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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 868

Dolores notó que Belén estaba triste, así que estiró la mano y le apretó la suya.

En ese preciso instante, las cortinas de la entrada de urgencias se abrieron de golpe y una figura entró apresuradamente.

Cuando Belén volteó por instinto, su mirada chocó sin previo aviso con la de Tobías.

Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar; Tobías se acercó a grandes zancadas.

Al llegar, sin importarle que Dolores estuviera ahí, se agachó directamente frente a la silla de ruedas.

Tomó las manos de Belén, la escaneó con la mirada de arriba abajo y preguntó con angustia:

—¿Qué te pasó? ¿Te lastimaste? ¿Por qué estás en el hospital si estabas bien?

Cada palabra estaba cargada de preocupación y cariño.

Belén se quedó un poco aturdida por el interrogatorio; lo miraba pasmada, sin saber qué responder.

Tobías se enderezó un poco y, desesperado, comenzó a revisarle los brazos.

—Déjame ver.

Mientras hablaba, intentaba apartar la ropa de Belén para asegurarse de que no tuviera ninguna herida nueva.

Belén le dio un manotazo para detenerlo, pero antes de que pudiera regañarlo, la voz de Dolores resonó a un lado:

—Señor Tobías, Belén está bien. La que tiene problemas… es otra persona.

Al oír esto, Tobías volteó a ver a Dolores y preguntó confundido:

—¿Quién? ¿Fabián?

Sin esperar a que Dolores explicara, Tobías volvió a mirar a Belén, y su tono se tornó ligeramente molesto:

—¿Viniste al hospital a media noche solo para ver a otro hombre?

Dolores se quedó impresionada por la capacidad de Tobías para imaginarse cosas, e incluso soltó una carcajada.

—Señor Tobías, es Cecilia. La niña tiene fiebre.

Al escuchar eso, Tobías se llevó la mano al pecho, que latía con fuerza, y soltó el aire.

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