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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 831

Después de darle calor a las manos de Belén con su aliento, Tobías las envolvió firmemente entre las suyas.

Seguía en cuclillas frente a la silla de ruedas, y la luz de las farolas caía sobre él, bañándolo en un resplandor dorado.

Tobías alzó la vista hacia Belén y le preguntó en voz baja:

—¿Quieres hacer un muñeco de nieve?

Belén asintió, con los ojos llenos de ilusión.

—Sí, quiero.

Tobías soltó una carcajada:

—Está bien, te llevo.

Tobías empujó la silla de ruedas dando una vuelta hasta detenerse junto a unos arbustos donde la nieve se había acumulado bastante.

Tras asegurar la silla, le dijo a Belén:

—Aquí hay mucha nieve, hagámoslo aquí.

—Sí —dijo Belén.

Se inclinó un poco y extendió sus manos, que Tobías acababa de calentar, para tocar la nieve helada.

Aunque sentía las manos congeladas, su corazón estaba cálido.

Juntó la nieve para formar el cuerpo del muñeco.

Tobías se paró a un lado y sacó su celular para grabar a Belén.

—Amor, gira un poco la cara hacia acá —dijo Tobías sosteniendo el celular y buscando diferentes ángulos.

Belén volteó a verlo y, al darse cuenta de que la estaba grabando, se sonrojó al instante. Frunció el ceño y le reclamó:

—Tobías, no grabes, no soy fotogénica.

Diciendo esto, estiró la mano para intentar quitarle el celular.

Al ver que ella trataba de quitárselo, Tobías levantó el celular bien alto y con la otra mano sujetó la mano fría de Belén.

La miró con una sonrisa profunda y sincera:

—Eres hermosa, quiero guardar muchos recuerdos de cómo te ves ahora.

Belén, con la mano atrapada, intentó tirar de ella con fuerza, pero no lograba soltarse.

Se sintió aún más tímida:

—Tobías, ya suéltame.

Al verla tan sonrojada, Tobías no tuvo corazón para seguir molestándola, así que la soltó.

—Vamos a terminar esta obra maestra juntos —dijo Tobías.

Ambos continuaron haciendo el muñeco con dedicación, como si hubieran acordado tácitamente ignorar el momento incómodo.

Cuando terminaron, Belén se quitó la bufanda y se la puso al muñeco.

Tobías sacó su celular y dijo:

—Voy a tomar un par de fotos, es el primer muñeco de nieve que hago contigo.

Mientras hablaba, buscaba el mejor ángulo para fotografiar al muñeco.

Belén se giró para mirarlo. Vio sus cejas definidas, sus ojos brillantes, su nariz perfilada y sus labios finos moviéndose suavemente; era un rostro de una belleza poco común.

Y esa persona tan atractiva estaba allí, acompañándola a ella.

El corazón de Belén sintió un toque de vanidad inexplicable.

Incluso pensó que, si algún día tuviera la oportunidad de presentar a Tobías a su familia o amigos, él sería alguien de quien podría presumir.

Fabián había estado casado con ella por años, pero apenas había visto a su familia un par de veces, y siempre con prisa.

Mientras pensaba en esto, Tobías ya había tomado las fotos. Al ver a Belén distraída, se inclinó rápidamente, pegó su mejilla a la de ella y, con la pantalla del celular frente a ambos, capturó su primera selfie juntos.

En la foto, Belén miraba a la cámara con expresión de duda, mientras que Tobías tenía una sonrisa enorme, como quien acaba de encontrar un tesoro valiosísimo.

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