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Clímax de oficina romance Capítulo 51

Ella observa a su abogado, era un hombre mayor, con mucha más experiencia que ella en los negocios, sin embargo, ¿Qué podía saber él de ese tipo de relaciones prohibidas? ¿acaso no sabía que eran mucho mejor cuando todo se complicaba?

—¿has estado haciendo lo que te ordene? —el hombre endereza su cuerpo al mismo tiempo que suelta el aliento.

—por supuesto que sí, lo que menos quiero es ganarme una discusión contigo pareciéndome absurda.

—bien, es lo único que necesito, que cumplan con mis ordenes, de lo demás me encargo yo misma.

—Por lo que veo no piensas hacerme caso. Solo diré que los negocios con la compañía de Dorian son bastante buenos, no recomiendo que lo arruines.

El hombre se pone en pie, toma sus cosas para encaminarse a la salida.

—quiero un buen trabajo, Ernesto.

—Claro, Luna. No te preocupes por eso.

La mujer sonríe de medio lado, luego mira la pequeña oficina que le cedieron y su sonrisa se apaga, era lo más patética aquella oficina.

[…]

Al caer la noche, Luna estaba muy entusiasmada con su propósito, sabía que conseguiría que Dorian la llevase a algún lugar para comer y si no tendría que acudir a sus artimañas para lograrlo.

Pero no podía permitir que estuviera regresando temprano a su casa para verse con su mujer, de eso nada.

Recoge sus pertenencias y sale lo más rápido posible de la oficina en la que no hizo absolutamente nada productivo, quedarse allí para perder el tiempo sí que le estaba costando dinero, pero creía que Valia la pena una vez que tuviera a ese hombre entre sus piernas.

Con una sonrisa morbosa en sus labios y resonando sus tacones en el fino suelo, la rubia bate su cabello entre tanto camina por el corredor hacia la oficina de ese hombre.

Pasa de largo sin siquiera anunciarse con la secretaria de Dorian.

—Señorita —pero esta joven la detiene antes de ingresar en la oficina, pensó que era una abusadora por intentar detenerla.

—Dorian me está esperando, niña —hace amago de abrir la puerta, pero al hacerlo la secretaria se pone en pie.

—es que el señor Borges ya se ha ido.

Luna se queda perpleja al mirar la oficina desolada. Mira el escritorio vacío y siente una gran ira en su interior.

—¿Irse? Pero ¿A dónde? —pregunta mientras sigue con la mirada puesta en el escritorio vacío.

—¡A casa! —la secretaria frunce el ceño—. ¿necesita algo de mi jefe, señorita? Él no me dejo dicho nada, tampoco dejo nada para usted.

—Si.

Ese hijo de puta se fue temprano para estar con su mujer, ¡maldita sea! Musita para sus adentros, sus planes se arruinaron por completo esa noche.

—¿quiere dejarle un mensaje? Se lo puedo entregar mañana por la mañana.

—No —Luna cierra la puerta y le sonríe a la mujer —. Nada que decir, no te preocupes.

Continua por el camino por donde llego, pero a cada paso que daba su ira iba en aumento. Nada más imaginarse a ese hombre en casa con su mujer le provocaba tanto enojo.

[…]

Capítulo 51 Extra quince 1

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