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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 832

Después de tomar la foto, Tobías guardó el celular de inmediato, sin darle a Belén ninguna oportunidad de protestar.

—Tobías, tú… —Belén se quedó un poco desconcertada, sin saber qué decir.

En ese momento, Tobías recuperó la bufanda que había puesto sobre el muñeco de nieve. Primero se la enrolló en su propio cuello y, una vez que la tela se calentó, se la quitó para ponérsela a Belén.

Ella no se negó; al contrario, inclinó la cabeza dócilmente para dejar que él se la acomodara.

Cuando terminó, ella levantó la vista para mirarlo. Él también la observaba, con los ojos ligeramente enrojecidos por el frío, pero llenos de risa.

Estaban muy cerca, tanto que podían sentir la respiración del otro.

El corazón de Belén dio un vuelco. Vio que Tobías tenía la cabeza cubierta de nieve, así que, sin poder evitarlo, estiró la mano para sacudírsela suavemente y dijo:

—Con este frío, ¿por qué no te abrigas más?

En su memoria, Tobías siempre vestía abrigos de lana y gabardinas. Se veían muy bien, pero no protegían tanto como una buena chamarra de plumas.

Tobías inclinó la cabeza para facilitarle la tarea.

En realidad, él era muy cuidadoso con su imagen y no le gustaba que nadie lo anduviera tocando. Pero si se trataba de Belén, le permitía lo que fuera.

Al escuchar que se preocupaba por él, sonrió disimuladamente y dijo:

—Si quiero que me recuerdes, tengo que verme guapo todo el tiempo, ¿no crees?

Dicho esto, levantó la cabeza y su mejilla rozó la palma de la mano de Belén.

Al sentir el contacto repentino, Belén retiró la mano rápidamente. Lo miró frunciendo el ceño; su corazón volvió a saltarse un latido por culpa de esas palabras.

Unos segundos después, Belén lo miró con seriedad y propuso:

—Vamos a comprar unos camotes asados.

Cambiar de tema era la única forma de evitar que siguiera diciendo disparates.

Aunque, a decir verdad, a Belén se le antojaron. El aire estaba impregnado con ese olor dulce y ahumado de los camotes.

Para Tobías, los deseos de Belén eran órdenes.

La llevó en la silla de ruedas hasta el puesto ambulante y pidió dos camotes.

Una vez que se los entregaron, Tobías tomó una cuchara con la intención de darle de comer en la boca. Ella se apresuró a rechazarlo:

—Yo puedo sola.

Tobías insistió:

—Yo te doy.

Capítulo 832 1

Capítulo 832 2

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