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Clímax de oficina romance Capítulo 13

—¿Qué se supone que estás haciendo? —Dorian afina la mirada.

Catrina se da la vuelta y nota que no hay mucho espacio entre ellos dos.

—Yo, bueno he venido al baño.

—No hablo de eso, hablo de lo que paso hace un rato en mi oficina.

—Lo siento mucho —traga saliva —. No fue mi intensión entrar de esa manera, es que no pensé que estaba ocupado.

—¿Ocupado? —sonríe.

Dorian termina por acortar el poco espacio entre ellos dos acorralando a su secretaria contra el lavado.

—¿Cree que estaba ocupado?

—Por favor…—susurra las palabras.

—¿Lo dices porque esa mujer estaba mostrándome su coño? ¿Es por eso?

La castaña se tensa, no podía escabullirse puesto que él la tenía acorralada.

—Ese no es problema mio.

—Sí, no es tu problema —musita muy cerca de ella —. ¿Te ha gustado lo que has visto? —Catrina frunce la mirada.

—¿Qué clase de mujer cree que soy? —sin importarle quién demonios sea él, ella lo empuja y ella se libera de la encerrona —. ¿Cómo demonios me va a preguntar eso?

Dorian se mantiene serio ante la actitud de ella, no espero que le respondiera de esa manera.

—Entonces, no te ha gustado.

—No me importa con quien folle señor Borges, si quiere cogerse a media oficina por mi está bien. Creo que sería conveniente para mí, para que me deje en paz.

Catrina se da la vuelta y se dirige hasta la salida, pero Dorian la sujeta del codo y la hace darse la vuelta bruscamente. Con aquel movimiento consigue pegar el cuerpo de Catrina contra la esquina.

—¿No te importa, eh? —él se cuela entre sus piernas con bastante agilidad —. Y yo que me encendí cuando te vi entrar y me viste viéndole el coño a esa mujer.

—No creo que lo haya encendido mirarme llegar, más bien ya estaba caliente viendo el coño a esa mujer.

—¿Eso crees? —sonríe, llevando una de sus manos por debajo de la falta.

—Estoy segura… —responde a duras penas mientras que traga saliva.

Dorian conduce su mano hasta el coño de Catrina sintiendo la tela su pataleta. La hace a un lado y de manera inmediata introduce el dedo medio en agujero de su coño oyéndola gemir de placer.

Él sonríe de placer al verla disfrutar, la masturbaba lentamente y con movimientos rítmicos que la enloquecerían.

—¡Ah! —jadeo con los labios medio abiertos —. No siga, por favor… —calla sus palabras cuando él introduce otro dedo en su vagina.

—¿Segura? —musita contra la piel de su cuello.

—Por favor, señor Borges, aquí no pode…

—Cuando estemos teniendo sexo quiero que me llames Dorian.

Finaliza sus palabras al mismo tiempo que penetra su cuerpo con más fuerza.

—¿Entendiste?

—¡Ah! si, entendí, entendí…

Pero Dorian no dejo de follarla con los dedos, quería que se corriera esa mañana en el baño. Sigue afanado metiendo y sacando su dedo al mismo tiempo que apretaba uno de sus senos. Catrina se aferró a su saco mientras le abría un poco las piernas.

Sus ojos se concentraban en estar cerrados y sus labios medio abiertos, de vez en cuando los mordía con morbo cuando él metía más profundo sus dedos.

—¿Te gusta cómo te follo el coño? —música tomando con la mano su mentón con fuerza.

—¡Ah! ¡Ah! sí, sí, me gusta—gime con los ojos aun cerrados.

—¿Quieres que te más duro? ¿O prefieres que mi polla penetre tu coño y te haga mía?

—Lo quiero todo —comienza a gemir con más fuerza, obligándolo a cubrir sus labios con la mano.

—¡Ay, Catrina! Te voy a coger tan rico que me vas a pedir más —ella asiente aun cuando sus labios estaban sellados.

Acelera las embestidas con sus dedos consiguiendo que ella derrame su semen en su mano, la palma de su mano estaba empapada por un flujo blanquecino; el cual espacio en lo largo de su ano y su coño.

Envolvió su coño con su semen mientras frotaba sus labios vaginales con morbosidad. Dorian muerde sus propios labios lascivamente al verla que ella contorsiona la mirada cuando él seguida frotando su coño.

