Catrina regresaba de almorzar cuando el teléfono comenzó a sonar, se apresuró a contestar el aparato y al escuchar la voz de su hermana sintió alivio.
—Por dios Eliza, ¿se puede saber dónde estás? —la reprende.
—Estoy en casa, no he podido salir porque me he sentido mal.
—¿El bebé? ¿O es que Jorge te hizo algo?
—Se puede saber qué es lo que está pasando, no entiendo porque dices esas cosas de mi marido. La verdad es que me tienes muy confundida.
—No puedo decirte por llamada, lo que si debes saber es que tienes que salir de esa casa antes de que Jorge regrese.
Eliza presiona la parte baja de su vientre, desde la noche sentía algo de molestia y se imaginó que era porque ya estaba a punto de dar a luz.
—Muy bien. Si mañana me siento bien te prometo que iré a verte.
—Puedo ir a buscarte ahora mismo Eliza, te hablo de verdad, necesitas salir de esa casa.
—No, estás trabajando. Sera mejor que yo salga cuando Jorge no esté en casa.
—Si te pregunta si te he llamado le dices que no sabes nada, y que has llamado a la empresa de tu jefe y te ha dicho que he faltado, ¿entendiste?
La castaña aplana los labios.
—De acuerdo, lo haré. Y más vale que tengas una explicación razonable para todo esto.
—La tendré.
—Debo dejarte.
—Eliza, por favor cuídate mucho.
—Está bien, hermana. Cuídate mucho.
Cuando Catrina cuelga la llamada su jefe aparece en la oficina y se detiene delante de su escritorio; posiciona sus manos sobre el mismo y se le queda mirando fijamente con esos ojos verdes muy penetrantes.
—¿Con quién estaba hablando? —afina la mirada al hacer la pregunta.
—Con mi hermana —responde ella pestañeando varias veces.
—¿De verdad? —frunce más el ceño.
—Es la verdad…
—Venga a mi oficina, ahora.
—Pero tengo que pasar estos informes al ordenador y luego…
—Le he dado una orden, ¿o es que no me escucho?
Dorian la interrumpe con aquella voz de mando que daba miedo, era la misma que le escucho cuando lo conoció por primera vez. Los vellos del cuerpo de la castaña se erizaron en el acto, lo ve alejarse y perderse tras la puerta de su oficina.
Ella suelta el aliento y se pone en pie, baja su falda un poco y camina hasta la misma. Como llego a casa de su jefe así de la nada, él tuvo que comprarle ropa nueva para que pudiera asistir a trabajar.
Ahora se sentía más en deuda con ese hombre, primero protegiendo el empleo de su hermana; segundo que su jefe le dio alojo en su casa porque se había quedado en la calle. Su vida era un desastre.
Pero con lo que su hermana tenía ahorrado pensaba que podían salir adelante las dos lejos del idiota de Jorge. Ese cerdo no se merecía a su hermana ni a su sobrina, era un asco de persona.
Al entrar en el despacho de su jefe este la toma desprevenida por la espalda, envuelve su cintura conduciendo sus manos hasta sus pechos.
—Has demorado mucho —susurra contra su oreja, luego chupa el lóbulo del mismo.
—No podemos seguir con esto en la oficina, alguien puede entrar y vernos —ella intenta alejarlo, pero solo consigue que él la apriete con más fuerza.
—Nadie va a subir a este piso sin mi permiso, ya he dado la orden allá abajo. Y eso incluye al imbécil de tu cuñado.
—No debió hacer eso.
—Soy el jefe, hago lo que se me dé la gana —contesta metiendo ambas manos por debajo de su falda —. Ademas eso me da la ventaja de poder follarte en mi oficina sin problemas —añade deslizando las manos por sus muslos.
—Pero si me estoy quedando en su casa, allá también podemos…
—No, no, no estas entendiendo Catrina… —la interrumpe mientras hace a un lado la pataleta —. No es igual follarte aquí en mi oficina que en mi cama, ¿si entiendes? Aquí es más delicioso.
Dorian introduce un dedo en su coño sintiendo como ella aprieta las paredes vaginales, la presión que sentía le gustaba y lo encendía aún más.
—Estas tan apretada y húmeda, me vuelve loco tu coño Catrina —musita contra la piel de su cuello—. Estas tan mojadita, ¿has estado pensando en mí?
—¡Ahhh! Por favor, detente…—articula mordiendo sus labios luego.
—No, no me voy a detener. Continuare follando tu coño con mis dedos hasta que te corras en mi mano.
