Cuando Belén y Alejandra llegaron a la comisaría, explicaron el motivo de su visita y les pidieron que esperaran.
Unos diez minutos después, una agente de policía las acompañó fuera del edificio.
Luego, las tres subieron a una patrulla y se dirigieron al centro de detención.
Ismael ya estaba arrestado, pero el juicio aún no había comenzado.
Era evidente lo que pretendía al solicitar ver a Alejandra.
Sin embargo, ella había aceptado su petición.
Belén conocía bien a Alejandra y sabía que quería ver a Ismael por última vez.
Por eso, había accedido a acompañarla.
Guiadas por la agente, llegaron rápidamente al centro de detención.
Una vez dentro, Belén acompañó a Alejandra a la sala de visitas.
Hacía apenas unos días que no se veían, pero el hombre que antes lucía tan seguro de sí mismo ahora tenía la barba crecida y los ojos inyectados en sangre.
Al ver a Alejandra, una expresión indescifrable cruzó el rostro de Ismael. Se aferró al cristal que los separaba y la miró con los ojos enrojecidos.
—Alejandra —dijo con voz ronca.
Alejandra lo miró directamente a través del cristal. En el instante en que sus miradas se encontraron, una profunda tristeza la invadió.
Había soñado innumerables veces con casarse con ese hombre, incluso tener dos hijos más con él y vivir una vida tranquila a su lado.
Pero ahora, el hombre al que una vez había amado con locura se encontraba en un centro de detención.
Reprimiendo el nudo en la garganta, Alejandra le dijo:
—Quería venir a verte. Después de esto... no nos volveremos a ver.
—Alejandra, dime que solo estás bromeando, ¿verdad? —preguntó, con la voz temblorosa.
—Ismael, no estoy bromeando —respondió ella, con una expresión seria y la mirada fija en él.
Al oírla, el cuerpo de Ismael se deslizó por el cristal hasta caer de rodillas al suelo.
—Alejandra, no puedes hacerme esto —suplicó en un susurro—. Si lo haces, ¿qué será de mi futuro? ¿Has pensado en quién se casará contigo? ¿Quién te cuidará por el resto de tu vida?
Sus palabras hicieron que las lágrimas brotaran de los ojos de Alejandra.
Sin embargo, lo miró con la misma calma y dijo:
—Desde el principio, nunca tuviste la intención de casarte conmigo. No tienes por qué decir esas cosas ahora.
—¡No, Alejandra, sí quería casarme contigo! —exclamó él, con el rostro contraído por la desesperación—. Incluso se lo dije a mi familia. Les dije que te llevaría a conocerlos en Año Nuevo. Les conté que eras una chica maravillosa, que seguramente les encantarías. Yo...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....