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Clímax de oficina romance Capítulo 30

Jorge la toma por el brazo sacándola del coche a la fuerza, pero a la vez con cuidado de no lastimar su vientre.

—Sal de allí maldita sea, ¿A dónde crees que vas? —le dice cuando la saca por completo del coche.

—Jorge, por favor, detente estoy embarazada —musita entre el llanto.

—Ya lo sé, mierda, crees que no lo sé.

El CEO lleva el cuerpo de su esposa dentro de la casa esperando que los vecinos metiches no fueran a llamar a la policía. Una vez dentro de la residencia, él la suelta bruscamente.

—¿Qué mierda crees que haces? ¿A dónde pensabas ir? ¿Con tu maldita hermana?

—Jorge has perdido la cabeza, no me puedes tener aquí a la fuerza.

—Tu eres mi esposa, y ese bebé es mi hijo, no puedes hacer absolutamente nada ahora. No tienes a donde ir, no tienes dinero, y tu hermana es una jodida patética.

Eliza niega mientras retrocede, la furia de su esposo estaba más allá de lo que ella conocía.

—Yo no quiero seguir contigo, me engañaste con esa mujer de la foto e intentaste violar a mi hermana. Quiero el divorcio.

Jorge estaba fuera de sí, quien sea que hubiera enviado esas fotografías le iba a joder la maldita vida.

—No, tú y yo no nos vemos a divorciar. Eso no pasara, seguirás siendo mi mujer te guste o no. Y te quedaras en esta casa, no volverás a trabajar.

—Eres un bastardo de mierda, si crees que voy a seguir contigo estas muy equivocado y mucho menos pretendas que vamos a tener sexo porque eso no volverá a pasar.

La castaña se defiende, ella no pensaba dejarse por su marido.

De pronto, en dos pasos Jorge llego a ella y le planto una cachetada que la hizo voltear el rostro.

—Estúpida, ¿Qué mierda te crees? —ella lo ve y se sorprende por la magnitud de su violencia. Nunca le había pegado —. Nunca saldrás de aquí, y te voy advirtiendo algo, si tu hermana no viene a esta casa tu pagaras las consecuencias.

—¿Qué dices?

—Cuando Catrina te llame le vas a decir que venga aquí, que yo no estoy, que venga ayudarte hacer las maletas para irse ¿entendiste?

—Yo no voy hacer eso maldito estúpido.

Entonces, él le mete otra cachetada del otro lado de la cara.

—¿Entendiste, Eliza? —ella sujeta su rostro mientras soltaba lágrimas.

—No le diré eso, me mataras a golpes, pero no haré que ella venga solo para que le hagas daño.

—Te quitare a la niña cuando nazca, me la llevare no más al nacer y no la veras nunca. Tengo mucho dinero y puedo hacerlo, puedo comprar a muchos médicos y enfermeras. Lo haré sin duda alguna, o le dices a tu hermana que venga o nunca veras a tu hija.

—No puedes hacer eso, yo soy su madre.

—Pero no tienes como mantener a la niña, además mis abogados puedes alegar que eres una loca. Tengo maneras de ponerte como una loca.

Eliza niega.

—Lo harás —amenaza Jorge con esa mirada peligrosa que su hermana le había dicho que había visto en él.

—¿Quién eres tú?

—Soy tu esposo, solo que no había tenido que sacar a relucir esta parte de mi vida contigo. Fuiste buena y no me diste problemas, ¿Por qué crees que me he divorciado tres veces? A mis otras tres ex esposas las deje en la ruina, les quite todo lo que tenían. En cambio tú fuiste más fácil, puesto que no tienes nada.

Él mira su vientre.

—Excepto que fuiste la única estúpida que se embarazo, fue una falla mía, pero ya que se hace. Mis ex nunca quisieron tener hijos conmigo, y fue lo mejor. Pero tú —niega —. Te embarazaste como idiota.

Eliza empieza a retroceder, necesitaba alejarse de ese hombre, estaba completamente fuera de control.

Jorge camino hacia su esposa de manera amenazadora, era la única esposa con la que había durado tanto. Pero el papel de marido había terminado como sus otras relaciones; mucho que se había portado bien con Eliza.

—Estás loco—dice ella cayendo sobre el sofá.

—Qué bueno que todo salió a la luz, porque ya estaba aburrido de ser el marido perfecto.

Jorge se cuela entre las piernas de su mujer rápidamente.

—¿Qué haces? Quítate de encima…—ella intenta alejarlo con golpes, pero Jorge la toma por el cuello y aprieta.

—Cállate, deja de gritar —susurra —. Tú eres mi mujer, así que me debes cumplir todas las veces que yo quiera —Eliza niega demostrando miedo —. Follaremos y te quedaras muy callada, ¿entendiste?

Le dice mientras le sube el vestido y luego le baja la pantaleta deslizándola por sus muslos hasta que quedo por sus rodillas. Él empiezo a bajar su pantalón mientras que ella empiezo a llorar sin parar.

