona no le daba buena espina que Ximena se fuera sola.
Así que decidió que primero acompañaría a Ximena hasta su casa, y luego se iría de regreso con su prima y su novio.
—Fiona, ya vete tú. Puedo irme sola.
Al escuchar la oferta de Fiona, Ximena la rechazó sin pensarlo.

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