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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 946

Tras decir eso, Fabián se levantó y salió de la sala de curaciones.

A sus espaldas, Cecilia gritó llorando:

—¡Papá...!

Fabián no le hizo caso y salió directo al pasillo.

Al salir, Frida se levantó de la banca. Con los ojos llenos de preocupación, preguntó:

—Fabián, ¿Cecilia... está bien?

Fabián la miró y, tras un breve silencio, ordenó:

—Vente conmigo.

Al escuchar eso, a Frida le brillaron los ojos.

—¿De verdad? ¿Me vas a llevar contigo?

Él no dio más explicaciones y solo dijo:

—Sígueme.

Así que Frida, sin preguntar nada más sobre Cecilia, siguió los pasos de Fabián para salir del hospital.

Una vez en el carro, Frida se dio cuenta de la actitud que acababa de mostrar. Se había ido con tanta decisión que no demostró ni un poco de preocupación por Cecilia.

Al pensar en ello, reaccionó y preguntó:

—Fabián, ¿Cecilia va a estar bien sola en el hospital?

Frida iba en el asiento del copiloto. Fabián volteó a verla y le advirtió:

—De ahora en adelante, mantente alejada de Cecilia.

—Fabián, ¿alguien te dijo algo? —preguntó Frida con expresión desconcertada y los ojos llorosos.

Fabián estaba al volante. No había encendido el motor; de forma inexplicable, pensó en Belén. En ese preciso momento, tal vez ella y Tobías ya estuvieran dormidos.

Al ver su silencio, Frida se atrevió a sondearlo:

—¿Fue Belén?

Fabián volvió a la realidad. Clavó su fría mirada en el rostro de Frida y respondió:

—Como su madre, ¿no crees que era su deber decírmelo?

Frida agachó la cabeza.

—Sí, tenía que decírtelo.

Fabián no añadió nada más y arrancó el coche.

Poco después, se detuvieron frente a la entrada de la Mansión Armonía.

Fabián ni siquiera la miró, simplemente le ordenó que se fuera:

—Bájate.

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