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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 235

Después de salir de la Mansión Armonía, Fabián llamó a Edgar.

Le pidió la dirección y condujo hasta allí.

Estacionó frente al restaurante de estofados y, al bajar, vio a través del cristal a toda la familia Soler.

Belén estaba sentada mientras Tobías, de pie a su lado, le colocaba un gorrito de cumpleaños. Dolores le acercaba un pastel, y Leandro ponía las velas y las encendía.

Rosario, sentada en las piernas de Eva, aplaudía y cantaba las mañanitas.

Belén cerró los ojos frente al pastel, juntó las manos y pidió un deseo en silencio.

Después de pedirlo, sopló las velas. Dolores le pasó un cuchillo para que partiera el pastel.

La familia se veía feliz y unida. Tobías, aunque era un extraño, parecía compartir su alegría, sonriendo con ternura.

Fabián se quedó paralizado. Al ver la escena, cayó en la cuenta de que hoy era el cumpleaños de Belén.

En cinco años de matrimonio, nunca la había oído mencionar su cumpleaños, y él tampoco se lo había preguntado.

En ese momento, Edgar se le acercó por detrás y le dio una palmada en el hombro.

—Belén y Tobías parecen muy cercanos —dijo en voz baja.

—Sí —respondió Fabián con indiferencia.

Edgar frunció el ceño.

—¿Y no vas a hacer nada?

—Eso no demuestra nada —dijo Fabián con voz fría.

Edgar se impacientó.

—Fabián, ¿vas a esperar a que te ponga el cuerno para reaccionar?

—Ella no haría algo así —afirmó Fabián con una seguridad inquebrantable.

Dicho esto, Fabián entró al restaurante.

Su presencia, tan fuera de lugar, atrajo las miradas de varios comensales. Fabián las ignoró y caminó directamente hacia la mesa de la familia Soler.

Belén estaba partiendo el pastel y, como estaba de espaldas, no se dio cuenta de su llegada.

Eva y Gonzalo fueron los primeros en verlo, y sus rostros se ensombrecieron.

Tobías, experto en leer las expresiones, notó el cambio en los rostros de los mayores y miró hacia atrás.

Al ver a Fabián, frunció ligeramente el ceño.

—Ja, me temo que el extraño aquí es usted, y ni cuenta se ha dado.

El rostro de Fabián se endureció. Su mirada hacia Tobías estaba cargada de frialdad. Tobías le sostuvo la mirada sin inmutarse.

Belén, de pie entre los dos, se sentía atrapada.

Justo cuando la tensión era insoportable, sonó el celular de Fabián.

Bajó la vista, se apartó unos pasos y contestó.

Al otro lado de la línea, la voz angustiada de Frida se escuchó:

—Fabián, a mi mamá se le abrió la herida de la operación, está sangrando mucho.

Fabián frunció el ceño.

—De acuerdo, voy para allá de inmediato.

Después de colgar, regresó a la mesa. Miró a Gonzalo y a Eva y se disculpó.

—Suegro, suegra, tengo que atender un asunto. La cena de hoy corre por mi cuenta.

***

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