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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 884

Al escuchar eso, Belén se quedó helada. Con cierta vergüenza, empezó a decir:

—Maestro Rodrigo, Hugo y yo somos solo buenos amigos, nosotros…

Rodrigo, al oírla, supo que iba a rechazar la idea, pero la interrumpió:

—Aún tienes tiempo, no es tarde para decidirlo cuando lo hayas pensado bien. Al menos yo creo que Hugo no solo es un hombre centrado, sino que es de tu mismo gremio. Si te casas con él, tendrán una buena vida asegurada. Belén, piénsalo bien, no deberías dejar pasar a un hombre tan excelente.

Belén quiso explicarse de nuevo:

—Maestro, es que yo…

Pero Rodrigo volvió a interrumpirla:

—Bueno, bueno, tu carta de aceptación te llegará en un par de días. No puedo seguir hablando, alguien me busca.

Y sin más, Rodrigo colgó el teléfono.

Escuchando el tono de finalización de llamada, Belén sostuvo el celular y volteó a ver a Leandro. Él la miraba con los ojos risueños, pero con una expresión muy seria en el rostro:

—¿Ya decidiste qué vas a elegir?

La cara de Belén se puso roja al instante y preguntó confundida:

—¿Decidir… qué cosa?

A Leandro no le gustaba andar con rodeos, así que fue directo al grano:

—¿Ya decidiste elegir a Tobías?

Belén miró a Leandro y dijo:

—Hermano, yo no…

Leandro la cortó:

—Rechazaste a Hugo y te preocupas tanto por la seguridad de Tobías. No me digas que con él «solo son amigos».

Belén bajó la cabeza, sin saber qué responder.

Su silencio le confirmó a Leandro lo que ella pensaba.

Sin embargo, Leandro no dijo nada más para evidenciarla.

Esa tarde, Belén se quedó en casa recuperando sueño. Cuando despertó, una empleada la llevó a dar una vuelta por los alrededores.

Por la noche, después de cenar con la familia, Belén acompañó a Rosario a jugar un rato al piso de arriba.

Rosario había aprendido a hacer peinados en la escuela, pero no se atrevía a practicar con Dolores, así que se pegó a Belén diciendo que quería dejarle el cabello bonito.

Aunque los movimientos de Rosario eran torpes e incluso le daba algunos jalones, Belén, con su buen carácter, no dijo nada y dejó que la niña le hiciera lo que quisiera en la cabeza.

Cuando Dolores subió y vio el cabello de Belén hecho un desastre, regañó a Rosario en voz baja pero con molestia:

—Rosa, ¿así tratas a tu tía?

Dolores agregó:

—Y tienes que portarte bien con tu tía en el futuro, ¿sabes?

Rosario asintió con fuerza otra vez:

—Lo sé.

Belén jugó con Rosario hasta las nueve y media, y luego pidió a la empleada que la llevara a descansar.

Cuando Rosario salió de la habitación, Belén finalmente tomó su celular para ver los mensajes.

Había revisado el celular durante la cena, y ya habían pasado casi tres horas desde entonces, pero seguía sin haber mensajes ni llamadas de Tobías.

Para no estar esperando ansiosamente, Belén había puesto el celular en silencio.

No solo eso, lo había dejado lejos de su alcance para evitar la tentación de mirarlo.

Pero después de tanto tiempo, al ver que seguía sin haber noticias de él, Belén sintió una punzada de decepción.

Tomó el celular y, sin poder contenerse, le marcó a Tobías.

La llamada entró, pero nadie contestó.

Intentó una vez más, con el mismo resultado.

Al final, no insistió más; se metió en la cama y se dispuso a dormir.

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