Catrina siente como su cuerpo reacciona ante las acciones de su jefe, ese hombre era tan dominante que no entendía cómo es que no le molestabas las idioteces que hacía.
—No puede masturbarme en plena, se supone que estamos trabajando.
—Todo me pareció tan aburrido que quise ponerle un poco de emoción a la junta, pensé que masturbando tu coño me entretendría mucho.
Aquella contestación la hizo sudar frío, Catrina relame sus labios al ver que su jefe se acercaba a ella como una fiera hambrienta.
—Eso no es divertido—retrocede.
—¿El qué? ¿Masturbarte en público? Créeme, es la primera vez que lo hago y me ha encantado. Y nadie se ha dado cuenta, ya sabes lo reservado que me gusta ser.
—Pues hace todo lo contrario a lo que dice ser —sigue caminando en retroceso al ver que Dorian se acercaba a ella.
—Es lo divertido de este juego, ¿no te parece?
Él termina por acortar el espacio entre ellos, pero Catrina se le logra escapar y sale corriendo de la sala de juntas… él hace amago de seguirla, pero se detiene, a cambio sonríe e introduce las manos en sus bolsillos.
—Que cobarde es…
[…]
< Mierda, me he escapado por los pelos>
Catrina pensó que si se quedaba mucho tiempo en esa sala iba a terminar follando con su jefe. La castaña limpia el sudor de su frente mientras se encamina hasta su oficina, trabajar bajo esa presión era una completa locura.
Al llegar a su oficina corre directo al cuarto de baño, se encierra en el cubículo del baño e intenta tomar un poco de aire. Estaba hecha un caos, sus rodillas aún seguían temblando como una gelatina.
Luego siente que algo corre por su muslo, ella frunce el ceño mientras desliza la mano por su pierna. La joven ensancha la mirada al ver que eran sus propios fluidos.
—Joder, ¿Qué mierda me pasa?
Nunca se había mojado tanto en su vida, Dorian era el primer hombre que la hacía humedecerse de esa manera. Y es que no podían juzgarla, puesto que su ex novio fue el primer novio que tuvo y al único a quien le entrego su virginidad.
Pero en todos sus años de noviazgo eran pocas las veces que ellos tenían sexo, puesto que su ex viajaba mucho y a duras penas ella lograba verlo. Cada mes lograba verlo dos o tres veces, así que se podría decir que no era tan experta en la materia.
—Esta mierda no me puede estar ocurriendo.
Antes que no tenía sexo a cada rato, y ahora con su jefe obtenía orgasmos cada dos por tres. La castaña lava sus manos y su coño, cuando se sintió un poco mejor sale al exterior encontrándose con Dorian quien la esperaba en la entrada de su oficina.
—Me imagine que estabas en el baño, ¿ya te sientes mejor?
—¿Se le ofrece algo, señor Borges?
—Sí, el culo de una castaña como tú. Porque no pasas a mi oficina y lo conversamos.
—No pienso hacer tal cosa, ya es mi hora de salida, así que tomare mis cosas y si no se le ofrece nada me iré.
—¡Ah, no!, no te iras de aquí hasta que nosotros quedemos bien saciados —da un paso hacia ella, su cuerpo comenzó a calentarse de inmediato.
—No, no puede…
—Claro que si puedo —sonríe —. No te he dicho que mi fantasía más grande es tener sexo en la oficina con mi secretaria, con tu hermana no se podía, pero contigo; contigo se puede absolutamente todo.
Ella ve como él muerde sus labios de una manera tan seductora que ella empezó a dejarse envolver por ese increíble atractivo. Era como si él soltara una especie de feromona que no la dejaba pensar con claridad.
Pestañea varias veces al mismo tiempo que traga saliva, Catrina sostiene su bolso con fuerza puesto que sospecha que iba a caer en las redes de su jefe. Pero con todo el gusto, hacía mucho que no tenía sexo de verdad, y mucho menos con un hombre de verdad como lo era Dorian.
Cuando Dorian noto que ella cedió sonrió un poco mientras seguía acercándose a ella. Al fin follaria como era debido con esa castaña, y lo mejor de todo es que se lo haría en su oficina a lo duro.
—Te voy a coger muy duro, Catrina —ella da un pequeño respingo del susto.
—Buenas noches.
Pero la voz de alguien los interrumpe logrando que la sangre del CEO se caliente más de la cuenta.
—¿Interrumpo? —Jorge mira a su cuñada y luego a su jefe.
