Eliza ingresa en el edificio de su jefe y en minutos llega a la recepción donde estaba su hermana, en lo que la vio atreves del cristal de la puerta abre la misma y corre hacia ella.
—¡Catrina!
—¡Eliza!
Las hermanas se abrazan con fuerza en ese momento.
—Estaba tan preocupada por ti, ¿Qué es lo que está pasando?
—Lo que te voy a decir es complicado, y quizás te cueste creerme. Pero hermana, de verdad tienes que creer lo que te digo.
—¿Qué pasa?
Ambas se sentaron y Catrina comenzó a contarle todo lo que había pasado con su cuñado. No omitió detalle, era preciso que su hermana supiera exactamente lo que paso… luego de unos minutos, Catrina espero por la reacción de Eliza.
—Sé que suena muy loco, pero es cierto, Jorge se volvió completamente loco. Me golpeo e intento forzarme para que tuviera sexo con él, hermana te digo la verdad.
—Pero, ¿Por qué haría eso? no tiene sentido que lo haga.
—Lo sé, lo sé, yo tampoco lo entiendo. Pero por eso no regrese a la casa, mi bolso se ha quedado en su coche, tienes que revisarlo, quizás encuentres algo y confirmes lo que te he dicho.
Eliza no daba crédito a las palabras de su hermana, es que le costaba creer que su esposo hiciera algo como eso. Siempre ha sido un hombre recto, atento y amable con ella.
—Catrina, lo que dices es muy serio.
—Sí, no quise ir con la policía porque tu estas implicada y embarazada.
—Debiste ir con ellos.
—Él me ha amenazado con quitarte a la niña en cuanto naciera, me dijo que se casaron por vienes separados y que no te corresponde nada de lo que él tiene. Te dejara en la calle si yo no acepto mantener sexo con él.
Eliza se pone en pie sintiendo que le faltaba el aire, esa acusación era muy seria puesto que su hermana tenía razón. Jorge le pidió que hicieran eso antes de casarse, y nunca le dio importancia.
Su hija estaría beneficiada, pero ella no.
—¿Tienes bien guardado ese dinero que me dijiste?
—Si —responde en medio de su estupefacción.
—Entonces, tendremos que utilizarlo. ¿Lo has traído?
—No, claro que no.
Eso le dio un mal presagio a la castaña.
—Escucha, ve a casa, recoge algunas de tus cosas y trae ese dinero. Buscaremos un lugar donde podamos quedarnos, no puedes seguir viviendo en esa casa con ese hombre. No sabemos lo que es capaz de hacer.
—¿Crees que me haga daño?
—Mientas sigas embarazada no lo creo, pero no sabemos lo que pueda pasar luego de que la niña nazca.
—Catrina, es Jorge, lo conozco de hace muchos años.
—Escúchame bien —toma a su hermana por los brazos —. Esa mañana vi una mirada muy horrible en ese hombre, me dio miedo, estaba muerta del susto cuando me amenazo. Si puede hacerme eso a mí, lo hará contigo sin dudas.
Eliza asiente, aún seguía en shock. Le costaba creer que su marido fuese ese hombre que su hermana le estaba describiendo.
—Por favor, recoge tus cosas y te vienes de inmediato.
—¿Dónde te estas quedando? ¿En un hotel?
La castaña aplana los labios, luego mira hacia otro lado. Esa era la parte que no quería contar, pero no tendría otro remedio.
—El señor Borges me ha estado ayudando.
—¡¿Mi jefe?! —pregunta con voz alta, Catrina tuvo que cubrir su boca.
—Guarda silencio que él está en su oficina.
—¿Pero cómo es eso de que te está ayudando?
—Es un cuento largo.
Eliza mira a su hermana mayor y es cuando ensancha la mirada, y ella misma termino por cubrir su boca.
—Por dios, ¿estas cogiendo con mi jefe? —susurra.
—¿Puedes callarte? —las mejillas rojas de Catrina la delataron.
—¡Mierda Catrina! ¿De verdad? No lo puedo creer… pero si no llevas mucho trabajando aquí.
—No sé qué paso, ¿ok? Tu jefe se volvió loco, un día me propuso coger y luego estaba seduciéndome a cualquier hora. Joder, no soy de palo ¿sí?, no hay que negar que el maldito está muy bueno, y bueno…
—Eso es cierto —su hermana sonríe —. No está nada mal, la verdad es que ya sabía que era un puto promiscuo, pero no imagine que se iba a meter contigo.
Catrina ensancha la mirada, su hermana sabía que era un maldito puto y no le advirtió nada.
—Muchas gracias por advertirme, vaya hermana tengo.
—Disculpa, lamento no mencionar mis sospechas. Además no estaba segura de nada, nunca se le ve con una mujer, ¿Cómo diablos iba a sospechar que quería coger contigo?
—Pues ya vez lo que paso.
—¡Ay, no!, tampoco te hagas la sufrida, no creo que coger con él sea tan malo.
—Eso no viene al caso, ya no quiero hablar de eso.
Y era la verdad, puesto que le hacía recordar la follada de esa mañana contra esa pared.
—Está bien, pero prometes que me contaras más adelante.
—Esto no es juego, ya debes irte para buscar tus cosas y salir de esa casa. Tienes que dejarte de tu marido cuanto antes.
A Eliza se la apaga la sonrisa, era cierto, su esposo era un maldito desgraciado. Le dolía lo que él había hecho; siempre creyó que era un buen sujeto, que la amaba, pero con esas acciones se daba cuenta de que no era así.
Debía asumir que su matrimonio había terminado, y que necesitaba enfrentar a su marido. Ese desgraciado necesitaba que le dijera las cosas en su cara.
—Está bien, me iré.

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