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Clímax de oficina romance Capítulo 27

Jorge estaba perdiendo la cabeza por la desaparición de su cuñada, lo extraño de todo era que su mujer no parecía ya preocupada porque ella no había regresado y eso lo hacía pensar que quizás esa tonta ya sabía dónde se encontraba la idiota de Catrina.

—Esa estúpida seguramente se puso en contacto con mi esposa, pero Eliza no me ha reclamado absolutamente nada. ¿Acaso Catrina no le comento nada a su hermana?

Eso era más extraño todavía, ¿Por qué no le había dicho nada?, el CEO rasca su incipiente barba, lo ponía a pensar mucho esa situación. Eliza lo trataba normal, no veía nada raro en ella como para pensar que sabía que intento tener sexo con su hermana a la fuerza.

—Maldita Catrina, ¿Dónde mierda estas metida?

Si no estaba trabajando quién demonios le estaba dando protección… y es cuando levanta la vista y se da cuenta de algo que estaba dejando pasar.

—Claro, el maldito de su jefe la debe estar ayudando. Pero Eliza dijo que no estaba trabaja… —se queda callado —. Esa estúpida me está mintiendo, claro que está trabajando. Maldita sea, me han visto la cara de pendejo.

Se pone en pie justo cuando la rubia del día anterior entra en su oficina para limpiar, eso le saco una sonrisa pícara, sin embargo tenía que hacer otras cosas, no podía coger esa mañana. Toma sus cosas y se aproxima a ella.

—Que lastima que tenga que salir, porque si no tendríamos un rato muy caliente—le dice sujetando su culo con fuerza —. ¿Qué te parece si nos vemos a la hora de salida?

—No creo que pueda señor, es que mi prima y yo nos vamos juntas y…

—No importa, te estaré esperando con tu prima y todo.

—Pero no creo que ella quiera…

—Dile que su jefe quiere hablar con ella, estoy seguro que vendrá sin problemas.

Jorge nalguea el culo de la rubia y luego sale de la oficina, observa a su secretaria en su escritorio y continúa.

—¿A dónde va?, tiene una junta en una hora, ¿Qué hago? —le grita poniéndose en pie al verlo salir como alma que lleva el diablo.

—Volveré en 45 minutos, prepara todo.

La morena se queda atónita, luego mira la puerta y se queda pensando qué diablos había pasado. Ella pensó que esos dos iban a tener sexo de nuevo y el imbécil ese salió de la oficina como si lo hubieran espantado.

—Mierda…

[…]

Esa mañana Catrina y Dorian se encontraban en una junta, la castaña para evitar cualquier incidente con su pervertido jefe se sentó un poco alejada de él. Desde un principio Dorian le puso mala cara, pero cuando comenzó la reunión no le quedo de otra que prestar atención.

Ella se sentía más segura sentándose lejos, y más cuando él la obligo a no usar ropa interior esa mañana. El maldito se había desecho de toda sus pantaletas, cuando fue a buscar una luego de bañarse todas desaparecieron.

Y se sentía incomoda estando sin ropa interior, en eso mira la espalda ancha de su jefe, aquel porte tan elegante, rasgos refinados y esa maldita manera de hablar tan arrogante le hacía excitarse.

Se remueve en su silla al sentir ese hormigueo jodido en su coño, cierra las piernas para evitar que sus instintos salvajes se apoderen de su cuerpo. Catrina aplana los labios, junta sus manos con fuerza al sentir un poco más fuerte la sensación de excitación.

Mira hacia otro lado al mismo tiempo que muerde la carne interna de su boca. ¿Qué mierda le estaba pasando? ¿Acaso iba a tener un orgasmo allí mismo con solo pensar en su jefe? cierra los ojos un momento y recuerda momentos de como él la sujeta con fuerza para meterle la polla.

La sobresalta aquel pensamiento morboso, pero intenta disimularlo. Sus piernas estaban temblando, en eso presiente que alguien la estaba mirando, cuando gira el rostro divisa que Dorian la miraba de soslayo con aquella típica mirada lasciva y ardiente.

Eso empeoro su situación, porque su coño reacciono a esa hija de puta de mirada. La castaña aprieta la mandíbula con fuerza cuando el interior de su coño hacia fiesta, sentía la humedad entre sus muslos. Mierda, estaba mojada con solo pensar en su maldito jefe.

Traga saliva e intenta resistir hasta que terminara la junta, pero con la mirada de reojo de Dorian eso iba a ser imposible.

Al cabo de una hora de tortura, al fin habían terminado y Catrina no espero a que todos salieran para ella desaparecer de la sala. Lo primero que hizo fue correr al baño, necesitaba agua en el rostro para enfriarse un poco.

—Demonios, ¿Qué mierda es esto? nunca me había pasado nada de esto.

Respiraba con fuerza, al menos la sensación que sentía hace rato se había ido. Suelta el aliento e intenta componerse, acomoda su ropa y sale del cuarto del baño. Y en ese momento que lo hace se topa con la mirada inquisitiva de su jefe.

—¿Por qué te has puesto tan roja en la junta? —Dorian afina la mirada al caminar hacia ella.

—Yo, no, por nada…—responde algo torpe.

—¿De verdad? —introduce las manos en sus bolsillos al mismo tiempo que se aproxima mucho más a ella —. No te creo absolutamente nada, lo que me parece es que estabas pensando en cosas cochinas y te has calentado.

Catrina pestañea varias veces reteniendo la respiración… luego niega cuando golpea su cuerpo contra pared.

—No me equivoque cuando te he visto sentarte lejos, no querías que te tocara durante la junta, sin embargo te has calentado pensando en mí.

—Eso no es así…—responde con nervios y ansiedad.

Dorian sonríe con malicia, su mirada se afino al quedar cerca de ella. Mira sus ojos y luego sus labios, pudo ver como ella traga saliva y sus pupilas se dilataron.

—¡A que estas muy mojada!

Catrina entre abre los labios puesto que no puede pronunciar palabra.

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