Mirando a Fabián, el corazón de Belén ya no sentía ninguna agitación.
Antaño, sentía por él alegría, amor, admiración; luego eso se transformó en resentimiento y reproche. Pero ahora, en este momento, su interior estaba en calma total.
Ya no podía sentir ninguna alegría ni expectativa por él.
Ahora que él mencionaba el Residencial Vista Clara, su casa de casados...
Aquella casa, que era pura fachada, para él quizás nunca fue más que un adorno.
Belén estaba sentada con la espalda recta, sosteniendo el vaso con ambas manos, sintiendo el calor del agua a través del cristal. Bajó la mirada y soltó una risa repentina:
—¿Me buscaste solo para decirme esto?
Fabián la miró y le devolvió la pregunta con tono indiferente:
—¿Entonces qué quieres que diga?
Belén no respondió a eso, sino que fue directa:
—Si aceptas el divorcio, puedo retirar la demanda. Nos ahorraríamos muchos problemas innecesarios.
Fabián entrecerró los ojos y preguntó con agudeza:
—¿De verdad lo has pensado bien? ¿Ya no nos quieres ni a Cecilia ni a mí?
Belén se rio ante sus palabras:
—Fabián, ustedes fueron los que me dejaron de querer a mí primero.
¿Cuántas cosas se tuvo que tragar en el pasado para mantener a esa familia unida?
Y ahora, Fabián tenía el descaro de decir que era ella quien no los quería.
¡Qué ridículo!
Fabián observó a Belén en silencio, sin saber qué decir.
Después de mirarlo por un largo rato, Belén habló de nuevo:
—Hasta la fecha, seguro sigues pensando que me lastimé la pierna yo sola por descuido.
Fabián abrió la boca, pero descubrió que tenía la voz ronca.
No era que no pudiera hablar, es que realmente no sabía qué decir.
Al ver la aparente indiferencia de Fabián, Belén continuó:
Fabián miraba a Belén sin querer responder ni una palabra.
Belén continuó:
—Fabián, no quiero que acabemos mal, después de todo tenemos una hija.
Lo que él pensara de ella le daba igual, pero Cecilia era diferente; no quería que su hija la odiara.
Fabián mantuvo la mirada en Belén, sin decir nada.
Pasó mucho tiempo hasta que, de repente, se puso de pie.
Al verlo levantarse, Belén no se sorprendió; pensó que ya se iba.
Lo que no esperaba era que Fabián se sentara a su lado.
En el momento en que él se sentó, Belén pensó en levantarse, pero antes de que pudiera reaccionar, el rostro de Fabián se acercó bruscamente.
Belén retrocedió por instinto, intentando esquivarlo.
Detrás de ella estaba el respaldo de la silla; no tenía escapatoria. Así que extendió las manos y las apoyó contra el pecho de Fabián para detenerlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....