Cuando llegó al privado reservado en el restaurante, Cristian Rojas y Pilar ya la estaban esperando.
Al verla entrar, Pilar se enderezó y la saludó:
—¡Belén, por fin llegas! ¿Y Fabián?
Le agarró la mano con cariño mientras asomaba la cabeza por el marco de la puerta, buscando al mencionado sin éxito.
Belén le entregó el pastel.
—¡Feliz cumpleaños, Pilar!
Tras felicitarla, sacó la cajita que Tobías le había preparado.
Belén ya la había abierto antes; contenía un juego de joyería.
Le pareció que las piezas combinaban bastante bien con el estilo de Pilar, así que aprovechó el detalle.
Cristian, desde que ella entró, ni la saludó ni se tomó la molestia de voltear a verla.
Pilar recibió el obsequio y se lo agradeció emocionada:
—Gracias, Belén. ¡Eres increíble!
Luego de decir esto, la abrazó con fuerza un buen rato.
Como Fabián no aparecía, Pilar jaló una silla para que Belén se sentara a su lado.
Apenas se habían acomodado, cuando alguien abrió la puerta.
Pilar volteó de forma automática; era Fabián.
Al parecer, Fabián se había esforzado por arreglarse: llevaba el cabello peinado hacia atrás y un saco elegante que dejaba entrever un traje negro que le sentaba bastante bien y realzaba su figura.
Cuando entró, Belén lo observó de reojo. Le bastó una fracción de segundo para apartar la vista a la velocidad de la luz.
Cristian y Pilar se pusieron de pie de inmediato en cuanto lo vieron.
—Fabián —saludaron casi al unísono.
Para no arruinarle el ambiente a la cumpleañera, Belén también se levantó de su silla, pero sin regalarle la más mínima sonrisa a su esposo.
Fabián tampoco le prestó atención a ella. Le entregó un obsequio a Pilar y la felicitó:
—Feliz cumpleaños.
Después de tomar su regalo, Pilar jaló la silla que quedaba al lado de Belén:
Ella asintió vigorosamente:
—Pues claro, Fabián, le pasaste su comida casi por instinto. Cuando uno de verdad ama a alguien, lo atiende en automático.
Belén, ignorando el tema, le pasó a Pilar unos camarones al plato y le dijo:
—Pilar, prueba esto mejor.
Pilar miró su plato y le agradeció con dulzura:
—Gracias, Belén.
Después de esto, Fabián no volvió a hablar en toda la cena. Cristian tampoco quiso decir gran cosa y solo intervino un par de veces.
A mitad de la comida, Pilar de repente sacó el tema con Belén:
—Por cierto, ¿ya te mandaron el correo de aceptación de la maestría?
Ella negó con la cabeza, sonando algo decaída:
—Todavía no me llega.
—No te apures, seguro te mandan algo en estos días —la consoló Pilar—. El mío me acaba de llegar, de seguro el tuyo ya va en camino.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....