Al ver que era Helena quien llamaba, Fabián no tenía humor para contestar.
Dejó que el teléfono sonara hasta que la llamada se cortó automáticamente.
Pero apenas unos segundos después, volvió a sonar.
Al ver que seguía siendo Helena, Fabián contestó con fastidio:
—¿Qué pasa?
Su voz denotaba un profundo descontento desde la primera palabra.
Helena, sin pensarlo mucho, suplicó llorando:
—Fabián, ¿podrías ir a ver si Frida está en la casa? La he estado llamando y no contesta, estoy un poco preocupada por ella.
Fabián respondió con impaciencia:
—No tengo tiempo, tengo mis propios asuntos que atender.
Al otro lado de la línea, Helena no le reprochó nada, pero insistió sin rendirse:
—Fabián, Frida nunca hace esto. Pase lo que pase, siempre contesta mis llamadas. Pero hoy no lo ha hecho. Tengo miedo de que le haya pasado algo y, como no estoy con ella, me moriría de la culpa si...
Al escuchar las palabras de Helena, Fabián se ablandó y cedió:
—Llamaré a Camila para que vaya a ver a la casa de al lado.
Helena se tranquilizó:
—Está bien, gracias Fabián. Si sabes algo, por favor avísame.
Fabián soltó un «ajá» y colgó. Luego marcó el número de Camila.
—Señor —respondió Camila al contestar.
Fabián ordenó directamente:
—Ve a la casa de al lado y fíjate si la señorita Frida está ahí. Si está, dile que su mamá la está buscando y que le devuelva la llamada.
—Entendido —dijo Camila.
Unos diez minutos después, Camila devolvió la llamada.
Fabián contestó y escuchó a Camila decir:
—Señor, toqué la puerta pero nadie respondió. La puerta principal está abierta y las luces de la casa están encendidas.
El ceño de Fabián se frunció aún más. Sin dudarlo, dijo:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....