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Clímax de oficina romance Capítulo 31

Sus palabras la paralizo en el acto, ¿y cómo se supone que debía tomar aquello? Catrina se le queda mirando fijamente a Dorian, quien no le quitaba los de encima.

—Supongo que se te pasara cuando se te quite esa obsesión que tienes por mí —Catrina planta un casto beso en sus labios para luego levantar su cuerpo y volver a su asiento.

Dorian se queda en silencio mientras acomoda su ropa, la mira de soslayo y nota que ella también arreglaba la suya. Pero él seguía pensando en la respuesta de esa castaña, ¿sería así?

Desde hace varios días noto que estaba muy apegado a ella, desde que no pudo coger en su coche la otra noche. Catrina no salía de su cabeza, siempre que la veía le provocaba hacerla gemir en sus brazos.

Y las palabras de hace rato las soltó sin poder evitarlas, pero la verdad es que no mintió cuando se las dijo. El CEO niega y enciende el coche, necesitaba aclarar sus pensamientos puesto que nunca le había sucedido una cosa como esa.

Excepto cuando se comprometió, pero lo extraño de todo era que lo que sentía por Catrina era tan diferente y mucho más fuerte que su antigua relación.

—¿Estás bien? —ella le pregunta mirándolo de manera extraña.

—Si —responde seco.

Catrina muerde la carne interna de sus labios, luego se sienta correctamente en su asiento y se queda pensando en lo que le dijo su jefe y luego en lo que ella le respondió. Pero, ¿Qué otra cosa podía decir?

Dorian siempre fue claro con ella desde un principio, entre ellos dos solo existiría sexo y nada más, ¿Qué más podría pasar entre ellos que no fuese coger a diario?

Ahora se sentía algo incomoda.

Cuando llegaron a la casa ella fue directo hasta las escaleras, pero Dorian siguió hacia el corredor sin decir una palabra. Ella se detiene e intenta decirle algo, pero que le iba a decir. ¿Acaso iba a hacer el papel de su mujer?

¡Claro que no!

Así que sube los escalones, pero sin quitarle la vista a su jefe… al entrar en la recámara que comparte con Dorian respira profundamente impregnándose del aroma de él, luego ve la cama y empieza a rememorar todo lo que habían hecho allí.

—Joder, ¿Qué mierda me pasa? —Frunce el ceño.

Se sienta en la cama soltando el aliento, mira sus pies y luego se da cuenta de lo muy solitario que estaba ese cuarto, era como si extrañara la presencia de Dorian. Pestañea varias veces y luego se le viene a la mente algo que no creía posible.

—¿Me gusta? ¿Me gusta mi jefe más de la cuenta?

Levanta la mirada fijando los ojos en la puerta, su corazón late con fuerza ante la posibilidad de que se hubiera enamorado de Dorian Borges.

—No es posible, no puedo estar enamorada de él. ¡No! —dice poniéndose en pie —. No me pude enamorar de Dorian, esto es solo sexo, es un acuerdo, solo es eso.

La joven se derrumba en la cama desplomando su cuerpo en la misma. Extiende los brazos y piensa en su teoría.

—Me he jodido como una pendeja. Mierda, estoy perdida.

Dorian no podía saber que ella albergaba otros tipos de sentimientos hacia él, tenía que seguir creyendo que lo que ella sentía solo era atracción física y lujuriosa y nada más. Muerde sus labios.

—Como carajos voy a disimular ahora que le he descubierto, joder.

Ella estaba clara que para Dorian solo era placer y obsesión, el amor no tenía cavidad entre ellos, o bueno, para él, el amor no parecía ser importante. Estaba segura de que cuando se enterara de que ella lo veía más que una cogida al día se terminaría todo entre ellos.

—Mierda como demonios voy a salir de esto.

[…]

Al día siguiente cuando Catrina despertó noto que Dorian no estaba en la cama, la castaña sintió como su corazón se apretujaba en su pecho. Deslizo la mano en la cama sintiéndola muy fría, es que la sabana estaba intacta en ese lado.

Catrina baja la mirada, algo estaba cambiando, quizás ya era tiempo de que se fuera de esa casa. Creía que estaba abusando de la hospitalidad de su jefe, aplana los labios. Si él no había dormido en la misma cama con ella significaba muchas cosas.

Mira hacia el balcón, ya debía pararse para ir a trabajar… y encima su hermana aun no llamaba, ¿Qué demonios estaba esperando?

Bajo las escaleras una vez lista para ir a la oficina, allí en el cuarto dejo alistado sus cosas para irse ese mismo día luego de trabajar, claro, esperaba que Eliza diera señales. La castaña se encamina a la sala cuando escucha un ruido en la cocina.

Se asomó en la misma y ve a su jefe tomando café. Ya estaba vestido y listo para irse.

—Buenos días.

—¿Ya estas lista? Has tardado mucho en bajar.

—Lo siento, no he escuchado la alarma —miente.

Él ni siquiera la estaba observando y eso la hacía sentirse peor de lo que ya estaba.

—Entonces vámonos ya…

El CEO pasa a un lado de ella y avanza hasta la puerta, ella suspira calladamente y lo sigue. Si tuviera dinero al menos para pagar el taxi de hace rato que se hubiera ido sin tener que esperar por él.

Al llegar a la empresa fue lo mismo, se encerró en su oficina y no le dijo una sola palabra.

—Esto será complicado.

[…]

—Se buena esposa Eliza, pórtate bien mientras yo no esté en la casa, ¿lo entiendes? —Jorge tenia sujeta a su esposa del mentón mientras le hablaba —. No quiero que el sujeto que está afuera me esté llamando para decirme que has intentado escaparte, Eliza, procura no cabrearme ¿sí?

—Si —susurra a duras penas.

—¿Que dices? No te oí.

—No me voy a escapar.

—Muy bien, se obediente.

Jorge besa a su mujer metiéndole la lengua hasta la garganta, cuando se separa de ella sonríe.

—No vemos…

Al irse, la castaña se sienta en el sofá y empieza a llorar. Luego mira el teléfono y corre hacia él, al levantarlo se da cuenta que no tenía cable. Busca otro y era lo mismo, todos estaban desconectados.

—Catrina, ¿Cómo te llamo ahora?

[…]

Jorge pone en marcha su coche, mira el vidrio roto y maldice internamente. Después de dejarle instrucciones al sujeto que dispuso a vigilar a su mujer se fue tranquilo. Catrina no tomara carta en el asunto mientras él no esté en casa.

Una hora después, llega a su empresa y sube directo a su oficina encontrando a su secretaria muy tranquila sentada haciendo su trabajo, él camina hacia ella tomándola por el brazo bruscamente.

—Jorge, ¿Qué haces? Me lastimas.

La lleva casi a rastras a su oficina y la mete a la fuerza, cierra la puerta de un portazo y la mira todo furioso.

—¿Qué es lo que te pasa?

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