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Clímax de oficina romance Capítulo 25

Cuando a Catrina le toco salir de trabajar, se quedó esperando a su jefe puesto que ambos convivían en la misma casa, en lo que lo ve salir se pone en pie. Era un poco incómodo esa situación ya que ellos dos no tenían absolutamente nada.

—Vamos…

Él le dice de manera tan seria que ella pestañeo, no estaba muy segura, pero el aura de su jefe se había vuelto algo pesada. Y por ese tono de voz imagino no que no estaba de buenas.

Sin embargo fue detrás de él y mientras que el elevador descendía él estaba metido de lleno en su teléfono. Únicamente mirada de soslayo, más no conseguía ver lo que estaba viendo. Y eso la tenía algo inquieta, y no sabía porque…

Al llegar a la mansión de su jefe, Catrina se baja del coche y es seguida por Dorian. Ambos ingresan en la casa en silencio o bueno eso creyó ella.

—Puedes servirte lo que quieras —Catrina se da la vuelta y lo ve parado bajo la puerta —. Que pases buenas noches.

La castaña observa que él no pretendía pasar a la casa, a cambio sus intenciones eran las de salir de salir de nuevo.

—¿Vas a…?

< Espera Catrina, ¿Qué demonios haces? ¿Por qué le vas preguntar algo que no te importa?>

Se recompone y medio sonríe.

—Claro, no hay problema —se da la vuelta y sube los escalones sintiéndose muy cansada y a la vez algo deprimida.

Dorian la observa subir las escaleras, luego baja la mirada y piensa en las pocas palabras que ella había soltado, ¿Qué era lo que le iba a preguntar? El CEO relame sus labios para luego negar y cerrar la puerta.

Cuando Catrina escucho que su jefe cerró la puerta sintió como su corazón se estrujo, era una sensación molesta, no le gustaba para nada aquellas emociones… algo desganada camina hasta la habitación de Dorian.

Observa la cama tal cual como la dejaron esa mañana, habían tenido sexo antes de salir, diviso la ropa interior de ambos en el suelo y otras prendas más lo que la hace cerrar los ojos y tomar una gran bocanada de aire.

—Mierda, esto no me puede estar pasando… ¿me gusta mi jefe?

Frota su rostro ante el descubrimiento, pero a lo que le tenía más miedo era a descubrir si aquellos sentimientos solo eran solo de atracción o es que allí había algo más.

—No, no puede ser —susurra en voz muy baja —. Yo no estoy enamorada de él, esto tiene que ser solo gusto, atracción física y nada más. Él coge rico y me gusta cómo me lo hace, eso es todo, no puede ser nada más.

Intenta convencerse de que es así, aplana los labios y cree fielmente de que si es así. Pero ese alarmante y desesperante sentimiento que cargaba en su pecho era tormentoso, Dorian se había ido esa noche y por algo lo había hecho.

Y la única lógica que se le ocurría era que se iba a ver con otra mujer. La castaña se adentra en la habitación con aquel pensamiento en su cabeza, empieza a recoger las cosas y poner un poco de orden.

Termina por sacar sus cosas del cuarto y busca otra recámara en esa casa, encuentra una al final del corredor y allí se acomoda, al menos por esa noche. Si su hermana la buscaba al siguiente día tendrían que buscar donde vivir.

[…]

Dorian miraba el enorme edificio ante él por el cual sale una pelirroja con un diminuto vestido dorado sale. La mujer caminaba con un contoneo de caderas seductor, y mientras se aproximaba al coche sonreía.

Al subirse en el coche se lanza de una vez sobre Dorian y busca besar sus labios, pero este la esquiva y termina siendo él quien la besa, pero en el cuello. Eso lo hizo dudar, puesto que con Catrina era él quien le buscaba los labios, pero con otra mujer no consentía que lo besaran.

Ni él besar…

—Que rico que me llamaras cariño, ya me hacías falta.

—He estado ocupado.

—Puedo imaginarlo, debes tener una larga lista que atender —la pelirroja le dice con una sonrisa amplia —. ¿Qué es lo que quieres hacer? me he puesto este cómodo vestido para cualquier evento… o lugar —dice subiendo un poco su vestido.

—Eso es muy interesante.

Dorian pone en marcha el coche mientras que su acompañante sonríe abiertamente. Él mira de vez en cuando sus piernas notando como se acaricia sensualmente, de verdad es que le podía encender la sangre a un hombre esa mujer.

Al cabo de varios minutos, Dorian conducía sin sentido alguno.

—Cariño, si no sabes a donde ir podemos regresar a mi casa.

—No, aquí mismo.

