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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 769

Después de insultar a Pilar, Cristian se marchó.

En la entrada de la villa, Edgar Guzmán entró lentamente ayudando a Noelia a caminar.

Al ver que Noelia había llegado, Mariana se acercó de inmediato a saludar.

—Noelia, ¿ya te sientes mejor?

Noelia sonrió y puso su mano sobre la de Mariana.

—Sí, mucho mejor.

—Ay, me da pena que te hayas molestado en venir hasta acá —dijo Mariana.

Noelia se giró despacio hacia Edgar.

—Edgar, dale el regalo a Mariana.

Edgar le entregó el obsequio a Mariana.

—Señora Mariana, feliz cumpleaños.

La sonrisa de Mariana se iluminó.

—Gracias, Edgar. Lleva a Noelia a sentarse. En cuanto termine de recibir a los invitados, voy con ustedes.

Edgar asintió.

—Claro, usted atienda lo suyo. Mamá y yo nos acomodamos.

Mariana asintió y le pidió a un empleado que los guiara.

Poco después llegó Lucas. Tras los saludos de rigor, también entró al área del banquete.

Cuando Edgar ayudó a Mariana a sentarse, evitó deliberadamente la mesa donde estaba Fabián. Lucas hizo lo mismo al entrar.

Pilar, sentada junto a Fabián, notó aquello y le preguntó extrañada:

—Hermano, ¿qué traen ustedes tres?

Fabián respondió con indiferencia:

—Nada.

Pero Pilar insistió, llena de dudas:

—Los noto raros.

Fabián le puso un pedazo de pastel en el plato y le espetó:

—Come y no hagas tantas preguntas.

Cuando ya habían llegado casi todos los invitados, Mariana entró al salón para atenderlos. Pero al poco rato, se escuchó una risa clara desde la entrada:

—Uy, parece que llegué tarde.

Mariana tomó la caja y mantuvo la sonrisa.

—Ay, con tu presencia bastaba, no tenías que traer nada.

Gabriela soltó una risita.

—Si no traía nada, luego ibas a andar diciendo que soy una coda.

La sonrisa de Mariana se congeló por un instante, pero enseguida la jaló hacia el salón.

—Vente, vamos a sentarnos.

La mayoría de las mesas estaban llenas. Gabriela miró alrededor buscando lugar.

De pronto, vio a Noelia y contó los lugares: en esa mesa faltaba uno.

Le jaló el brazo a Mariana y dijo:

—Amiga, ahí hay un lugar vacío. Me voy a sentar junto a Noelia, así platicamos a gusto.

La cara de Mariana se oscureció y la de Noelia no fue diferente.

Si Mariana no toleraba a Gabriela, Noelia mucho menos.

Antes de que Mariana pudiera negarse, Gabriela miró a Noelia y preguntó en voz alta:

—Noelia, me voy a sentar contigo, seguro te da mucho gusto, ¿verdad?

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