—¡Jorge! —exclama Catrina, ella mira su cuñado y luego los ojos chispeantes de rabia de su jefe.
—Tu hermana me llamo para que te pasara recogiendo, ¿estas lista? —ella mira un momento a su jefe quien no le quitaba los ojos de encima, parecía furioso que le dio miedo.
—Sí, ya he terminado.
Dorian frunce la mirada disimuladamente.
—Buenas noches, señorita Hans —Dorian se da la vuelta y se encierra en su despacho.
En ese instante ella suelta el aliento con disimulo. Su corazón seguía latiendo a millón y sus rodillas la traicionarían en cualquier momento.
—¿Catrina? ¿Qué pasa? —la voz de Jorge la trae de vuelta a la realidad —. ¿Discutías con el jefe de Eliza?
—No—contesta rápido —. Para nada, ya debemos irnos.
La castaña pasa a un lado de su cuñado y sigue su camino hasta la salida. Iba toda acelerada, asustada y algo decepcionada. Y eso era lo que más le molestaba.
Jorge mira la oficina de Dorian Borges y frunce la mirada, ese sujeto intentaba algo contra Catrina. Sus intenciones de acostarse con ella eran muy claras, necesitaba actuar antes de que esa idiota perdiera la cabeza por él.
Pero como seducir a su cuñada sin que lo echara de cabeza con su mujer, Catrina parecía una mujer de principios, pero existían métodos para convencer a una mujer. Le echa un último vistazo a la puerta y luego se marcha.
—Los meses pasaran muy rápido.
—Bueno, quizás me mude pronto entonces.
—¿Por qué te mudaras? —Jorge entra en la cocina dirigiéndose a la nevera —. No te hemos echado de la casa —añade tomando un poco de zumo de manzana.
—Ustedes están casados y tendrán un bebé, yo solo soy la tía que viene de vez en cuando a ver a su sobrino.
—Puedes quedarte en casa, además es lo suficientemente grande para todos. ¿Cierto amor?
—Es verdad, Catrina.
Ella sonríe, de igual manera se iría. No podía seguir viviendo de arrimada en casa de su hermana, además necesitaba su propio espacio. En cuanto tuviera libre, buscaría un lugar donde vivir.
—Muchas gracias, pero igual me iré.
Jorge sonríe asintiendo, pero por dentro echaba chispas. A él no le convenía que su cuñada se largara de su casa, allí podría tenerla bien vigilada y controlada. Tenía que buscar la manera de mantenerla retenida en casa.
Quizás estaba perdiendo la cabeza, pero estaba obsesionado con Catrina. Cada vez que le veía ese culo le provocaba follarsela hasta el cansancio.
—Muy bien, hay que respetárselo amor —Catrina sonríe.
[…]
Cuando la Catrina llega a la oficina sus manos temblaban, relame sus labios y mira la puerta de la oficina de su jefe. Se preguntó si estaba allí.
Muerde su uña por la incertidumbre, sabía que ayer lo había dejado muy cabreado por haberse largado de esa manera. Y ahora esa mañana tenía que pagar las consecuencias de sus actos.
La castaña se pone en pie y con ciertas dudas, se encamina hasta la oficina, era obvio que él sabía que ella había llegado. Era bueno que supiera que ya estaba en el trabajo, y por si se le ofrecía el maldito café.
En cuanto Catrina abre la puerta de su oficina se queda absorta e inmóvil con lo que estaba viendo. Luego de eso cierra la puerta de un portazo y cubre su boca, la joven ensancha la mirada y no sabe qué hacer.
Luego observa el cuarto de baño de ella que era suyo personal, corre hasta el mismo y se queda allí. Una vez dentro pestañea varias veces intentando borrar aquellas imágenes de su mente.
Cierra los ojos, pero es inútil; veía a Dorian sentado en su silla como todo un rey con la morena del café sentada en su escritorio con las piernas medio abiertas hacia él. Ella frunce la mirada con los ojos cerrados, luego niega con la cabeza.
No quería imaginarse lo que esos dos estaban haciendo, o habían terminado de hacer.
—Que idiota soy, como me fui a meter en su oficina de esa manera sin pedir permiso. Mierda, mierda, que bruta soy…
Catrina pone las manos sobre el lavado, baja la mirada y abre los ojos. Luego muerde sus labios, y ella que pensó que era la única a la que le hacía cosas en su oficina. Eso sí que era estúpido de pensar.
Levanta la vista para mirar su reflejo en el espejo cuando lo ve a él, a su jefe mirándola por el espejo.

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