A Fabián se le fue el alma a los pies:
—¿Qué?
Camila repitió angustiada:
—La niña se cayó y se lastimó. Ya la llevaron al hospital.
Al confirmar que no había escuchado mal, volteó de golpe hacia la recámara de Belén. Al ver que la luz seguía apagada, le gritó con todas sus fuerzas:
—¡Belén! ¡Cecilia está en el hospital por una fractura! ¡Está en peligro de muerte! Si quieres verla, baja de una puta vez, ¡te espero aquí!
Ya había cortado la llamada de Camila para cuando terminó de gritar.
Sin embargo, la mansión Soler seguía hundida en el mismo silencio sepulcral de antes.
Apretando el celular con fuerza, esperó un par de minutos sin obtener respuesta alguna de su ex.
Así que volvió a gritar:
—¡Belén! ¿Me escuchaste o te haces sorda?
Pero lo único que le respondió fue la calle vacía.
Como se moría de preocupación por su hija, se hartó de esperar, se subió a su coche y arrancó quemando llanta.
En la recámara, Belén y Tobías habían escuchado claramente los gritos y el ruido del motor alejándose.
Ella no dijo ni media palabra en todo ese rato.
Tras un larguísimo silencio, Tobías resopló con desdén:
—Puras mamadas para llamar la atención.
Sin embargo, en cuanto terminó de hablar, Belén dijo de la nada:
—Tobías, quiero ir a ver a Cecilia.
Él se sacó de onda. Aunque juraba que lo que había dicho Fabián era mentira en un noventa por ciento, terminó cediendo al verla decidida:
—Está bien, te acompaño.
Ella se zafó del abrazo y se sentó en la cama. Mirando la silueta a oscuras de Tobías, le dijo:
—No hace falta, voy yo sola.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....