Entrar Via

Clímax de oficina romance Capítulo 9

Cuando se hizo la hora de la salida Catrina mira la hora en su reloj dándose cuenta de que su cuñado Jorge aun no llegaba, y eso era muy extraño. Ella no podía conducir el coche de regreso a casa, ¿ahora qué diablos iba a hacer?

Se pone en pie justo cuando su jefe sale de la oficina, se miran un momento y luego él mira como ella recogía sus cosas.

—Pensé que te habías ido —le dice al mirar su reloj de mano.

—Ya me voy —la mira seriamente.

—Te llevare…—dice cerrando la puerta de su oficina.

—No es necesario —contesta terminando de recoger sus cosas.

—He dicho que te llevare.

La castaña levanta la mirada al verlo pararse frente a su escritorio. Parecía bastante decidido, era un tipo obstinado.

—Es que, tengo que esperar a alguien —Dorian frunce la mirada.

—¿Qué?

—Buenas noches.

Ambos son interrumpidos por la presencia de un sujeto que Dorian no conocía de nada. El CEO lo mira ceñudo, sea quien sea, ¿con que derecho entra en la recepción de su oficina?

—¿Quién es usted? —le hace frente, a lo que Catrina ensancha la mirada.

—Él es Jorge, ha venido a búscame señor Borges.

—¿Qué? —Dorian observa a la castaña, en su mente se hace cientos de preguntas.

—Lamento llegar tarde, se me complicaron las cosas en la oficina.

Dorian observa como ese tipo la trata y no le gusta para nada. Sus dientes ya estaban chirriando de la ira.

—Él es el esposo de mi hermana, ella se ha dejado el coche y como no puedo conducir todavía ha venido a por él.

—Y por ti —Jorge mira a su cuñada de una forma que a Dorian no le agrado.

—Sí, bueno, aquí están las llaves. Debemos irnos.

Para salir rápido de allí Catrina se encamina hasta la salida, la tensión que se respiraba en esa sala era muy tensa.

—Hasta luego, señor Borges.

Jorge mira con ojos de victoria a Dorian quien no le aparto la vista, el CEO sintió ganas de partirle la maldita cara de idiota que tenía… él era un león viejo, y reconocía muy bien cuando otro león quería montar a sus hembras.

Ese maldito podía ser el marido de Eliza, pero detecto de inmediato que le tenía ganas a Catrina. No le agradaba la cercanía de ese sujeto.

[…]

—¿Es muy necesario que siga trabajando, Eliza?

—Por supuesto que sí, quiero conservar mi empleo cuando mi bebé nazca y cuando ya pueda estar sin mi quiero regresar a trabajar, vamos Catrina no me digas que te quieres echar para atrás.

La castaña se lo piensa para responder, de todas formas no podía dejar el trabajo si lo hacia la iban a despedir. Eliza era muy terca, ¿porque demonios quería conservar ese empleo?

—No, solo te hacia una pregunta.

La joven se levanta de la mesa del desayunador de la cocina siendo observada por su hermana.

—¿Ocurrió algo? —Catrina se tensa.

—No, no pasó nada. Ya me voy a dormir hermana, descansa.

Catrina se aleja de la cocina y se encamina hasta las escaleras, ¿Qué más podía hacer? resignarse a seguir trabajando, lo único negativo de todo era que su jefe continuaría acosándola.

La castaña se tumba en la cama y piensa que demonios podía hacer para persuadirlo de su insistencia en querer acostarse con ella. Luego rueda en la cama y se queda boca abajo, y en esos momentos repasa cada cosa que él le había hecho en esa oficina.

Muerde sus labios al mismo tiempo que cierra los ojos, todavía podía sentir aquellas caricias, besos y ese impresionante orgasmo. Tanto era el grado de intensidad que Catrina comenzó a calentarse y en eso abre los ojos.

—¿Pero qué mierda me pasa? ¿Qué carajos hago yo pensando en estas pendejadas?

La joven se pone en pie y se mete en el cuarto de baño, con una ducha fría se le pasaría toda esa estupidez. Mañana se comportaría de manera fría con su jefe, y si pensaba seducirla se iba a ganar una buena patada en las bolas.

[…]

—Jorge, ¿algo paso en la oficina cuando fuiste a recoger a mi hermana? —el CEO se tensa al escuchar la pregunta de su esposa.

—¿Algo como qué? —indaga.

