Claudia hizo contacto visual con él y sintió un escalofrío inexplicable.
Justo en ese momento, alguien la empujó desde atrás.
Claudia perdió el equilibrio y salió despedida hacia adelante.
Cuando estaba a punto de darse un sentón, un brazo fuerte la atrapó.
Al segundo siguiente, la frente de Claudia chocó contra un pecho firme.
Levantó la vista y vio la mandíbula afilada del jefe. Desde ese ángulo se parecía aún más a Oscar...
Claudia se quedó pasmada otra vez.
—Claudia, ¿cuánto tiempo planeas quedarte colgada de mí?
Claudia se dio cuenta de que, al ser rescatada, instintivamente se había agarrado de la cintura de Emilio.
Lo soltó de inmediato. Quiso retroceder un par de pasos, pero la multitud la empujó de nuevo hacia él.
Afortunadamente, el personal del Gran Hotel de la Paz y los guardias de seguridad llegaron para dispersar a la gente a la fuerza.
— Diego, llévatela de aquí.
Claudia no esperaba ver a Diego ahí. Siguiendo órdenes, Diego se abrió paso entre el caos hasta llevarla fuera del hotel.
Claudia sintió que por fin podía respirar.
—Diego, ¿no se suponía que tenías una cita con tu novia esta noche?
Diego tosió un poco:
—Horas extra de último minuto.
Claudia pensó para sus adentros: «El jefe sabía que Diego tenía cita y aun así lo hizo trabajar, qué jefe tan explotador». Pero luego recordó que ese mismo jefe la había salvado de caerse, y pensó que quizás no era tan malo.
Tras intercambiar un par de palabras, Diego ofreció:
—Te llevo a tu casa.
Claudia agitó las manos:
—Vine con una amiga, tengo que esperarla.
Poco después salió Dolores, pero se veía fatal. Los lentes rotos y un moretón enorme en la cara.
¿Y si Emilio también usó maquillaje para cubrirla?
Esa prueba ya no servía para confirmar que eran dos personas distintas...
Claudia se quedó paralizada. Justo entonces, Emilio salió del hotel. Verónica ya no estaba con él. Caminaba solo, con pasos largos y firmes.
Al pasar junto a Claudia, se detuvo un momento. Su voz sonó fría:
—¿Todavía no te has ido?
Claudia miró esa cara y la duda volvió a asaltarla. Sin responder, sacó su celular y marcó el número de Oscar.
La última vez también había llamado a Oscar frente a Emilio, y Oscar no contestó, lo cual le pareció sospechoso. Hoy, Oscar dijo que tenía una cena de trabajo, y casualmente Emilio también estaba en una cena.
Y lo más importante: el truco del maquillaje de Dolores la había dejado impactada.
Si esta vez Oscar no contestaba, ya no habría excusa.
El teléfono estaba sonando. Claudia, aunque sostenía el aparato, mantenía la mirada fija en el rostro de Emilio.
Los segundos pasaban.

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