—Entonces te espero —dijo Fabián.
Guillermo soltó un par de risas forzadas antes de devolverle el celular a Belén.
Al tomarlo, Belén dijo:
—Voy a colgar.
—De acuerdo, cualquier cosa, mándame un mensaje —respondió Fabián.
Belén no contestó y colgó directamente.
Una vez que terminó la llamada, Guillermo se pasó la lengua por la mejilla entumecida y dijo entre dientes:
—Belén, qué agallas tienes.
Belén le devolvió la mirada y contestó con sorna:
—Uno debe hacerse responsable de sus palabras. No se puede decir cualquier cosa.
Guillermo no quiso discutir. Simplemente quitó los seguros del carro y le dijo con impaciencia:
—¿No vas a subir?
Belén guardó el gato y las demás herramientas en la cajuela, cerró bien el carro y subió al de Guillermo.
No se sentó en el asiento del copiloto, sino en el de atrás.
Una vez que el carro se puso en marcha, Guillermo condujo todo el camino de mal humor.
Pero a medio trayecto, de repente, sonrió. Mirando a Belén por el retrovisor, dijo:
—Fabián ya es el hombre de mi hermana, ¿por qué no mejor te vienes conmigo?
Belén lo miró directamente a los ojos a través del espejo, soltó una risa fría y preguntó:
—¿Y tú qué me puedes ofrecer? ¿Qué te hace pensar que querría a un hombre inferior a Fabián?
Las palabras de Belén divirtieron a Guillermo.
—¿Inferior yo? —replicó con sorna—. Eso es porque no me has probado. Es fácil criticar lo que no se conoce.
Guillermo sabía perfectamente a qué se refería Belén, pero prefirió malinterpretarla a propósito.
Aun así, Belén lo rechazó sin dudarlo:
—No me interesa.
La actitud altiva de Belén lo enfureció y frustró.
—Cuando Fabián te ponga de patitas en la calle, ya vendré yo a consolarte —dijo.
—Ya estás muy delgada. Si bajas más, te vas a quedar en los huesos.
Belén no quiso discutir y simplemente asintió.
—Ajá.
Hubo un silencio al otro lado de la línea. Después de un momento, Fabián dijo:
—Entonces te espero.
Belén tardó en responder, pero cuando lo hizo, preguntó de repente:
—Fabián, ¿algún día me vas a poner de patitas en la calle?
—¿Qué? —Fabián pareció no haberla entendido.
Belén hizo una pausa. No quería repetirlo, así que dijo con frialdad:
—Nada, voy a colgar.
Bajó la cabeza, a punto de finalizar la llamada, cuando la voz de Fabián se escuchó de repente:
—No.
Su respuesta fue extrañamente firme, casi como una promesa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....