Las súplicas de Frida no pudieron competir con la urgencia que sentía Fabián por darle una explicación a Belén.
Sin siquiera pensarlo, apartó la mano de Frida bruscamente.
En cuanto él bajó del carro, las lágrimas de Frida comenzaron a rodar por sus mejillas.
Para cuando llegó al carro de Hugo, Belén ya se había bajado. Hugo le había abierto la puerta.
Al ver la escena, Fabián se apresuró a acercarse y le extendió la mano a Belén.
—Belén, ven conmigo.
A Belén le resultó extraño, incluso absurdo, que la llamara por su nombre.
Ignoró por completo sus palabras y se giró hacia Hugo.
—Hugo, maneja con cuidado de regreso, no vayas muy rápido. Mándame un mensaje cuando llegues a casa.
Hugo se sentía inquieto, pero sabía que no podía hacer nada, así que solo asintió.
—Claro.
Belén sonrió levemente.
—Buenas noches.
—Buenas noches —le devolvió él la sonrisa.
Antes de que pudieran terminar su despedida, Fabián se interpuso y colocó su saco sobre los hombros de Belén.
Al mismo tiempo, la rodeó con un brazo, atrayéndola hacia él.
Miró a Hugo con una sonrisa de suficiencia.
—Gracias, señor Hugo, por invitar a mi esposa a cenar y por traerla a casa.
Estaba marcando su territorio, tratándola como si fuera de su propiedad.
Hugo no le prestó la menor atención, como si sus palabras fueran aire.
Una vez que Hugo se fue, Fabián tomó la mano de Belén y la guio hacia la Mansión Armonía.
Se moría de ganas por explicarle lo que acababa de pasar.
Belén se dejó llevar por él, pero su paso era tranquilo, sin ninguna prisa.
Solo cuando los vio entrar en la mansión, Frida bajó del carro de Fabián.
Sin embargo, esta vez, las palabras calaron más hondo en Frida.
—Entiendo —respondió.
Llegada a este punto, no le quedaban más opciones. La única alternativa era seguir el consejo de Helena.
—No te tomes tan en serio el corazón de un hombre —continuó Helena—. Ni siquiera estás casada con él y ya te pones así. ¿Qué harás cuando se casen? ¿Te volverás loca? ¿Crees que no habrá otras mujeres revoloteando a su alrededor? Lo que tienes que hacer es aceptarlo con calma. Si no fuera Belén, sería otra. ¿De verdad crees que serás la única mujer en su vida? No seas ingenua.
Frida se secó las lágrimas y esbozó una sonrisa.
—Tienes razón, mamá. Ya entendí.
Helena le dio una palmada en la mano.
—Tranquila. Si no funciona con Fabián, todavía tienes a Tobías, a Hugo, a Edgar Guzmán, a Lucas... todos ellos son hombres excelentes.
Al pensar en ellos, Frida sintió un poco de alivio.
—Es verdad —dijo—. No es como si Fabián fuera el único hombre en el mundo.
A pesar de sus palabras y de que le encantaba sentirse admirada por los hombres, la verdad era que el hombre que más deseaba tener era Fabián.
Después de todo, ¿cómo se comparaba el valor de esos otros hombres con el de él?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....