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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 937

Fabián llegó a la entrada de la casa de los Chávez y tocó a la puerta.

El mayordomo abrió y asomó la cabeza. Al ver de quién se trataba, se mostró muy sorprendido:

—¿Señor Fabián?

Fabián fue directo al grano:

—Quiero ver al señor Orlando.

El mayordomo se quedó perplejo por un momento antes de responder:

—El señor salió a un compromiso, pero debería regresar pronto.

—Bien, entonces lo esperaré adentro —dijo Fabián.

El mayordomo abrió la puerta y lo hizo pasar.

Al llegar a la sala, Fabián miró a su alrededor y luego se sentó en el sofá.

El mayordomo, un poco nervioso, le ofreció:

—Señor Fabián, ¿gusta tomar algo? Enseguida se lo preparo.

Pero Fabián se negó:

—No es necesario.

El mayordomo se sorprendió, pero no insistió más, ya que no quería incomodarlo.

Mientras esperaba en la sala, Fabián escuchó el ruido de cosas rompiéndose en el piso de arriba.

Supuso que Tobías ya había tomado medidas contra Florencia; de lo contrario, ella no estaría haciendo un berrinche y destruyendo cosas allá arriba.

Al escuchar el escándalo, el mayordomo subió corriendo las escaleras.

Fabián no pudo evitar soltar una risa burlona.

Unos minutos después, Orlando entró por la puerta principal.

Afuera estaba nevando, así que venía helado. Al entrar, los copos de nieve que traía en la ropa comenzaron a derretirse.

Después de quitarse el abrigo, Orlando se acercó a Fabián:

—Señor Fabián, ¿qué milagro que nos visita? No esperaba verlo por aquí.

Fabián no respondió en lo absoluto a los halagos de Orlando. Se puso de pie y le dijo directamente:

—Controla a tu hija.

Al escuchar eso, Orlando se quedó paralizado, como si su cerebro hubiera dejado de funcionar por un instante.

Mucho tiempo después, apenas comprendió que Fabián había venido a reclamarle algo. Confundido, preguntó:

—No entiendo a qué se refiere, señor Fabián.

—Retírate —le ordenó Orlando al mayordomo—. Hablaré a solas con mi hija.

El hombre suspiró aliviado y respondió:

—Sí, señor, me retiro de inmediato.

Una vez que el mayordomo salió, Florencia soltó en llanto.

Orlando la miró con severidad y, bajando la voz, le preguntó:

—¿Qué le hiciste a la esposa de Fabián?

Florencia levantó su rostro bañado en lágrimas y le contestó:

—Papá, solo estaba luchando por lo que quiero.

Con esa respuesta, Orlando confirmó que efectivamente Florencia había hecho algo terrible. Suspiró frustrado y le reclamó con furia:

—¡Acabas de arruinar todo el patrimonio de la familia Chávez!

Lleno de coraje, continuó:

—Florencia, ¿qué te crees que es Tobías? ¿Pensaste que con solo que te gustara ya lo ibas a tener? Te advertí que dejarás de rogarle y arrastrarte tras él. Y mira ahora, arrastraste a toda la familia Chávez contigo, ¿te das cuenta?

Al escuchar los regaños, Florencia rió con amargura:

—¿Acaso no fuiste tú el primero en animarme a que lo enamorara? Y ahora que las cosas salieron mal, ¿vienes a echarme la culpa?

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