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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 655

Mientras Belén se acomodaba en el sofá, Gabriela aún no regresaba; había ido al otro lado del salón, quién sabe a qué.

Mirando la pantalla del celular, Belén pensó que Tobías tardaría en responder, pero para su sorpresa, contestó casi al instante:

[¿Qué pasó? ¿Ya me extrañas?]

Solo con leer esas palabras, Belén podía imaginar la expresión burlona en el rostro de Tobías.

Escribió en el chat:

[Estoy en tu casa.]

Tobías respondió:

[Ya lo sé.]

Belén estaba muy confundida, así que preguntó directamente:

[Es víspera de Año Nuevo, ¿por qué no vienes a acompañar a la señora? Me da la impresión de que no está contenta.]

Debajo del nombre de Tobías apareció el "escribiendo...".

Poco después, llegó el mensaje:

[Con que estés tú para acompañarla me basta.]

Belén se sintió aún más extrañada e insistió:

[¿Entonces sigues trabajando?]

Tobías no respondió a la pregunta, sino que contraatacó:

[¿Te estás preocupando por mí?]

Belén suspiró y tecleó:

[Solo pregunto, no te hagas ideas raras.]

Tobías escribió:

[Cenen rico. Mi mamá cocina muy bien. Come por mí y platica mucho con ella.]

Belén iba a decirle que ya habían cenado, pero en ese momento llegó Gabriela.

Al escuchar los pasos, Belén levantó la vista. Gabriela traía una botella de vino tinto en una mano y dos copas en la otra.

Al acercarse y ver que Belén la observaba, soltó una risita y preguntó:

—¿Sabes beber?

Belén asintió.

—Sí, un poco.

—Entonces acompáñame con una copa —dijo Gabriela con una sonrisa.

Gabriela le dio unas palmaditas suaves en el dorso de la mano y sonrió.

—No pasa nada, está arriba, no está lejos. Solo voy a echar un vistazo.

Al escuchar eso, Belén sonrió para sus adentros, pensando que Gabriela estaba desvariando por el alcohol.

Pero como no le daba confianza dejarla sola, la acompañó escaleras arriba.

Llegaron frente a una puerta. Gabriela se detuvo y tocó, pero no hubo respuesta desde el interior.

Gabriela intentó abrir la manija, pero la puerta estaba cerrada con seguro por dentro.

Al ver que no abría, Gabriela gritó con frustración hacia la puerta:

—¡Mocoso! ¡Cobarde, sal de ahí ahora mismo!

Gabriela se tambaleaba, casi perdiendo el equilibrio.

Belén, temiendo que se cayera, dio un paso adelante para sostenerla.

—Señora, déjeme llevarla a su cuarto a descansar.

Gabriela giró la cabeza para mirar a Belén y, con los ojos rojos, dijo:

—Belén, ese chamaco está ahí dentro. Tiene miedo de que lo veas todo amolado, por eso se esconde, por eso no me abre. Es que te quiere tanto que se pone así...

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