Estaciona el coche como especie de un parque y sin decir una palabra la pelirroja se le lanzo encima. Se subió un poco el vestido dejando al descubierto su coño, tomó la mano de Dorian para llevarla hasta su vagina para que la tocara.

—Tócame bebé, hoy estas un poco tímido —gime cuando ella misma introduce los dedos de él en su cuerpo —. ¡Que rico son tus dedos! Pero yo quiero es que me metas tu polla, vamos sácatela…

Ella hace el trabajo, estaba desesperada por coger. Mientras que Dorian mantenía sus dedos dentro de su coño, estaba sumamente húmeda y caliente por dentro. Ya tenía los dedos todos empapados por sus fluidos.

La mujer movía las caderas atrevidamente contra sus dedos, mientras que él ni los estaba moviendo. Prácticamente la pelirroja se estaba follando sola, cuando el rubio sintió que su polla estaba afuera baja la mirada.

Estaba duro, sí, pero por alguna razón no se sentía con esas enormes ganas que solía tener para coger con una mujer.

—Ay cariño, pero delicioso se ve tu polla —la mujer le coge el pene con fuerza y empieza a masturbarlo.

Dorian cierra los ojos ante el contacto, traga saliva y trata de concentrarse. ¿Qué diablos le estaba pasando?

Vuelve abrir los ojos y nota que la pelirroja alzaba un poco el cuerpo e intentaba meter su polla en su coño. Con una mano se aferraba al espaldar del coche y con la otra sujetaba su pene erecto encaminándolo hasta su vagina.

Desde allí podía ver los labios abiertos de su coño, dispuesto a comerse su polla. Esa pelirroja cogía muy rico, era insaciable, y eso se debía a que era una ninfómana. Era muy cuando la invitaba a follar puesto que nunca se saciaba de él.

En lo que la punta de su cabeza rozo el coño de ella, Dorian sujeta a su amante de la cadera y la detiene. Ella lo mira estupefacta pestañeando varias veces.

—¿Qué pasa bebé?

Justamente en ese momento crucial a sus pensamientos le vino la mirada de Catrina, luego ese rostro y por el ultimo todo su cuerpo desnudo sobre su cama. La respiración de Dorian se hizo apresurada, y no entendía que le estaba pasando.

—No fui lo bastante explicito contigo de que ibas a dormir en mi cama.

Eso era el maldito de los colmos pensó la castaña. Ella que estaba furiosa y dolida por su estúpida salida con una zorra, y él viene a reclamarle porque no estaba en su maldita cama. ¿Pretendía que lo esperara en su cama después de que llegara de follar con otra?

—¿Y eso que mierda significa? —se baja de la cama furiosa —. Te largas a la calle a coger con otra mujer y esperas que yo te espere en la cama dispuesta a lo que te dé la gana de hacerme. ¿Acaso esa puta con la que saliste no te dejo satisfecho?

—¿Que dices? —ahora si estaba más cabreado que antes.

Es que no encontrarla en su cama sí que lo saco de sus casillas, lo emputo tanto que comenzó a buscarla en todas las habitaciones, hasta pensó que se había largado de su casa, y ahora para variar ella le reclamaba por ir a coger con otra.

¿Qué mierda eran ellos?

¿Pareja?

Hasta donde recordaba no eran nada de eso,

—¿Me estas reclamando? —añade.

Catrina traga saliva, se cruza de brazos y repara bien en sus palabras. Tenía que sonar que no le estaba reclamando por salir a tirar con otra, pero si pensaba objetar por su maldito descaro de que ella lo esperara en la cama luego de venir de coger.

¿No se saciaba o que mierda?

—¿Para qué querías que esperara en tu cama? ¿Para follar?

—¿Y si es así, que?

—Pues te equivocas, porque si pretendes que porque este en tu casa voy a estar disponible para las veces que te den de coger lo haré te equivocas.

La castaña pasa a un lado de él empujándolo antes, camina deprisa por el corredor sintiendo que él la sigue.

—Tú y yo tenemos un trato, o es que no lo recuerdas.

—Lo que no recuerdo es haber firmado nada contigo, no tengo porque cumplirte nada en la cama. Además si ya follaste con alguien para qué demonios me estás buscando a mí.

Contesta bajando las escaleras rápidamente.

—Y hasta donde sé, tus caprichos de coger son para la oficina y no en tu casa. Así que no esperes que te abra las piernas para que…

Pero sus palabras se interrumpieron porque Dorian la sujeta del brazo a mitad de las escalaras. La hace darse la vuelta y es cuando lo mira fijamente a los ojos, sus ojos verdes se habían vuelto más oscuros y penetrantes.

Sin embargo, no pensaba dejarse joder por ese rubio de casi dos metros. Haría saberle su valor como mujer.

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