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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 957

A Tobías, por supuesto, no le gustaba lastimar a Belén, pero ¿cómo no iba a dolerle escucharla decir el nombre de Fabián?

Al verla fruncir el ceño por el dolor, apartó la mano lentamente.

Aun así, cuando la escuchó decir que había sido una pesadilla, no pudo evitar preguntar con amargura:

—¿Segura que fue una pesadilla? ¿O fue un sueño hermoso?

La voz de Belén también se llenó de melancolía al responder:

—Soñar con él, ¿qué tendría de hermoso?

Tobías se quedó pasmado al oír eso, pero le reprochó:

—Pues a mí me pareció que estabas sonriendo muy feliz.

Belén seguía con la cara volteada y solo dijo:

—¿De verdad?

Tobías contestó sin dudar:

—Sí.

Belén pensó en ese sueño maravilloso, en las cosas que alguna vez tanto deseó que pasaran; pero ahora que las había soñado, solo sentía un vacío en el pecho.

Era una sensación tan extraña que no sabría ni cómo describirla.

Mucho rato después, por fin volteó a ver a Tobías y le dijo en voz baja:

—Pues si sonreí, da igual, al final de cuentas solo fue un sueño.

Al escuchar eso, Tobías se puso aún más a la defensiva:

—¿Qué pasa? ¿Acaso querías que se volviera realidad?

Al ver que Tobías se estaba enojando, Belén se apresuró a explicarle:

—Tobías, todo eso ya quedó en el pasado.

Al oír su explicación, Tobías reaccionó, bajó la mirada y, lleno de culpa, le dijo:

—Perdón, no debí haberte dicho eso.

Belén soltó una pequeña sonrisa y murmuró:

—Tobías, la culpa fue mía.

Tobías rápidamente le tomó la mano.

—Para nada, tú eres increíble. Lo fuiste en el pasado, lo eres ahora y lo serás en el futuro.

Belén le dedicó una sonrisa llena de ternura y le dijo:

—Gracias.

Belén se quedó pasmada; en cuestión de segundos, la cara se le puso roja como un tomate.

Tobías sonrió con picardía al verla tan apenada y le dijo:

—Ayer en la noche, cuando estabas borracha exigiéndome que te cargara de caballito y pidiéndome besos, no te pusiste tan roja.

Al escuchar esto, Belén se sonrojó aún más; tenía tantas ganas de que se la tragara la tierra.

Tobías estaba exagerando las cosas, pero ella no tenía ni la menor idea de lo que había pasado la noche anterior.

Solo recordaba vagamente que Fabián la iba a llevar a su casa, pero que llamó a Tobías y terminó yéndose con él.

Después de eso, le parecía recordar que habían caminado juntos.

Tobías le tomó la mano, tiró un poco de ella y le dijo:

—Ya, levántate, tenemos prisa.

Belén asintió:

—Sí.

Pero al bajarse de la cama, Belén se dio cuenta de que no estaba en la mansión Soler, sino en la casa de Tobías.

Se quedó paralizada un segundo, pero decidió no hacer más preguntas.

Al ver que aún llevaba la ropa intacta puesta, soltó un suspiro de alivio.

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