Belén sabía que Alejandra ya había superado lo peor. De lo contrario, no se habría decidido a demandar a Ismael.
Sin dudarlo, le dijo:
—Si quieres ir, entonces ve. Yo te acompaño.
Las palabras de Belén le dieron a Alejandra la firmeza que necesitaba.
Al ver que Alejandra no decía nada más, pero su expresión era de alivio, Belén preguntó:
—¿Vamos ahora?
—Sí, vamos ahora —asintió Alejandra.
Belén esperó a que Alejandra se arreglara un poco y luego bajaron juntas.
Arreglarse, para Alejandra, significó lavarse la cara y cambiarse de ropa. A diferencia de las veces anteriores, en las que se esmeraba en su apariencia para ver a Ismael, esta vez optó por un aspecto sencillo.
Cuando salieron del edificio, Fabián estaba de pie junto al carro, fumando.
Al verlas salir juntas, se mostró extrañado por un momento, pero enseguida arrojó al suelo el cigarro a medio consumir.
Lo apagó con el pie, levantó la vista hacia Belén y le sonrió.
—¿Ya nos vamos?
—Alejandra y yo tenemos que ir a la comisaría —respondió Belén, mirándolo—. Será mejor que te vayas a casa.
Fabián frunció el ceño.
—¿Paso por ti más tarde? —le propuso.
—Está bien, te llamo luego.
Dicho esto, hizo una seña a un taxi que pasaba.
Subió al carro sin mirar atrás y, tras indicarle al conductor que las llevara a la comisaría, el vehículo se alejó a toda velocidad.
Observando cómo se marchaba el taxi, la sonrisa de Fabián se desvaneció, dejando una expresión sombría.
Subió a su carro y encendió otro cigarro.
Esta vez, esperó a terminarlo por completo antes de arrancar el motor.
Al regresar a la Mansión Armonía, encontró a Camila en la sala.
—Camila, ¿dónde está Cecilia? —le preguntó.
A pesar del miedo, Camila se mantuvo firme.
—Señor, aunque solo sea una empleada, los considero mi familia. Por eso me atrevo a decirle esto. La señorita Cecilia es una niña encantadora, pero si Frida sigue criándola, se volverá arrogante y caprichosa, y todos terminarán por detestarla.
—Ya basta —la cortó Fabián con frialdad—. Sé lo que tengo que hacer, no necesito que me lo recuerdes.
Dicho esto, subió las escaleras sin decir más.
Camila se quedó en la sala, sintiendo como si su cuerpo se hubiera entumecido.
Fabián se encerró en el estudio. Las palabras de Camila resonaban en su mente.
Después de fumar varios cigarros, finalmente tomó una decisión.
Sacó su celular y le envió un mensaje a Frida: [En estos días, si no tienes nada urgente que hacer, no es necesario que vengas a la Mansión Armonía.]
La respuesta de Frida fue casi instantánea: [De acuerdo.]
Ni una sola pregunta, solo una palabra.
Fabián se quedó perplejo, con el celular en la mano.
Mientras fumaba, había estado pensando en cómo darle una explicación. Jamás imaginó que ella no le preguntaría nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....