—No lo sé, Catrina llego diciéndome si era necesario que conservara mi empleo. Me hace pensar que algo sucedió. ¿No viste nada extraño?

—No —responde con alivio el hombre—. Cuando llegué ella estaba en compañía de tu jefe, conversaban, pero no vi nada extraño.

Eliza se queda pensando, ¿acaso su jefe le había dicho algo incómodo? Eso no podía ser, Dorian Borges nunca se propaso con ninguna empleada, bueno, en sus 5 años nunca estuvo en rumores de pasillos.

—¿Qué te preocupa? Tu hermana es una mujer adulta, ella sabrá defenderse si algo pasa. No tienes por qué protegerla siempre, te recuerdo que eres la menor.

—Es cierto, solo que pensé que mi jefe bueno…

—Tu jefe no es una mansa paloma, querida. Y si tu hermana quiere con él déjalos, ella tiene derecho a tener aventuras.

—No creo que Catrina quiera tener otra relación tan rápido, no después de lo que paso con su ex.

Su pene seguía erecto y sus ganas intactas, no se salió del interior de su mujer; si no que siguió penetrándola lentamente.

—Jorge, no puedo más…

—Uno más…

Arrastra el cuerpo de su mujer a la cama y la tumba boca arriba, abre sus piernas hasta lo más que diera y baja su rostro hasta el coño de ella. Seguidamente mete su lengua en el centro de su vagina y comienza a chuparle los labios escondidos de su coño.

El sabor de su vagina sabia a su propia esencia y la de ella misma, cuando se sacia se pone en pie, masajea su polla para acomodarla en el sexo de Eliza. Se lo mete hasta el fondo mientras la sujeta de los muslos.

—Vamos a coger rico, cariño.

Embestía su cuerpo con rapidez, salía y entraba de ella sin problemas. Notaba como los labios de su vagina besaban su polla humedeciéndola cada vez más.

El CEO inclina la cabeza hacia atrás al disfrutar del sexo, a pesar de haberse cogido a su secretaria esa mañana, por la noche siempre quedaba con ganas de más y su mujer era la mejor candidata para satisfacerse.

Luego, en ese momento él piensa en su hermana Catrina y ese bonito culo que tenía. Cierra los ojos y se imagina fallándose ese culo, para él sería increíble que pudiera cogerse a ambas hermanas.

Se imaginó a esa castaña chupándole la polla con esa rica lengua mientras que lo miraba con aquellos ojos, esos pensamientos lo ponían más duro de lo que ya estaba. Así que termino por descargarse en el coño de su mujer.

—¡Ahh! —Jorge sujeta los muslos de su mujer mientras que su rostro se tornaba rojo al eyacular en el cuerpo de su mujer —. Ese estuvo más bueno que el otro.

—No creo que sea bueno que sigamos teniendo sexo, no al menos hasta que después de que el bebé nazca.

—Seguirás dándome coño hasta el final, querida. El medico lo ha dicho, no veo razón del porque no lo hagamos.

Responde caminando hasta el baño.

—No te pongas exquisita, Eliza y mucho menos te hagas la santa. Antes cogíamos todos los días, el que estés embarazada no significa que estés minusválida.

—Pero me cuesta hacerlo —le grita desde el cuarto.

—En ese caso lo haremos en la cama, para que sea más cómodo.

Ella escucha que el chorro de la regadera es abierto y con eso sospecha que era el fin de la discusión. Eliza suelta un suspiro, no podía reclamar mucho puesto que Jorge era su marido, tampoco podía alegar que la obligaba ya que ella también lo disfrutaba.

Sin embargo, a duras penas lograba mantener un orgasmo su vientre era muy grande para seguir teniendo sexo. Pero con su marido no se podía conversar, para él era normal tener sexo incluso estando en cinta.

—Ven a darte un baño conmigo, prometo no hacerte nada.

Ella oye, suspira y se pone en pie. Jorge a veces se portaba tan dulce con ella, y otras veces era tan diferente, como si fuese otro hombre. En 5 años de casados nunca noto nada raro en él, pero si ese detalle del cambio de personalidad. Aunque era muy escaso.

Eliza lo ve darse un baño tras el cristal de la ducha, su cuerpo era tan corpulento, fornido, era un tipo atractivo y fuerte para ser un hombre maduro. Era una tonta, se estaba quejando porque su marido la deseaba, ¡que tonta! Sin duda alguna.

Debería estar agradecida que estando toda redonda él sienta ganas de hacer el amor con ella.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Clímax de oficina