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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 903

Belén notó que algo no andaba bien con Leandro, así que se acercó con cuidado.

A un metro de distancia, se detuvo.

Levantó la vista hacia Leandro y lo llamó suavemente:

—Hermano.

Leandro sacudió el cigarro, dejando caer la ceniza grisácea.

Al voltear, su rostro mostraba inquietud y preocupación. Preguntó con interés:

—¿Viste las noticias?

Con solo mencionarlo, Belén supo a qué se refería.

Asintió y respondió en voz baja:

—Sí, las vi.

Leandro dio una calada al cigarro y, entre el humo que exhalaba, fijó su mirada en el rostro de Belén sin parpadear.

—¿Y qué opinas al respecto?

La pregunta dejó a Belén sin palabras y se quedó en silencio.

Pasó un buen rato antes de que cambiara de tema:

—Hermano, él tiene hambre, voy a bajar a buscarle algo de comer.

Dicho esto, Belén hizo ademán de bajar las escaleras.

Al pasar junto a Leandro, escuchó que la llamaba suavemente:

—Belén.

Ella se detuvo, levantó la cabeza y preguntó:

—¿Qué pasa, hermano?

El cigarro aún no se había consumido, pero Leandro lo aplastó directamente con la mano. Sus dedos frotaron la colilla, esparciendo ceniza por todas partes.

Clavó sus ojos oscuros en los de Belén y dijo:

—Pase lo que pase, tu hermano solo quiere que estés bien.

Al escuchar eso, a Belén se le hizo un nudo en la garganta.

—Lo sé, pero estoy bien.

Mientras lo decía, forzó una sonrisa.

Al abrir la puerta de la recámara, vio a Tobías y a Rosario, el grande y la pequeña, divirtiéndose de lo lindo en la cama.

Rosario se reía a carcajadas, mientras Tobías jugaba pacientemente con ella a juegos infantiles.

Tobías vio entrar a Belén con una charola en las manos y una bolsa colgando de los dedos.

Intentó inclinarse para ayudarla, pero al moverse con demasiada fuerza, un dolor desgarrador le recorrió el cuerpo.

En ese instante, se cubrió la herida con la mano.

A pesar del dolor, la atención de Tobías seguía en Belén. Con la frente llena de sudor, se volvió hacia Rosario y le dijo con dulzura:

—Rosa, ¿le ayudas a tu tía con las cosas?

Su voz sonaba ronca, pero no había rastro de orden en su tono, así que Rosario aceptó de inmediato:

—Sí.

Rosario saltó de la cama y fue a ayudar a Belén.

La comida de la charola quedó sobre el buró, llenando toda la superficie.

Tobías olió la comida y se le hizo agua la boca.

Estiró la mano instintivamente para tomar algo, pero luego lo pensó mejor, retiró la mano y se recargó de nuevo en la cabecera.

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