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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 902

Un instante después, la niña exclamó atónita:

—¿Señor Tobías?

Al escuchar la voz de Rosario, Belén empujó a Tobías bruscamente, y él se apartó rápidamente hacia un lado.

—Rosa, ¿qué... qué pasa? —Belén jaló la cobija para cubrir su desorden y su vergüenza.

Rosario, sin embargo, preguntó con los ojos llenos de duda:

—Tía, ¿qué estaban haciendo tú y el señor Tobías?

Las mejillas de Belén ardían. Trató de explicar:

—Nada... no hacíamos nada.

Enseguida recuperó la compostura y le preguntó a Rosario con curiosidad:

—Por cierto, ¿cómo es que no has ido al kínder?

Rosario hizo un puchero.

—A mi tía no le importo nada, ni siquiera sabe que hoy es sábado. Mi mamá dijo que saldríamos juntas a pasear.

Mientras hablaba, Rosario caminó hacia el borde de la cama de Belén.

Al acercarse, miró a Belén y luego volteó a ver a Tobías.

Los ojos de la niña estaban llenos de dudas e incomprensión. Ladeó la cabeza y preguntó con curiosidad:

—Tía, ¿tú y el señor Tobías me están haciendo un hermanito o una hermanita?

Al oír esto, Belén se puso nerviosa de inmediato.

—Rosa, no digas...

No pudo terminar la frase porque Tobías se incorporó, se recargó en la cabecera de la cama y miró a Rosario con una sonrisa radiante.

—Rosa, ¿quieres un hermanito o una hermanita?

Rosario asintió y respondió sin dudar:

—Sí quiero, pero quiero uno que se porte bien, no como Cecilia.

Tobías no pudo evitar reírse.

—Está bien, tu tía y yo te daremos uno.

Al escuchar esto, Belén pellizcó la mano de Tobías bajo las sábanas y le dijo con expresión seria:

—Tobías, no digas esas cosas frente a Rosa, es solo una niña.

Tobías se giró hacia Belén y le dijo con seriedad:

—Precisamente porque es niña debe saber estas cosas sobre hombres y mujeres, si no, cuando crezca será muy fácil que alguien la engañe.

Belén soltó un resoplido suave.

—Puras tonterías dices.

La expresión de Tobías era solemne y sincera.

—No son tonterías. Cuando tengamos nuestra propia hija, le enseñaré lo mismo.

En ese momento, Rosario, que seguía de pie junto a la cama, preguntó de repente:

—Señor Tobías, te la pasas diciendo «hija, hija», pero ¿y si es niño?

—Hmph, mi tía prefiere a mi tío político y ya no me quiere a mí.

Belén se quedó callada ante el comentario.

Tobías giró la cara para ver a Belén y preguntó con una gran sonrisa:

—¿Qué pasa? ¿Te preocupas por mí?

Belén no lo miró; simplemente se bajó de la cama y dijo:

—Voy a pedirle a la empleada que suba algo de comer.

Al ver que ella no se ocultaba, Tobías preguntó tanteando el terreno:

—¿Qué pasa? ¿Ya no te da miedo que vean que estoy aquí?

Mientras preguntaba, la sonrisa en su rostro se hacía cada vez más profunda.

Belén lo fulminó con la mirada.

—Tú descansa, ¿para qué hablas tanto?

Aunque lo regañaba, sentía una calidez en el corazón.

Al ver a Belén haciéndose la enojada, Tobías respondió dócilmente:

—Entendido, mi amor, ya no pregunto.

Al salir de la recámara, Belén se topó de frente con Leandro Soler, que estaba parado en el descanso de la escalera con un cigarro encendido en la mano.

Al oír abrirse la puerta, él volteó instintivamente. Su expresión era grave y parecía inquieto.

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