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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 654

El semáforo cambió a verde y Gabriela aceleró un poco.

Poco después, el carro se detuvo en otra zona residencial exclusiva.

Gabriela estacionó y ambas bajaron del vehículo.

La mansión que tenían enfrente era lujosa, tanto que Belén abrió la boca ligeramente asombrada.

Gabriela aseguró el carro y le dio unas palmaditas suaves en el brazo a Belén.

—Belén, entremos, no quiero que te resfríes con este frío.

—Sí —asintió Belén.

Gabriela iba por delante y Belén la seguía.

Así entraron una tras otra por la puerta principal.

Al ingresar, Belén vio un pequeño jardín interior. Curiosamente no tenía flores ornamentales, sino hortalizas frescas y varios árboles frutales.

Ya en el vestíbulo, Gabriela sacó unas pantuflas del zapatero y las puso a los pies de Belén.

—Toma, Belén, ponte estas.

Belén se quedó inmóvil mirando el calzado.

No eran pantuflas de tienda departamental; estaban hechas a mano.

Al ver los patrones del bordado, preguntó extrañada:

—Señora, ¿esto es bordado oaxaqueño?

Gabriela asintió con orgullo.

—Sí, busqué a una maestra artesana para que me enseñara. Quería bordar algo especial para mi futura nuera. No solo hice las pantuflas, también bordé un vestido típico de novia. ¿Quieres verlo?

Belén, sintiéndose un poco abrumada, rechazó la oferta con cortesía:

—Gracias, señora, pero no es necesario.

Gabriela no se desanimó ante la negativa. Al contrario, fingió desinterés.

—No importa, ya lo verás en otra ocasión. De todos modos, está hecho a tu medida.

Esas palabras dejaron a Belén paralizada en la entrada del salón. Miró a Gabriela sin saber qué responder.

Temiendo haberla presionado demasiado, Gabriela añadió rápidamente:

—Anda, Belén, ven a sentarte.

Al dejar el tazón, preguntó con curiosidad:

—Señora, ¿Tobías no va a venir a pasar la fiesta con usted?

Al escuchar esto, la mirada de Gabriela se desvió un instante antes de reír y decir:

—Está ocupado, dijo que volvería en un par de días.

Belén estaba confundida.

—Me parece que Tobías se preocupa mucho por usted. En una fecha como esta, se me hace raro que no venga.

Gabriela, viendo que Belén insistía con el tema de Tobías, se apresuró a decir:

—Olvídate de él, comamos nosotras.

Belén dejó de preguntar, pero en el fondo sentía que algo no cuadraba.

Al terminar la cena, Belén ayudó a Gabriela a recoger la mesa.

Luego regresaron a la sala.

Belén se sentó en el sofá y sacó su celular para enviarle un mensaje a Tobías: [¿Dónde estás?]

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