Belén no entendía ni jota de lo que decía. Sonrió levemente y le dijo a Gabriela:
—Señora, está usted borracha.
Gabriela suspiró y dijo con voz lánguida:
—Sí, se me subió un poco. Hazme el favor de echarle un ojo a él, seguro le está doliendo horrores.
Aunque no sabía si creerle o no, Belén le siguió la corriente:
—Está bien.
Gabriela miró a Belén con los ojos llorosos.
—Piénsalo, si te quiere tanto y tú ya estás aquí en la casa, ¿cómo es posible que no venga a verte? ¿Y por qué me mandaría a mí a recogerte? Él pudo haber ido perfectamente. Si hubiera llegado antes, no te habrían humillado en casa de los Rojas. Todo es culpa suya, ese muchacho me va a matar del coraje.
Belén asumió que eran desvaríos de borracha y asentía constantemente.
—Sí, señora, entiendo.
Gabriela tomó la mano de Belén, la sostuvo suavemente y dijo:
—Belén, te voy a decir algo: Tobías es muy mañoso, tiene muchas artimañas. Más te vale ponerlo en cintura en el futuro.
Belén sintió un vuelco en el corazón. Le parecía que Gabriela realmente ya la consideraba parte de la familia.
Aunque estaba conmovida, seguía siendo la esposa de Fabián; aún no se habían divorciado.
Y aunque lograra divorciarse, nunca había pensado en tener algo con Tobías.
Antes amaba a Fabián y no le importaba la diferencia entre sus familias.
Pero ahora era una mujer adulta y tenía demasiadas cosas que considerar.
Una familia como la de Tobías estaba fuera de su alcance.
Belén se sintió aturdida al encontrarse con la mirada seria de Gabriela y dijo con timidez:
—Señora, yo...
Gabriela la interrumpió:
—Estoy mareada, quiero ir a dormir un rato.
Belén no dijo más.
A mitad de camino, se detuvo, sacó el celular y le mandó un mensaje a Tobías:
[Acompañé a la señora con unos tragos y creo que se le pasaron las copas. Ya la acosté, pero yo ya me voy, así que mejor manda a alguien para que la cuide.]
Tobías respondió:
[Ok, enterado.]
Al ver que ya había contestado, Belén no pensó en responder más. Guardó el celular y siguió bajando.
De repente, resbaló. Cayó sentada de golpe en el escalón y rebotó varios peldaños hacia abajo.
Fue tan repentino que Belén soltó un grito agudo.
Ese grito se escuchó claramente dentro de la habitación cerrada.
En ese instante, la puerta que ella había tocado momentos antes se abrió de golpe.
Tobías salió disparado como una flecha, trotando con dificultad mientras preguntaba angustiado:
—Belén, ¿estás bien?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....