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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 881

Al escuchar eso, el abuelo pensó que Belén estaba bromeando y no le dio importancia. Volvió a hablar:

—Mandaré a Julián Márquez a recogerte.

Julián era el chofer personal del señor Rojas.

Belén pensó: «Si está dispuesto a enviar a Julián por mí, ¿qué asunto tan importante querrá tratar?».

Aunque lo consideró, no tenía ganas de ir, así que volvió a preguntar:

—¿Qué es lo que quiere decirme exactamente?

El abuelo, ya impaciente, respondió:

—Es sobre tu divorcio con Fabián.

Al oír eso, Belén supuso que el anciano había visto las noticias sobre la boda de Fabián y Frida, y quería que se divorciaran lo antes posible.

Así, Fabián podría casarse con Frida.

Esa idea le molestó un poco.

—Sobre el divorcio, debería hablar con Fabián, no conmigo. Si él está dispuesto a ir al Registro Civil, firmamos y en diez minutos estamos divorciados.

El abuelo no siguió el juego de Belén. Guardó silencio unos segundos y luego dijo:

—Ven para acá, quiero entender la situación. Julián ya va en camino. Si vienes o no, es decisión tuya.

Sin dejar que Belén dijera nada más, le colgó.

Belén escuchó el tono de llamada finalizada y sintió un nudo de coraje en el estómago.

Después de asearse y bajar, desayunó algo ligero. Apenas terminó, una empleada le avisó:

—Señorita, afuera hay un señor Márquez que dice que viene por usted.

Belén supo que Julián había llegado.

Al principio no estaba segura de ir, pero pensó que si el abuelo podía presionar a Fabián para el divorcio, al final sería algo bueno.

Decidió ir.

Hubo un tiempo en que entraba y salía de allí constantemente, intentando ganarse a la familia Rojas.

Ahora que lo pensaba, era ridículo.

Una familia tan fría... y ella había sido tan ingenua al creer que podía conmoverlos con su sinceridad.

Al entrar, los empleados la miraron raro.

Incluso escuchó a algunos murmurar:

—Allá están a punto de casarse y esta todavía tiene la cara dura de venir aquí. ¿No le dará vergüenza ser tan rogona?

—Dímelo a mí. En su momento se desvivía por adular al patrón para casarse con el joven Fabián. Con lo poderosa que es la familia Rojas, quién sabe cómo la aceptaron de nuera.

—Si yo fuera ella, me daría pena venir. Mírala, con esa muleta, parece una tullida.

Esas palabras se le clavaron en el pecho, pero Belén las ignoró y siguió caminando hacia la sala principal.

Al entrar, el abuelo Rojas estaba sentado junto a su mesita de servicio, preparándose una bebida caliente. Vestía su traje de siempre, con la barba y el cabello canosos. A pesar de las arrugas, sus ojos brillaban con intensidad, como si pudieran ver a través de todo.

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