SEGUNDA TEMPORADA
CAPÍTULO 21
Grecia....
Beth me hablaba de este lugar como algo espectacular, algo
maravilloso, algo que te robaría el aliento. Siempre me contaba de todas las
veces que había venido aquí cuando tenía oportunidad porque sus ojos jamás
habían visto tal obra de arte.
Sus historias sobre como conoció a muchos hombres en este
lugar, tuvo tantísimos pretendientes que no podría ser capaz de contarlos con
los dedos de mi mano.
Las veces que me decía como tenía
que aprender a apreciar Grecia por su
historia, por su cultura, todo. Porque nada es más humano y
sagrado que Grecia.
Creo que después de todo, de enterarme de sus mentiras y la
vida que me arrebato, De darme cuenta que yo jamás tuve una madre de verdad, ni
siquiera una que nunca estaba presente en casa por poner un poco de comida en
la mesa.
Después de saber que mi vida y todo lo que ella me había
dicho, era falso.
Supongo que hay algo en lo que nunca
mintió: Grecia es un lugar magnífico.
Cada paso que das ves arte, esta lleno
de historia, de belleza implícita y
explícitamente. Al menos Mandy me
compartió algo verdadero.
Ignacio y yo pasamos toda la tarde por
cientos de lugares de Athenas: subimos la Acropolis, donde
tengo que admitir que terminé exhausta, pero completamente satisfecha. Cada
gota de sudor valió la pena cuando llegamos al punto más alto.
Simplemente fantástico. Caminamos por un barrio hermoso
llamado Plaka, donde Ignacio y yo compramos algunos accesorios y recuerdos para
nuestros familiares y amigos. Yo incluso compre un album de fotografías de Athenas,
simplemente maravilloso.
Probamos el gyro de Bairaktaris, el cual en realidad no me
sorprendió tanto como esperaba, pero igual estaba
delicioso. Yo quería ver el cambio de
guarda frente al parlamento, pero apenas es viernes y eso se
hace los domingos en la mañana.
Ignacio agradeció eso, creo que ya lo tenía planeado. De
todos modos, nada arruinaría este día tan maravilloso.
-¿En qué piensas, amor?- mi novio me
pregunta, tomándome de la cintura y
plantando un beso en mi cuello.
Sonrío y giro mi cabeza hacia él.
-En lo maravilloso que es todo esto-admito y él alza sus
cejas. -Pensaste en todo, me encanta- sonrío, Ignacio planta un rápido pero
amoroso beso en mis labios.
-Y todavía sigue, cariño. Tenemos una
cena en Dafne's en una hora-me recuerda y yo asiento.
Camino hasta donde se encontraba mi maleta y abro esta, en
busca de un vestido lindo para esta noche.
Muerdo mi mejilla interior cuando nada me convence del todo
—. El vestido negro - él dice, arrugo mi nariz y lo miro.
-Pero no he traído vestidos negros-
digo confundida y él niega.
Entonces este se da la vuelta y en cuanto voltea de vuelta
hacia mi me enseña un vestido negro sencillo pero elegante. Era liso, sin
tirantes, de una tela suave. Era perfecto.
-Lo vi y pensé en ti-admite y yo
muerdo mi labio inferior.
Ignacio se acerca a mi para entregármelo y yo no evito
tirarme sobre él para besarlo. ¡Es tan dulce y es todo mío!
Paso mis manos por su cuello y él retrocede un poco,
causando que mi cuerpo se estire un poco, y el hecho de que no este en el suelo
depende de mi agarre al cuello de Ignacio
Entonces él me toma de la cintura y me
sonríe.
-Te amo- susurro y sus ojos reflejan
un brillo inexplicable.
Su sonrisa se ensancha aún más y yo procedo a recuperar mi
postura para aventarme a sus brazos y besarlo con pasión. De un segundo a otro Ignacio
ya me había quitado, la blusa y yo su camisa.
Jadeo a falta de aire entre el beso y Ignacio me toma
fuertemente del culo.
-No me hagas cancelar la cena.-, este
gruñe contra mis labios, muerdo levemente los suyos y este
me da otro beso para luego separarse de mi lentamente.- Tenemos cuarenta y
cinco minutos para llegar o perderemos la mesa. Haremos el amor cuando
volvamos- este dice, no tanto como algo reconfortante, si no como algo puesto
en una agenda. Río y asiento.
Camino hacia el baño, tomo la plancha de cabello para darme
unas cuantas pasadas y tomar mi pelo en un moño con unos cuantos cabellos de
enfrente sueltos. Me pongo un poco de maquillaje, en algo natural pero
elegante.
Una vez terminado mi maquillaje y peinado, me deshago de
todas mis prendas, excepto mis bragas y comienzo a buscar un sostén sin mangas
para luego colocármelo y encima el vestido que Ignacio me había dado hace unos
minutos.
Mi novio me ayuda a subir el zíper de este y una vez puesto
me mira
de pies a cabeza.
-Me encanta- susurro y él muerde su
labio inferior.
Él ahora estaba vistiendo un pantalón negro de vestir, una camisa
blanca y unos zapatos de charol. Es tan
guapo.
-Te ves... Bastante deliciosa- dice y
yo arrugo mi nariz—. En serio quiero
comerte- murmura y siento mis mejillas
sonrojarse.
Golpeo su pecho y él ríe. Después de algunos halagos entre
ambos, nos dedicamos a bajar al lobby, introducirnos en el auto que Ignacio
había rentado. Él entrelaza nuestras manos y las deja descansando sobre mis
muslos.
Suspiro y pego mi frente a la ventana,
admirando las hermosas calles de
Athenas.
—¿Cuántas veces habías venido antes?
— le pregunto, mirándolo. Él me mira de reojo y frunce el
ceño.
-¿A Athenas?-me pregunta, niego.
-A Grecia, en general- digo y él
chasquea su lengua.
-En realidad, es mi primera vez aquí,
amor.-, admite y yo lo miro, sorprendida - Supongo que ambos
cumplimos una primera vez juntos- dice y yo sonrío levemente.
Entonces, lo admiro. Jamás me cansaré de decir que Ignacio
es el hombre perfecto. Dios, es tan guapo.
Su mandíbula bien marcada, su nariz
perfilada, sus ojos verdes esmeralda, sus labios rojizos y
carnosos, su perfecta dentadura, su torso, todo en el físicamente es perfecto,
incluso sus cuatro pezones. Y ni siquiera hablemos de sus valores, Dios. Él es
tan amable, tan empático, simpático, humilde, paciente, responsable y mi lista
podría seguir por horas y horas.
Hago un puchero con mis labios.
Es tan perfecto y tan mío.
Una vez fuera del restaurante, ambos bajamos y nos
introducimos en este, donde un mesero nos recibe de buena manera y nos lleva
hasta nuestra mesa. El muchacho nos lleva una botella de champaña en un balde
de metal repleto de hielos, abre la botella y nos sirve en las copas que
teníamos enfrente.
Después de eso, se retira. Frunzo el ceño al notar como no
había cartas en nuestra mesa. Genial.
-Él no dejo las cartas, no se que pedir-

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