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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1003

Siete de la noche, mansión Soler.

Después de cenar, Belén se sentó en la entrada de la casa. Aunque sostenía un plato con fruta picada que la empleada le había preparado, no probó ni un bocado.

Se quedó mirando fijamente hacia la puerta, esperando con ansias que apareciera una silueta.

Al mismo tiempo, aguardaba una llamada.

Pero por más que esperó, nadie llegó a la puerta y el celular jamás sonó.

Al ver que se hacía de noche, Belén se rindió.

Guardó la silla, cubrió la fruta con plástico para alimentos y la metió al refrigerador.

Subió a su habitación y se dio una ducha.

Al salir, revisó su celular. Seguía sin haber llamadas perdidas de Tobías.

Esa sensación de decepción le resultaba demasiado familiar y la odiaba.

Se metió a la cama y, sin siquiera ganas de revisar el celular, se tapó hasta la cabeza con las cobijas.

Pero al estar recostada, su mente empezó a volar.

Pensaba en el fracaso del trámite de divorcio y en la falta de noticias de Tobías.

De tanto pensar, sintió que la cabeza le iba a estallar.

Justo cuando se destapó de golpe, llamaron a la puerta.

Se asustó y su voz tembló al preguntar:

—¿Quién es?

Desde afuera, se escuchó la suave voz de Dolores.

—Soy yo, tengo algo que decirte.

Belén se acomodó rápidamente bajo las cobijas y respondió:

—Pasa, cuñada.

Dolores entró con paso apresurado y se acercó a la cama. Dudó un instante antes de decir con cautela:

Las lágrimas caían a cántaros por el rostro de Belén. Temblando, le dijo a Dolores:

—Cuñada, tiene que ser él. Lo está haciendo para vengarse por Frida. Él me lo advirtió... me lo dijo.

Dolores solo pudo acariciarle el hombro, incapaz de encontrar las palabras correctas.

Después de un largo rato, Belén levantó la mirada y dijo:

—Cuñada, él quiere meter a Tobías en esto, quiere destruirlo, pero él es inocente. Él no ha hecho nada malo...

Su respiración se agitó tanto que casi le faltaba el aire.

Dolores le dio unas suaves palmaditas en la espalda, intentando calmarla.

—Belén, tienes que tranquilizarte. Tobías no es de los que se rinden tan fácil. Solo que esta vez se apresuró un poco y cayó en la trampa de Fabián, pero estará bien.

Pero Belén no lograba encontrar la paz.

—Cuñada, dímelo... ¿En qué comisaría está?

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