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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 651

En la mansión Rojas, Belén Soler jamás había perdido los estribos de esa manera.

Esta era la primera vez que desafiaba abiertamente a alguien de la familia.

Los Rojas tampoco esperaban esa reacción, y el grito los dejó a todos pasmados.

Especialmente Mariana, que estaba sentada justo a su lado; el susto la hizo estremecerse y casi saltar de la silla.

Sin embargo, en cuanto recuperó la compostura, Mariana azotó su tazón contra la mesa y le siseó a Belén con veneno en la voz:

—Claro, si Fabián se murió, ¿tú para qué sigues viva? ¿Acaso tienes derecho a seguir respirando?

Belén no se alteró. Sostuvo la mirada de Mariana con una franqueza desarmante.

Tras unos segundos de tensión, Belén soltó una risa fría y dijo:

—Ja, pues si Fabián Rojas ya no está, entonces no tengo ninguna razón para seguir aguantándolos.

Dicho esto, se levantó de la mesa para salir del comedor.

Pilar Rojas, sentada junto a Mariana, tenía el rostro lleno de preocupación. Lo que más temía era que la familia terminara peleando.

Cuando vio a Belén levantarse, Pilar supo que todo estaba perdido; la discusión era inevitable.

Era la víspera de Año Nuevo y ella solo quería una cena familiar en paz.

Pero, para su desgracia, la cena se había ido al diablo.

Belén caminaba hacia la salida, y antes de que Mariana pudiera replicar, Alexis Rojas reaccionó primero. Agarró un plato hondo y lo lanzó con fuerza hacia los pies de Belén.

Se escuchó un fuerte estruendo cuando la porcelana se hizo añicos en el suelo, salpicando restos de comida y grasa en el pantalón de Belén.

Ella se detuvo en seco, parada frente a los fragmentos rotos.

A sus espaldas, la voz de Alexis resonó con amenaza:

—Si te vas hoy, no vuelvas a poner un pie en la mansión Rojas. No necesitamos una nuera malagradecida como tú.

A Belén le pareció ridículo. No pudo evitar soltar una frase cargada de sarcasmo:

—Perfecto, me haces un favor.

Al escucharla, Sergio bajó la voz y dijo:

—Hazlo por mí, quédate a cenar y a recibir el año con nosotros.

Belén guardó silencio.

Después de un momento, se giró para mirar a Sergio. Su expresión era impasible, pero su mirada denotaba tristeza.

—Abuelo, le deseo un feliz Año Nuevo por adelantado —dijo con calma—, pero al final del día, usted y yo no compartimos la misma sangre. Recuerde que tengo buena memoria: no olvido lo bueno que ha sido conmigo, pero tampoco olvido lo malo.

Dicho esto, dio media vuelta y se marchó.

Sergio parecía querer añadir algo, pero Alexis lo interrumpió:

—Papá, vamos a comer. Cuando terminemos, jugamos una partida de ajedrez.

Mariana lo secundó de inmediato:

—Así es, papá. Belén es una malagradecida, no vale la pena gastar saliva en ella. Déjala que se largue, a la familia Rojas no le hace falta una mujer así.

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