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Clímax de oficina romance Capítulo 24

Aquella chupada la estaba volviendo loca, era como si no existiera un mañana. Se la estaba comiendo sin compasión y eso le encantaba.

—Dorian, ¡ah! me vas hacer llegar —gime mientras aprieta sus senos —. Dorian, Doriannnnn —jadea meneando su cadera al compás de la lengua de su jefe.

Presiona ambas manos contra la pared de ambos lados, su cuerpo se tensa al sentir el inminente orgasmo que estaba a punto de experimentar, inclina la cabeza hacia atrás y libera su cuerpo para darle paso al éxtasis.

Catrina entre abre los labios y cierra los ojos y deja que su garganta haga el resto, clamaba el nombre de su jefe con fuerza hasta que no lo soporto más y presiono una de sus manos sobre la cabeza de Dorian.

Lo empujo contra su coño y el chupo con más pujanza consiguiendo que ella abriera los ojos de golpe justo cuando alcanzaba el orgasmo.

—Joderrrrrr…. —grita desde el fondo de su ser.

Dorian al tragarse los fluidos de su amante, se pone en pie y besa los labios de la castaña con salvajismo. Ella también lo besa envolviendo su cuello con los brazos, ambos juntan sus cuerpos mientras no paran de besarse.

Al separarse un poco, tanto Dorian como Catrina se miran a los ojos y guardan silencio. Este acuna las mejillas de ella y la mira. Traga saliva al ver aquellos ojos brillantes, esas mejillas rosadas y esos labios húmedos e hinchados.

—Catrina…—susurra.

El corazón de ella late tan fuerte en ese instante que cree que su jefe podría hasta escucharlo. La joven aprieta la mandíbula en la espera de sus palabras, aunque, ¿Qué podía decirle?

—¿Qué? —pregunta ella, puesto que él no decía palabra.

—Nada… —deja un casto beso en sus labios y luego se aleja —. Debemos regresar a trabajar.

—Sí, está bien…

Ella se recompone, y hace amago de salir del baño.

—¿No te vas a bañar?

—Es mejor que me salga…

Dichas aquellas palabras ella abandona el cubículo de cristal, toma una toalla y comienza a secar su cuerpo rápidamente. Empieza a vestirse y cuando estuvo a medio vestir sale del cuarto de baño. En la oficina peina un poco su cabello con las manos y sale hasta su escritorio.

[…]

Dorian seguía bajo la lluvia de agua pensando que se supone que era lo que pensaba decirle a esa mujer hace rato, ¿había perdido la cabeza? Niega mientras frota sus ojos. Lo que le estaba sucediendo era que estaba viendo muy seguido a Catrina y no había salido con nadie más desde entonces.

—Eso tiene que ser, necesito coger con otra para que se me pase la estupidez que tengo.

Al cerrar la llave se propone que es noche tenía que concertar una cita con una de sus amantes, follar con ella y olvidarse de Catrina por un rato. Era lógico que actuara de esa manera, follaba con ella a diario.

Empieza a vestirse mientras piensa a quien podía llamar para esa noche.

[…]

Al llegar la noche, la secretaria Jorge recoge sus pertenencias y se dispone a entrar en la oficina de su jefe.

—¿Necesitas algo antes de que me vaya?

—Sí, de hecho necesito algo. Entra —ella obedece y entra, ese día él no la había llamado para follar, así que ella esperaba a que se lo propusiera por la noche.

—¿Qué necesitas?

—Porque no te quitas esa falda y me muestras que llevas debajo.

—¿No tienes que regresar a casa temprano?

Él sonríe con malicia, era un tipo muy atractivo, musculoso y fuerte. Bastante llamativo ante la mirada de cualquier mujer, y es que con solo verlo el coño de la morena ya estaba completamente mojada y ansiosa por meterse la polla de su jefe.

—¿Te vas a quitar la ropa o te la quito yo? —ella sonríe con morbo, empieza a bajar el cierre de la cremallera mientras no le aparta la vista de encima —. Bájala con la pantaletas de una vez —ordena reclinando su cuerpo hacia atrás.

Hace caso y lo hace, luego se acerca a él al ver que este le hace una seña con el dedo para que fuera hasta el escritorio.

—Siéntate sobre mi escritorio y deja las piernas abiertas —la morena lo hace dejando abierto los labios vaginales de su coño—. Ahora mastúrbate, quiero verte como te coges tu misma. Vamos, enciéndeme.

—Muy bien… pero tendrás que sacarte la polla para yo verte.

—Siii, me gusta cómo eres de sádica.

Jorge lo hace y se saca la polla erecta y empieza a frotarla mientras le ve el interior abierto del coño de su secretaria.