Jorge cubrió su boca y ella cerro los ojos, segundos después él le metió la polla en el coño de su mujer. Ella no paraba de llorar y eso lo encendía más; se afano en penetrarla con un poco más de fuerza, levanto la falda de su vestido para ver como su polla entraba en su coño.

—¡Ahhh! Que rico es coger contigo, no me cansare de follarte Eliza… —gime con voz ronca.

Movía bruscamente el cuerpo de la castaña, a pesar de tener una enorme barriga no le fue imposible follarla en esa posición. Abre un poco más las piernas de ella y se lo mete más adentro.

Con los dedos abre un poco más sus labios vaginales y le mete con fuerza su polla creando un sonido erótico.

—Siii, delicioso.

Ella seguía con los ojos cerrados mientras que su marido prácticamente la violaba, hasta que sintió como él eyaculaba dentro de su cuerpo.

—Mierda, que bueno estuvo.

Rápidamente la despoja de la camisa y del sostén, y sin mediar más palabras se mete a la boca una de sus tetas mientras que sujeta la otra y empieza a masajearla. Su lengua envuelve el pezón de Catrina y empieza a chupárselo como si fuese un bebé.

Aquel movimiento crea un sonido excitante que la lleva a ella a aferrarse de su cabello, inclina la cabeza hacia atrás y entre abre los labios. Dorian seguía chupándole esa teta sin parar y sin soltar la otra.

La piel de Catrina era tan tersa que le encantaba chuparle las tetas y todo su cuerpo. Suelta esa y se enfrasca en la otra, primero muerde su pezón dejando un gran chupete en su piel y luego empieza a succionarle la punta.

Su lengua envolvía el pezón dando círculos y luego succionaba, y así estuvo por algunos minutos. El CEO baja las manos hasta coronar su culo sin separar la boca de su teta, hace presión para frotar su polla contra el coño de ella.

Baja el cierre de su falda, estando floja se la sube hasta la cintura y como ella no llevaba pantaletas puesta conduce su mano hasta su vagina y se una empieza a frotar la superficie.

—¡AHHHH! —la oye gemir, se aferra más a su cabello mientras lo acerca más a su teta —. Chúpala más fuerte, por favor, chúpamela más fuerte Dorian.

Él ejerce más fuerza en la succión y al mismo tiempo folla su coño con dos dedos metiéndoselos hasta donde alcanzara. Hace círculos en su interior deleitándose de las paredes vaginales todas húmedas y tibias.

Luego saca los dedos y se los lleva a la boca siendo objeto de la mirada de Catrina, automáticamente ella afloja su pantalón y le saca la polla velozmente, se inclina hacia un poco hacia adelante, sosteniendo el pene de su jefe por la baje lo lleva hasta el orificio de su vagina.

Baja la mirada y nota que sus labios superiores estaban abiertos, esperando por comerse la polla de Dorian. Muerde sus labios al sentir la cabeza del mismo rozar sus labios, segundos después empieza a bajar lentamente tragándose el enorme pene de Dorian.

La castaña se sienta por completo sobre él y emprende la tarea de menear el culo de adelante hacia atrás, cierra los ojos y disfrutar de llevar el control de todo; gime, jadea, muerde sus labios con ganas.

Luego empieza a subir y bajar y siente que su jefe baja un poco más su pantalón para que sus pieles pudieran sentirse mejor.

—Tócame, por favor, tócame el coño —suplica con los labios medio abiertos, Dorian sonríe con morbo.

Mete el dedo pulgar en la boca de ella para humedecerlo con su lengua y luego lo baja hasta la protuberancia de su coño. Lo frota lentamente, baja la mirada y ve como los labios del coño de Catrina succionan su polla deliciosamente.

Levanta la vista, se miran y luego se besan mientras que ella sigue moviendo el culo de manera lenta y pausada. Se aferra al asiento clavando sus uñas con fuerza en la tela de cuero, el asiento rechinaba por la fricción del cuerpo de Dorian.

Y hasta el coche se mecía a medida que Catrina movía las caderas. La pareja se besaba con fiereza y ella hacia lo mismo con sus movimientos. El roce de sus pieles comenzó a sonar con morbo a raíz de la humedad que se hizo dentro del coche.

Los vidrios del coche se empañaron al igual que los cuerpos de sus ocupantes, sudaban a mares, pero no se detenían, alcanzarían el orgasmo.

Y fue cuando la castaña empezó a sentir ese revoltijo en su coño, ya estaba por correrse.

—Me vengo —gime contra los húmedos labios de su jefe.

—Sí, hazlo rico—Gruñe.

Un fino de hilo de saliva los mantenía unidos aun cuando Catrina comenzó a gemir con fuerza sin apartarle la vista a su jefe. Se besaban de vez en cuando durante el clímax, hasta que ambos consiguieron llegar al mismo tiempo.

Con la respiración agitada, todos sudados y manteniéndose la mirada la pareja guardo silencio.

—Creo que soy adicto a ti, Catrina.

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