A mediodía, Frida llegó a la dirección que Guillermo le había enviado. Era una cafetería.
En cuanto se sentó, Guillermo comenzó a recriminarle:
—Te llamé hace horas, ¿por qué llegas hasta ahorita?
Era evidente la ansiedad en su voz; por su expresión, parecía que había ocurrido algo grave.
Pero al ser regañada sin motivo, Frida se molestó y replicó:
—Fui a la universidad, no estoy libre todo el tiempo.
Guillermo no tenía ganas de discutir, así que fue directo al grano:
—Préstame dinero.
Frida frunció el ceño:
—¿Y ahora por qué me pides dinero así de la nada?
Guillermo tenía una empresa financiera. Los flujos de capital de Fabián y de Edgar pasaban por las cuentas de su compañía.
Esas cantidades oscilaban entre cientos de millones y miles de millones. Solo con los intereses, la empresa de Guillermo se mantenía a flote, y además tenía un buen margen de ganancia.
¿Pedirle dinero a ella? ¿Era una broma?
Guillermo estaba desesperado, con la cara pálida, y dijo con pánico:
—Tomé un dinero que Fabián transfirió y se lo presté a alguien más. Me juró que me lo devolvería en dos días, pero ya pasó una semana y no ha pagado. La nómina de la empresa de Fabián está por salir y si no repongo ese dinero, me va a pedir cuentas.
Al escuchar esto, Frida preguntó indignada:
—Hermano, ¿qué te pasa? Tocaste el dinero de la nómina de los empleados de Fabián, ¿en qué estabas pensando?
Guillermo tenía la cabeza hecha un lío y estaba muy irritado. Le gritó a Frida:
—¿Por qué gritas? ¿Quieres que todo el mundo se entere? Además, es un amigo de toda la vida, ¿cómo no le iba a prestar el dinero?
Frida se enfureció aún más:
—¿Sabes lo que estás diciendo? Tú le prestaste el dinero, pero si no se le paga a los empleados de Fabián, ¿quién va a asumir la responsabilidad?
Guillermo también estaba angustiado, pero no tenía solución, así que adoptó una actitud cínica:
—De todas formas, la financiera es una empresa fantasma. Sobrevivió un tiempo gracias a que Fabián y Edgar la mantenían. Si no puedo pagar, tendré que romper relaciones con ellos y que hagan lo que quieran.
Al oír eso, Frida entró en pánico:
—Guillermo, estamos hablando de Fabián. ¿Crees que si pasa algo él te va a dejar en paz? Si la cantidad que desviaste es alta, te puede demandar. Y si te meten a la cárcel, ¿qué voy a hacer yo?
—¡Por eso te llamé! Para que me ayudes a pensar en algo, no para que vengas a gritarme. ¿De qué sirve que hables tanto si no resuelves nada?
Frida frunció el ceño y trató de calmarse.
Después de un buen rato, le preguntó:


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....