De la nada la puerta de su oficina es abierta y por esta ingresa una flameante Luna mostrando una enorme sonrisa en sus labios.
—Buenos días, Dorian—vocifera para luego tomar asiento frente a él—. Traigo buenas noticias para ti.
—Buenos días, Luna —se inclina hacia atrás para poder observarla mejor.
—Me parece que cerraremos trato muy pronto, más rápido de lo que pensábamos.
Aquella información le agrado a Dorian ya que luego de terminar con aquellas negociaciones tendría más tiempo disponible para dedicárselo a su mujer.
—Que excelente idea.
—pero estuve pensando algo—la rubia cruza sus piernas mostrando seductoramente sus muslos.
—¿Pensando que cosa? ¿existe algún problema?
—No, por supuesto que no existe ningún problema, todo va marchando viento en popa.
—Entonces, ¿a qué te refieres?
Luna se queda callada un momento. Luego inclina el cuerpo hacia adelante para mirarlo a la cara algo sospechosa que causa recelo en Dorian.
—Me gustaría quedarme en la ciudad mientras el negocio avanza, al menos por unos meses —eso sí que no se lo esperaba el Ceo—. Soy una mujer que le gusta ver como marchan sus cosas.
—Si, entiendo perfectamente lo que tratas de decirme.
—Si, supongo que eres igual a mí en ese aspecto—se inclina hacia atrás mostrándose muy cómoda—. Es por esa razón que pensé que quizás sería conveniente de abrir una pequeña oficina aquí.
Dorian parpadea varias veces, no es que le molestase tener a su socio cerca, pero Luna era clase aparte ya que ella siempre estaba encima de él.
—Entiendo, ¿y qué es lo que sugieres? —Dorian cruza sus manos mientras que muestra una expresión seria y distante.
—veras, me da mucho pesar abrir una oficina en otro lado que no sea aquí en tu empresa, ¿Qué te parece? Estaría aquí mismo cerca de ti, donde podría enviarte todo lo que necesitas, trabajaríamos como un buen equipo.
El Ceo traga saliva en seco.
Tenerla en su empresa todo el día era como no ver a su mujer por mucho tiempo, aunque vivasen juntos. Luna era una mujer muy demandante, se le notaba que estaba soltera ya que no le daba importancia a la viva hogareña.
Le hace recordar mucho a él y a su forma de ser hace un tiempo atrás.
—¿te molesta? —Dorian reacciona ante la pregunta capciosa de ella.
—perdón, ¿Qué?
—¿Qué si te molesta que te proponga abrir una oficina aquí en tu empresa?
—No, claro que no —responde dudoso.
—Porque si te molesta, puedo pedirle a mi abogado que busque un lugar apropiado para hacerlo, lo que menos deseo es incomodarte Dorian.
El rubio noto que la mujer comenzaba a mostrarse incomoda y eso no era bueno para los negocios, no podía demostrar que le fastidiaba un poco el hecho de tenerla siempre recorriendo sus pasillos.
—Si, pero, ¿una oficina? ¿Qué diablos vamos hacer aquí? No hay mucho de lo que podamos hablar del negocio, ya está casi listo Luna.
—¡Lo sé! ¡Lo sé! Solo intento ganar un poco de tiempo para poder obtener lo que deseo.
El abogado niega.
—No creo que puedas hacer mucho con este hombre, ya te lo dije, no es como los otros hombres con los que te has involucrado, este es distinto.
—¡Todos son iguales! No existe hombre diferente, Dorian no es la excepción.
—La firma de los negocios puede ser mañana mismo, solo falta que des la autorización y terminamos con esto.
Luna se pone en pie para empezar a caminar la diminuta oficina que le asignaron, nada tenía que ver con su oficina en Europa.
—No, no —niega con palabras y con un gesto de dedos—. No vamos a firmar todavía, debes retrasar eso —el abogado la mira atónito.
—¿De que estas hablando Luna? Tu misma querías firmar lo antes posible, no deseabas que Dorian te echara la partida atrás. Ahora me dices que detenga todo.
—No lo vas a detener, idiota. Simplemente postergaras la firma, es necesario que tu estes presente en la misma, por ende, te ausentaras por algunos días alegando cualquier excusa creíble.
Ernesto frota su rostro con impaciencia debido a las tonterías que su jefa le hace hacer solo por un revolcón. Veía todo eso demasiado absurdo como retrasar un negocio tan importante y multimillonario.
—Debo decirte que esto es una mala decisión, Luna. No puedes mezclar los negocios con el placer, ¡eso lo sabes bien! Fue lo primero que tu padre te enseño en este mundo.

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