—Tienes un coño muy delicioso, no veo el momento de follarmelo con mi polla.

Dorian toma la mano de Catrina llevándola hasta su ingle, le demostrada lo muy erecto que lo ponía.

—Necesito que bajes esa erección, no me vas a dejar así toda la mañana.

—Pero estamos en el baño —responde abriendo los ojos para mirarlo.

—¿Y eso que?

En eso ella escucha como él baja el cierre de su pantalón y luego nota que en sus labios se dibuja una sonrisa pervertida y diabólica. Seguidamente de eso, Dorian comienza a deslizar su cuerpo por los hombros.

Era un hombre con sangre en las venas, por supuesto que su polla reacciono ante un coño abierto de par en par. Todo el interior del coño de la morena palpitaba, expectante y dispuesto a ser penetrado por una polla como la suya.

Ella buscaba sexo, le hizo saber que estaba deseosa por coger con él. Pero por alguna razón, Dorian quería follarse a Catrina esa mañana y no a esa morena. Sin embargo no la echo de su oficina, puesto que luego de sentarse en su sillón ella se situó frente de él con cada pierna posada sobre los pasamanos de su silla.

Dorian se había guardado una sonrisa y lo único que hizo fue inclinarse hacia atrás para ver que estaba dispuesta hacer, e hizo exactamente lo que pensó, comenzó a follarse ella misma el coño.

Esa morena era una diabla, puesto que se metió tres dedos de un solo golpe y empezó a fornicar sobre su escritorio mientras que él veía como se jodía el coño con los dedos. Era muy habilidosa, de eso no existía dudas.

Pero verla follarse el coño solo le abría el apetito para cogerse a su secretaria, la verdad es que si tenía la polla muy dura, pero en parte era porque pensaba en Catrina y ese culo suyo. Y también, que ver a esa morena masturbarse le había dado una buena idea que quizás terminaba poniendo en práctica.

Cuando esa morena termino de fornicar, derramo su semen sobre el roble de su escritorio no más al alcanzar el clímax, pero seguida muy excitada y le pidió que la follara. Y fue cuando Catrina entro en su oficina y vio todo aquello.

Al cerrar la puerta bruscamente él se puso en pie, por alguna razón deseo ir detrás de ella. Y eso fue lo que hizo, luego de pedirle a la morena que se marchara él siguió a Catrina sospechando que había entrado al primer lugar que encontraría.

Y fue allí cuando la encontró en el baño levantándose por haber entrado en su oficina sin pedir permiso.

El CEO sonríe al recordar la cara de susto que ella había puesto al verlo con otra mujer quien le mostraba su coño a plenitud. Relame sus labios al recordar la tibieza y estrechura del coño de Catrina, luego baja la mirada, volvía a ponerse duro.

Era extraño, pero desde que la tenía en su oficina no había cogido con otras mujeres y eso sí que lo sorprendía. Por lo general repetía mujeres, pero cada semana; no la misma mujer todos los días.

—Debe ser porque no me la he follado como se debe, quizás deba terminar con eso de una vez por todas así se me quita esta estúpida obsesión que tengo con ella.

[…]

De vuelta al trabajo se siente un poco incomoda puesto que no llevaba pantaletas, ese maldito jefe suyo era un pervertido.

—¿Cómo es que Eliza no vio nada de eso en él?, si se le nota clarito en la cara.

Él maldito desgraciado estaba haciendo quien sabe que con esa estúpida del café, bueno, todo fue tan rápido que ella a duras penas logro ver algo. Pero si se pudo fijar que él solo estaba sentado en su sillón.

—Pero eso no dice nada —suelta el bolígrafo con fuerza —. ¿Y yo que mierda hago pensando en esa mierda?

A ella que diablos le importaba si el imbécil de su jefe pervertido follaba con otra mujer, no debería de molestarle en lo absoluto.

—Maldito puto de mierda —musita sintiéndose furiosa a pesar de lo que pensaba.

Y esa tipa, que osada al meterse en su oficina así como si nada. De pronto suena el teléfono sobresaltándola.

—Diga…

—Quiero otro café, de inmediato.

Él le cuelga y ella siente deseos de meterse en el teléfono y ahorcarlo con el mismo.

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