—¿Qué se supone que estás haciendo? —Dorian afina la mirada.
Catrina se da la vuelta y nota que no hay mucho espacio entre ellos dos.
—Yo, bueno he venido al baño.
—No hablo de eso, hablo de lo que paso hace un rato en mi oficina.
—Lo siento mucho —traga saliva —. No fue mi intensión entrar de esa manera, es que no pensé que estaba ocupado.
—¿Ocupado? —sonríe.
Dorian termina por acortar el poco espacio entre ellos dos acorralando a su secretaria contra el lavado.
—¿Cree que estaba ocupado?
—Por favor…—susurra las palabras.
—¿Lo dices porque esa mujer estaba mostrándome su coño? ¿Es por eso?
La castaña se tensa, no podía escabullirse puesto que él la tenía acorralada.
—Ese no es problema mio.
—Sí, no es tu problema —musita muy cerca de ella —. ¿Te ha gustado lo que has visto? —Catrina frunce la mirada.
—¿Qué clase de mujer cree que soy? —sin importarle quién demonios sea él, ella lo empuja y ella se libera de la encerrona —. ¿Cómo demonios me va a preguntar eso?
Dorian se mantiene serio ante la actitud de ella, no espero que le respondiera de esa manera.
—Entonces, no te ha gustado.
—No me importa con quien folle señor Borges, si quiere cogerse a media oficina por mi está bien. Creo que sería conveniente para mí, para que me deje en paz.
Catrina se da la vuelta y se dirige hasta la salida, pero Dorian la sujeta del codo y la hace darse la vuelta bruscamente. Con aquel movimiento consigue pegar el cuerpo de Catrina contra la esquina.
—¿No te importa, eh? —él se cuela entre sus piernas con bastante agilidad —. Y yo que me encendí cuando te vi entrar y me viste viéndole el coño a esa mujer.
—No creo que lo haya encendido mirarme llegar, más bien ya estaba caliente viendo el coño a esa mujer.
—¿Eso crees? —sonríe, llevando una de sus manos por debajo de la falta.
—Estoy segura… —responde a duras penas mientras que traga saliva.
Dorian conduce su mano hasta el coño de Catrina sintiendo la tela su pataleta. La hace a un lado y de manera inmediata introduce el dedo medio en agujero de su coño oyéndola gemir de placer.
Él sonríe de placer al verla disfrutar, la masturbaba lentamente y con movimientos rítmicos que la enloquecerían.
—¡Ah! —jadeo con los labios medio abiertos —. No siga, por favor… —calla sus palabras cuando él introduce otro dedo en su vagina.
—¿Segura? —musita contra la piel de su cuello.
—Por favor, señor Borges, aquí no pode…
—Cuando estemos teniendo sexo quiero que me llames Dorian.
Finaliza sus palabras al mismo tiempo que penetra su cuerpo con más fuerza.
—¿Entendiste?
—¡Ah! si, entendí, entendí…
Pero Dorian no dejo de follarla con los dedos, quería que se corriera esa mañana en el baño. Sigue afanado metiendo y sacando su dedo al mismo tiempo que apretaba uno de sus senos. Catrina se aferró a su saco mientras le abría un poco las piernas.
Sus ojos se concentraban en estar cerrados y sus labios medio abiertos, de vez en cuando los mordía con morbo cuando él metía más profundo sus dedos.
—¿Te gusta cómo te follo el coño? —música tomando con la mano su mentón con fuerza.
—¡Ah! ¡Ah! sí, sí, me gusta—gime con los ojos aun cerrados.
—¿Quieres que te más duro? ¿O prefieres que mi polla penetre tu coño y te haga mía?
—Lo quiero todo —comienza a gemir con más fuerza, obligándolo a cubrir sus labios con la mano.
—¡Ay, Catrina! Te voy a coger tan rico que me vas a pedir más —ella asiente aun cuando sus labios estaban sellados.
Acelera las embestidas con sus dedos consiguiendo que ella derrame su semen en su mano, la palma de su mano estaba empapada por un flujo blanquecino; el cual espacio en lo largo de su ano y su coño.
Envolvió su coño con su semen mientras frotaba sus labios vaginales con morbosidad. Dorian muerde sus propios labios lascivamente al verla que ella contorsiona la mirada cuando él seguida frotando su coño.
—Tienes un coño muy delicioso, no veo el momento de follarmelo con mi polla.
Dorian toma la mano de Catrina llevándola hasta su ingle, le demostrada lo muy erecto que lo ponía.
—Necesito que bajes esa erección, no me vas a dejar así toda la mañana.
—Pero estamos en el baño —responde abriendo los ojos para mirarlo.
—¿Y eso que?
En eso ella escucha como él baja el cierre de su pantalón y luego nota que en sus labios se dibuja una sonrisa pervertida y diabólica. Seguidamente de eso, Dorian comienza a deslizar su cuerpo por los hombros.

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