En un instante, todo se volvió negro.
Al darse cuenta de que Hugo no quería que presenciara aquella escena sórdida, Belén curvó los labios en un gesto de agradecimiento. Con suavidad, apartó la mano de Hugo y, volviéndose hacia él, le sonrió.
—No te preocupes. Ya estoy acostumbrada.
Hugo la miró. Aunque sonreía, sus ojos no podían ocultar una profunda tristeza.
Él la observó con el corazón encogido, sin saber qué decir.
Finalmente, incapaz de contenerse, la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia sí.
El abrazo de Hugo era amplio y cálido. Refugiada en él, Belén sintió de repente que los ojos se le humedecían.
***
En el otro carro, Fabián acababa de localizar a Belén. La estaba esperando en la esquina cuando, para su sorpresa, apareció Frida.
Nada más subir al carro, sin mediar palabra, comenzó a desvestirse y a besarlo con desesperación.
Aunque Frida era menuda, en ese momento parecía tener una fuerza sobrehumana. Se aferró al cuello de Fabián, besándolo sin ton ni son.
A Fabián no le gustó aquello. Con un movimiento brusco, la apartó. Ella se golpeó contra la ventanilla del copiloto y luego se deslizó hacia abajo, descompuesta.
Su ropa estaba en desorden, al igual que su cabello.
En ese instante, las lágrimas brotaron de sus ojos como perlas de un collar roto, cayendo sin cesar.
Frida se cubrió el rostro, intentando reprimir sus sollozos.
Fabián, fastidiado por la situación, desvió la mirada hacia la ventana.
Fue entonces cuando los vio. Al otro lado de la calle, estaban Belén y Hugo.
Hugo la abrazaba, acariciándole la espalda con ternura.
En ese momento, a Fabián dejó de importarle la presencia de Frida, con el rostro bañado en lágrimas. Abrió la puerta del carro y bajó de un salto.
Cruzó la calle a grandes zancadas y gritó:
—¡Belén! ¡¿Qué estás haciendo?!
Al oír la voz de Fabián, Belén se apartó lentamente del abrazo de Hugo. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos, pero no había rastro de lágrimas.
Miró a Fabián y, con un tono cargado de desdén, le respondió:
—¿Y tú? ¿Qué estás haciendo tú?
Hugo también se subió. Se giró para mirar a Belén y le preguntó con preocupación:
—¿De verdad quieres volver?
Belén lo miró y sonrió.
—Sí, tengo que volver. De todos modos, ya solo faltan unos días.
Hugo comprendió a qué se refería. Sin más opción, puso el carro en marcha.
De camino a la Mansión Armonía, Hugo le dijo a Belén, con tono preocupado:
—Si pasa algo, no dudes en llamarme. Sé que no puedo hacer mucho, pero haré todo lo que esté en mi mano para protegerte.
—Lo haré —respondió Belén.
Pronto, el carro de Hugo se detuvo frente a la Mansión Armonía.
Pero, en el mismo instante en que se detuvieron, el carro de Fabián también lo hizo.
Fabián intentó bajar para abrirle la puerta a Belén, pero Frida lo detuvo, aferrándose a su brazo y suplicándole:
—Fabián, por favor, no vayas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....