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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 768

Fabián explicó:

—Cecilia tiene kínder mañana, así que le dije que se durmiera temprano. Me pidió que te saludara.

Al escuchar eso, a Mariana se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Mi hijo siempre tan atento conmigo.

Fabián sonrió sin decir nada.

Después de quedarse un momento en la entrada, caminó hacia el jardín donde se celebraba la fiesta.

Al verlo llegar, Pilar se apresuró a recibirlo.

—Hermano.

Fabián la miró y sonrió levemente.

—¿Bajaste de peso?

Pilar suspiró.

—Estudiar medicina no es fácil. Mírame, se me cae el pelo a puños de tanto estrés.

La expresión de Fabián se oscureció.

—Eres una Rojas, no tienes necesidad de matarte así.

En los ojos de Fabián se reflejaba la preocupación por su hermana.

Pilar se quedó pasmada un momento y alzó la vista hacia él. Tras un breve silencio, dijo:

—Si vuelvo a ser la «hija de los Rojas», papá y mamá me van a obligar a casarme. Y la verdad, hermano, no quiero casarme todavía.

Fabián frunció el ceño y bajó la voz.

—Sé lo que te preocupa. Tienes miedo de que te presenten a alguien que no te guste, pero ¿y si fuera Lucas?

Pilar reaccionó con más rechazo aún.

—Hermano, Lucas y yo somos como hermanos, ¿cómo crees que vamos a estar juntos?

Fabián dio un paso adelante y le dijo con seriedad:

—Lo hago por tu bien. Lucas es un buen tipo. Conócelo mejor y verás que es un hombre que sabe cuidar a una mujer. Si te casas con él, no tendrás que preocuparte por nada. Piénsalo bien. Si te decides, yo me encargo de arreglarlo.

Al escuchar a su hermano, Pilar respondió con firmeza:

—Hermano, no estoy de acuerdo con eso.

Fabián guardó silencio. Su mirada oscura se clavó en los ojos de Pilar, intentando usar su autoridad para hacerla ceder.

Pero Pilar no se doblegó. Insistió:

En ese momento, Cristian Rojas apareció de la nada y soltó con desdén:

—¿Y para qué quieres verla?

Pilar frunció el ceño.

—Sigue siendo nuestra cuñada.

Cristian miró a Pilar con reproche.

—Si de verdad se considerara tu cuñada, estaría aquí hoy en lugar de hacerse la desaparecida.

Pilar no le siguió el juego a Cristian.

—Tú tampoco vienes muy seguido que digamos.

Cristian se molestó.

—Pilar, tú…

—Cristian, no quiero discutir contigo —lo cortó Pilar—. Si tú no la reconoces como cuñada, allá tú. Yo sí la reconozco, y es la única cuñada que acepto.

Cristian rodó los ojos y soltó con desprecio:

—¡Estás loca!

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