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Clímax de oficina romance Capítulo 22

Porque le resultaba un poco complicado dejar de desear follarse a Catrina. Era la primera mujer en muchos años que lo hacía sentirse de esa manera, era como si no deseara a ninguna otra mujer más que a ella.

Ese sentimiento no era normal en él, puesto que su mayor fantasía era follarse a diferentes mujeres.

[...]

Catrina se encierra en el cuarto del baño sintiendo que su corazón se le iba a salir del pecho. Esas palabras de su jefe fueron muy fuertes para ella, pero sabía que no podía, no debía tomarlas en serio.

Niega mientras peina su cabello hacia atrás, no tenía futuro con Dorian Borges y eso era algo que no debía olvidar ningún día.

Si mantenía la mente en claro nada iba a suceder.

—Solo es sexo Catrina, solo es sexo y nada más. Por favor —suplica a su reflejo con desespero —. No te vayas a enamorar, por favor, por favor…

Muerde sus labios con un poco de fuerza.

—Mierda, necesito un baño frío.

[…]

Al día siguiente Jorge llega a su oficina hecho una furia, la estúpida de Catrina no había aparecido en todo el día anterior y su esposa no paraba de estar preocupada por ella. Al parecer no había intentado comunicarse con ella.

Cuando reviso su móvil no encontró ningún mensaje o llamada extraña, eso sí que le extraño.

—¿Acaso pretende abandonar a su hermana a su suerte? ¿O será que piensa que no puedo quitarle a mi hija? Esa estúpida está jugando con fuego, ¿Quién diablos se cree?

Golpea su escritorio, estaba furioso.

—Pero no creas que te vas salvar, vas a hacer mía, pretendo follarte hasta el cansancio.

Aprieta la mandíbula con fuerza, entonces en ese momento la rubia que siempre le hace la limpieza en la oficina hace acto de presencia.

—¡Oh! Disculpe señor Jorge, no sabía que ya había llegado —hace amago de cerrar la puerta.

—¿No has hecho la limpieza todavía? —pregunta antes de que se fuera.

—Lo siento mucho, he llegado un poco tarde. Volveré a la hora de su almuerzo.

—Por supuesto que no, harás tu trabajo en estos momentos —se cruza de brazos.

La joven se adentra en la oficina entrando directamente al baño de la oficina; era un espacio muy reducido y fácil de limpiar.

Cuando Jorge la ve entrar en el baño se pone en pie, se quita el saco y luego la corbata y se dirige hasta el lugar donde se encontraba la rubia de largas piernas y voluptuosos senos. Al llegar a la puerta se recuesta del marco de la misma y le mira el culo en lo que la ve inclinada.

—No parece muy sucio—ella da un respingo al escucharlo —. ¿Te he asustado?

—¿Necesita algo?

—Sí, justamente necesito algo.

—¿Qué será?

Él camina hacia ella acorralándola contra el lavado.

—Necesito a una gatita rubia como tú —le dice envolviendo sus caderas con las manos.

—¿Perdón? —ella pestañea algo confundida.

—No te hagas la loca, sabes bien lo que estoy buscando —susurra cerca de sus labios rojos.

Jorge la toma por la curvatura de su culo para sentarla sobre el lavado, abre sus muslos con las manos y se cuela entra ellos; luego toma a la rubia por la mejilla y termina por darle un beso morboso, brusco y rápido.

Desde hace mucho tiempo que le tenía ganas a esa rubia, pero nunca se había atrevido a nada con ella, hasta que se metió con su secretaria y supo que podía ponerle los cuernos a su mujer con facilidad.

Cuando se separó un poco de ella bajo las manos hasta coronar sus tetas, las cuales apretó con rudeza.

—Señor, no creo que debamos…

—Shhh… claro que debemos, y lo haremos…

—Pero su esposa…

—Guarda silencio, ella no tiene por qué enterarse de nada.

Jorge le saca la camisa por la cabeza y descubre sus senos, levanta el sostén y desnuda sus enormes tetas. De inmediato se lleva un pezón a su boca para chupárselo creando sonidos obscenos.

—¡Ah! señor Jorge, no deténgase por favor —le dice, pero con un tono jadeante. La rubia lo toma del cabello y lo aprieta contra la teta —. Deténgase, no podemos…

Pero sus palabras se apagan al sentir la tibieza de la mano de su jefe contra la tela de su pantalón. Frotaba su coño afincando su mano para hacerle sentir la sensación, estaba perdiendo el juicio.

En eso, su jefe deja su seno y empieza a soltar el botón de su pantalón, rápidamente la despoja de la prenda dejando su coño expuesto. Su jefe se agacho al mismo, abrió sus piernas para meter su cabeza entre sus muslos.

Le metió la lengua en el coño hasta lo más profundo de su interior, empezó follandola con la lengua y luego paso a chuparle los labios del coño. Los jalaba y soltaba y luego los volvía a tomar con sus propios labios. De eso, paso a chupar el agujero de su coño provocando sonidos eróticos.

—¡Ah! ¡Ah! señor Jorge, por favor —ella abrió un poco más las piernas sosteniéndoselas de las rodillas.

Echa la mirada hacia abajo y ve como su jefe mamaba su coño de una manera morbosa y deliciosa, ella intenta echar la cabeza hacia atrás y la misma golpea con el espejo del diminuto baño.

—Señor Jorge, por favor, no se detenga.

—Sí, me gusta que me llames señor, ahora tu eres una más de mi propiedad.

Coge a la rubia por el culo y afinca más los labios en su coño, sus labios ya estaban todos hinchados y enrojecidos. Él se pone en pie, baja su pantalón y de inmediato su polla erecta sale a relucir.

—Ven, dale una mamada.

Toma a la rubia por el brazo para bajarla, él se reclina del lavado y ella se inclina hasta su pene. Jorge la toma del cabello y la hace bajar hasta su polla para que se lo metiera en la boca. La rubia se lo traga completo, él la presiona un poco más para que le llegara hasta la garganta.

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