En cuanto las palabras salieron de su boca, Frida se dedicó a observar la expresión de Fabián. Quería descifrarlo, saber si sentía alguna culpa hacia ella.
Pero Fabián guardó silencio y desvió la mirada.
Frida lo siguió con la vista, pero no logró leer nada en su rostro.
Fabián parecía tener la mente en otro lado, y ella no tenía idea de qué estaba pensando.
Frida sentía que nunca había logrado entenderlo del todo.
Tras un breve silencio, dio un paso adelante y le tomó la mano.
—Fabián, llévame a casa.
Fabián finalmente bajó la cabeza y la miró.
—Está bien.
Frida no dijo más y subió al asiento del copiloto del auto de Fabián.
Fabián subió y condujo hacia la Mansión Armonía.
Durante todo el trayecto, ninguno de los dos pronunció palabra.
Al llegar, el auto se detuvo. Frida bajó y Fabián hizo lo mismo.
Se quedaron parados en la acera, sumidos en otro silencio.
Hasta que Frida rompió el hielo:
—Fabián, ya me voy.
Él la miró.
—Sí.
Frida se dio la vuelta para entrar, pero tras dar un par de pasos, se detuvo y giró la cabeza, incapaz de rendirse.
—Fabián, ¿de verdad estás decidido a casarte conmigo?
Fabián asintió.
—Sí.
Frida no sintió alegría, sino más bien pánico.
—Entonces, ¿cuándo se van a conocer nuestras familias?
Aunque ella tenía un doctorado, su familia se dedicaba a los negocios, pero su padre estaba en el hospital y la empresa iba en picada. Su hermano tenía una financiera, pero su estatus actual dependía totalmente del apoyo de Fabián.
La familia Arrieta y los Rojas simplemente no estaban al mismo nivel.
Frida temía que su familia no fuera suficiente respaldo para entrar en los Rojas, y más aún, temía que Fabián no estuviera realmente convencido de casarse con ella.
Fabián dudó unos segundos y respondió:
Siendo médico, Belén conocía el protocolo preoperatorio de memoria.
Cooperó con la enfermera, pero la ansiedad comenzó a invadirla.
Decir que no tenía miedo sería mentir.
Cuando la enfermera salió, Belén miró a su alrededor, buscando a Tobías, pero seguía sin aparecer.
Revisó su celular en la mesita de noche; no había mensajes.
Recordó lo que Tobías le había dicho la noche anterior: que él sería la primera persona que vería al salir de la cirugía.
Pero ahora, ¿dónde se había metido?
Mientras se preguntaba esto, escuchó pasos fuera de la habitación.
Belén volteó esperanzada, pero quien entró fue Dolores.
Dolores entró y se sentó junto a la cama. Le tomó la mano a Belén y le dio ánimos:
—Belén, aquí estoy contigo. No tengas miedo, es solo una siesta. Cuando despiertes, todo habrá pasado.
Belén asintió, pero por dentro estaba cada vez más nerviosa.
Con cada minuto que pasaba, su corazón latía más fuerte.
Hugo también pasó varias veces a verla, tratando de calmarla y diciéndole que no tuviera miedo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....