—Vamos, metete los dedos hasta lo más hondo —muerde sus labios al ver que ella introduce dos dedos.

—Siiii, que rico —jadea echando la cabeza hacia atrás.

—Mastúrbate más rápido, mueve los dedos ricos —insiste ansioso.

Al mismo tiempo que la veía meterse los dedos y sacarlo todos lubricados él frotaba su polla rápido, estaba muy caliente al ver como esa morena se masturbaba de rico.

—Que rico te follas, sigue así, quiero que te vengas y me bañes de tus fluidos.

—¡Ah, sí! me voy a correr yaaaa…

La morena se estremecía sobre el escritorio, abría cada vez más las piernas para que su jefe no se perdiera detalle de su orgasmo. Inclina su cabeza hacia atrás y gime con fuerza, sus manos tiraban todo al suelo mientras gozaba del clímax.

Jorge la miraba de manera lasciva, mordía sus labios al ver como el flujo de ella brotaba de su coño como si este fuese un chorro. Todo lo estaba sujetando ella con su mano, y cuando termino este le tomó la misma y se la llevo a los labios.

Empezó a lamer la palma de su mano, entre sus dedos dejando todo limpio.

—Dulce —dice poniéndose en pie, baja un poco más su pantalón, coge a la morena por el trasero y la arriba a su polla. Se cuela entre sus muslos y la penetra de un solo empujón—. ¿Extrañaste mi polla? —gruñe contra su boca.

Ella escucha como cierra la puerta de la oficina lo que la hace mirarse en el espejo, aprieta la mandíbula. Estaba furiosa, sabía que él solo la estaba utilizando y que lo de ellos solo era sexo con sexuado, pero odiaba que la tratara como una maldita puta barata.

La morena hecha la mirada hacia un lado, quita un pequeño porrón de flores decorativas en el baño y es cuando divisa una cámara diminuta que había colocado escondida en el baño. La toma y la observa fijamente.

En eso recuerda cuando la rubia del servicio salió esa mañana de la oficina de Jorge, se le veía un poco desarreglada y es cuando supo que su plan había sido un éxito. Jorge no se iba a aguantar esa mañana a no querer follarse a esa mujer, y tuvo toda la razón.

Contratarla fue la mejor idea que pudo tener, se felicitaba por eso…

—Hice lo que me pediste —recuerda lo que le dijo la joven.

—¿Han tenido sexo?

—Si, en el baño. El señor me amanezco con echarme si no teníamos sexo.

—Muy bien, toma lo que te prometí.

—¿No me meteré en problemas? —dice tomando el sobre con dinero.

—No —miente.

Pero eso no importaba, con lo que le estaba pagando seguramente podía conseguir otro empleo y mantenerse con esa plata.

—Ahora vete, y ya sabes el próximo movimiento que debes hacer. Si quieres ganar más como ese sobre entonces, lo harás.

—Si.

La morena sonríe al ver la cámara en sus manos, esa tonta rubia no tenía idea de que la estaban grabando. Su escenita sexual con su jefe había quedado todo gravado allí, tenía mucha prueba para mostrarle a la esposa de Jorge.

Solo le quedaba imprimir algunas fotos de él follando con la rubia y se las enviaría a la mujercita de su jefe.

—Ahora veras de lo que está hecha esta puta, mí querido Jorge. Si crees que puedes usarme a tu antojo pues tendrás que atenerte a las consecuencias.

Mira su reflejo en el espejo, si su relación con él solo seria de sexo entonces, pretendía joderle el matrimonio. Ninguno de los dos saldría ganando, además su mujer se merecía saber que su marido era un maldito.

La joven sale del baño y empieza a acomodar la oficina, luego divisa la otra cámara que dejo oculta. Esa la dejaría allí por si se presentaba más pruebas. Bueno, más de la que ya habían dejado esa noche, pero esa las omitiría, solo enviaría las fotos de otras mujeres no la de ella.

No era estúpida.

Deja todo en orden y luego abandona la oficina con la evidencia en su bolso, por la mañana pensaba hacerle llegar aquel regalito a la mujer de su jefe. Tendría un buen despertar la señora.

A la morena no le importante si ella estaba esperando un bebé, lo único que le interesaba era que descubriera la clase de marido que tenía… luego recuerda esa mirada peligrosa que Jorge le dedico mientras cogían, le había dado un poco de miedo, se veía muy peligroso.

Ella niega…

—A mí que me importa, no tiene porque sospechar que fui yo quien lo hecho de cabeza. La única que pagara las consecuencias será esa tonta rubia del servicio —sonríe victoriosa.

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