Ejerce más presión con sus dedos dentro de su coño, los introduce con más fuerza sintiendo que se mojaban más de la cuenta. Se deslizaban con facilidad en su interior, poco a poco ella comenzó abrir un poco más sus piernas y de su garganta salía un sonido erótico y lujurioso.
—Siiii, sigue así, vamos goza mientras te follo rico con mis dedos.
—Sí, si…—la oye tragar saliva.
—¿Quieres que te meta mi polla, Catrina? Dime, quieres que te lo meta.
Ella baja su mano y la posiciona sobre la mano de Dorian, él movía la misma con agilidad y ella al sentir con su propia mano como él la follaba la hizo no responder, a cambio se corrió en la mano de su jefe.
Se sujetó de su cuello mientras abrió un poco más las piernas, sus piernas temblaban ante ese orgasmo. Y por un momento pensó que su jefe tenía razón al decir que se follaba rico en la oficina.
—¿Qué haces? —susurra contra sus labios.
—Voy a trabajar, espero que al salir de aquí pasemos por una farmacia para comprar una pastilla para este error que has cometido.
—Sí, luego resolvemos eso…—responde arrastrando su cuerpo hasta el cuarto del baño —. Pero ya que he llegado dentro de ti vamos a aprovechar la ocasión para disfrutar un poco de nuestro error.
—¿Nuestro? —reclama.
Dorian ya la había metido en el cuarto del baño y cerrado la puerta. Se apodera de sus labios mientras que baja su ropa interior y luego la falda. Botón por botón comienza a librarla de la camisa hasta conseguir coronar sus tetas.
Suelta el sostén y de una aprieta sus tetas con fuerza. Catrina lo despoja de su ropa dejándolo sin nada, él la empuja hacia el pequeño cuarto de la ducha, abre la puerta de cristal y ambos se meten allí.
Abre la llave y el chorro de agua los cubre por completo. Dorian la sigue besando, mientras que ella enlaza sus brazos alrededor de su cuello.
—Otra de mis fantasías me la vas a cumplir… —sonríe sujetándola por la cadera para elevarla del suelo.
En esa posición, Dorian mete su pene en el coño de Catrina y empieza a follarsela. El agua caía sobre ellos mojando y lubricando sus cuerpos, la pareja de amantes se besaban con lujuria, el CEO seguía penetrando a su secretaria sin parar.
Hasta que ella empezó a desliarse, luego de eso él la bajo y la hizo agacharse.
—Vamos, dame una chupada rica.
Dejo una mano sobre la pared y con la otra la sostiene la cabeza de Catrina. La condujo hasta su polla mojada y babosa y de una ella se la metió en la boca hasta llegarle a la garganta. Dorian la empujaba hacia adelante mientras que ella succionaba delicioso.
—¡Ahhhh! Siii, que rico Catrina, no te detengas. Chúpalo así de rico como lo haces, vamos nena chúpalo.
El rubio muerde sus labios al sentir que estaba a punto de eyacular en la boca de esa castaña, cuando lo siente venirse acelera las mamadas de Catrina y es cuando explota en su boca soltando todo su semen por la garganta de ella.
—Joder, siii, ¡Ahhhh! Mierda que delicioso —jadea desde el fondo de su garganta.
Catrina se pone en pie relamiendo los labios, su jefe la observa y la besa con fuerza apretando su cuerpo.
—Eso estuvo rico… vamos a devolverte el favor, ¿Qué te parece?
Y dichas aquellas palabras, con el chorro de agua a toda marcha el CEO se acuclilla ante ella quedando frente a su coño. Eleva una de sus piernas sobre su hombro y con los dedos entre abre sus labios hinchado, mojados y enrojecidos.
—Que rico se ve…
Pega su boca contra el coño abierto de Catrina empezando a chupárselo fuerte. Succionaba el interior de su vagina consiguiendo que ella gimiera con mucha fuerza. Catrina empezó a tocarse las tetas al sentir como su jefe se comía su coño.
Muerde sus labios intentado reprimir un poco los gemidos, pero era imposible, ese hombre la hacia la llegar al mismísimo infierno. Se quemaba en el propio fuego del mismo, y es que hasta llego a pensar que él era el propio demonio.
Era tan bueno en el sexo, pega su cuerpo de la pared mojada mientras que la lluvia de agua cae sobre su cuerpo convirtiéndose en miles de gotas que la refrescaba un poco. Estaba ardiendo, lo podía sentir mientras se tocaba el cuerpo.
En ese momento ella pensó algo descabellado, para Dorian aquello solo era sexo, pero para ella estaba siendo algo mucho más que placer y eso la comenzaba a asustar. Ella no quería enamorarse de su jefe.

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