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Clímax de oficina romance Capítulo 16

Con rudeza entraba y salía del coño de su secretaria, tenía el tiempo justo, así que no podía hacer muchas locuras esa noche. Sin embargo no iba a dejar de follarsela rico, mira la unión de su polla mientras se lo mete a la morena.

Cierra los ojos y se aferra a las caderas de ella, Jorge le daba más duro tanto que los senos de ella temblaban.

La morena recuesta la mitad de su cuerpo hacia atrás y Jorge se hizo cargo de sus piernas y seguía fallándosela sin parar.

—Sí, sí, siiiii…—grita toda frenética.

El CEO comenzó a eyacular en el coño de la morena, presionaba con fuerza sus muslos al mismo tiempo que se vaciaba en el condón… para cuando termino, saca su polla y se quita el condón lleno de semen.

—Ya debo irme —dice mirando la hora en su reloj.

—Acabas de llegar, quédate un rato más Jorge.

—No puedo, sabes bien que tengo mujer.

Jorge se da la vuelta y comienza a vestirse, la morena lo ve, a pesar de que se la follo rico sentía mucha rabia porque tenía que irse tan rápido. Era evidente que ella solo era un acostón y nada más, él nunca la tomaría en serio.

—Nos vemos mañana en la oficina —le dice caminando hasta la puerta.

—Está bien.

Odiaba a la esposa de su jefe. La morena pensó que quizás debía meter las manos en esa relación, quizás debía mostrarle a esa idiota que su esposo le era infiel. Y ya sabía perfectamente como le iba a hacer.

No le agradaba, pero no tenía más remedio. Cuando Jorge estuviera libre de su mujer la tomaría en serio y podrían verse sin problemas.

—Serás solo para mí —ella sonríe maliciosamente.

[…]

Al día siguiente Dorian llega a su oficina y encuentra que su secretaria aun no había llegado, se detiene delante de su escritorio y nota que todo estaba tal cual como lo dejo la noche anterior.

Frunce la mirada al mismo tiempo que aprieta la mandíbula, su mente ya se estaba haciendo ideas; y todas terminaban en que ella había dejado el puesto tirado. Dorian aprieta los puños de la ira, eso sí que no pensaba permitirlo.

Saca su móvil y es cuando escucha el sonido del ascensor y por esta sale Catrina toda apurada. Él pestañea al verla aproximarse a su escritorio.

—¿Por qué ha llegado tarde? —la confronta.

—¿De qué habla? Estoy llegando a mi hora de entrada —Dorian revisa la hora de su reloj y se da cuenta que él había llegado temprano esa mañana.

—Usted debe estar en su escritorio antes de que yo llegue.

—Pues disculpe, pero yo no soy adivina para saber la hora exacta en la que llegara —replica la castaña tirando las cosas en su mesa.

Pero mira lo contestona que le salió la secretaria, pensó Dorian. Tenía carácter, pero quizás eso se le quitaba con una dosis de buen sexo.

—Quiero mi café de inmediato. Y me lo traes tú, no deseo a nadie entrar en mi oficina.

Dorian sigue de largo hasta su oficina y mientras que es observado por Catrina con expresión de pocos amigos.

—Mierda, hoy ha llegado de malas —suspira poniendo los ojos en blanco.

[…]

Cuando la tarde arribo a la ciudad, Catrina al fin tuvo un descanso y era porque ya se iba a casa. Solo tenía que esperar por Jorge para que la fuera a buscar, estaba sumamente agotada.

Justamente en ese momento su jefe sale de su oficina y se recuesta del marco de la puerta para quedársele viéndolo.

—Qué extraño que su cuñado no la ha venido a buscar.

—Ya debe estar por llegar —responde sin verlo.

—¿De verdad? —replica, mirando su reloj. Dorian se cruza de brazos —. Se hace tarde.

—Ya lo sé—levanta mirada furiosa —. En un rato me iré.

Y entonces, recibe un mensaje de su cuñado diciéndole que no iba a poder buscarla que tomara un taxi a casa.

Catrina suelta el aliento, le hubiera dicho eso hace mucho rato y estuviera esperándolo como idiota. Y hasta se hubiera evitado tener que encontrarse con Dorian.

—Que interesante, tu cuñado no viene —sonríe burlón.

—No es su problema —se pone en pie, recoge su bolso y se encamina hasta la puerta.

Dorian al verla escaparse, corre hacia ella y la toma por el codo haciéndola darle la vuelta.

—Yo te llevare.

—No es necesario.

—Si lo es…

La suelta y la conduce hasta el ascensor, sin otro remedio Catrina obedece y se adentra en el ascensor con su jefe. Se tensa de inmediato al sentir tanta cercanía, era como si ese hombre estuviera respirando en su nuca. Traga saliva en seco al presentir que él estaba por hacer algo.

Mira fijamente la puerta esperando que abriera de una vez por todas, pero no.

—¿Nerviosa? —susurra contra su oído —. ¿Nunca has cogido en un ascensor, Catrina?

Ella ensancha la mirada.

—Eso no viene al caso —Dorian ensancha diabólicamente la sonrisa.

—Eso pensé.

El CEO oprime el botón de detenerse, y el aparato metálico se detiene. Catrina se tensa y no dice nada, a cambio muerde sus labios en gesto de ansiedad.

Al poco tiempo siente como las manos de Dorian se posan en sus caderas arrinconándola hasta la pared metálica. Lentamente va subiéndole la falta al mismo tiempo que comienza a chupar el lóbulo de su oreja.

Catrina cierra los ojos automáticamente al sentir la suavidad con que la estaba tocando, muerde la carne interna de sus labios y trata de reprimir los gemidos de placer que le causaba las manos de su jefe.

—¿Porque te contienes? —musita seductoramente.

En ese instante, Dorian aparta un poco sus muslos, lentamente empieza a deslizar su pataleta por sus piernas. Catrina inclina un poco la cabeza hacia abajo y observa como la liga de encaje negro se desliza por sus rodillas.

—¿Ansiosa?

—No.

Dorian deja de sonreír… se inclina hasta la curvatura de su culo y empieza a dejar besos en el mismo, también algunos mordiscos que dejaban ciertas marcas enrojecidas. El CEO llega hasta la línea que separa cada nalga, las abre y de inmediato lleva la lengua hasta el coño de Catrina.

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