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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1393

Micaela escuchaba en silencio, con un montón de emociones encontradas.

—Pues sí que le metiste bastante dinero.

—Si hiciera falta, compraba la compañía entera con tal de invertir —Gaspar soltó una risa.

—¿Y quién te pidió que compraras la compañía para aventarme dinero? Si llegas a perderlo todo, no voy a tener con qué pagarte ese favor —dijo Micaela mirándolo de reojo.

—¿Pues no es justo eso lo que quiero? —la mirada de Gaspar se clavó en ella con intensidad—. Así me llevaría a Pilar y nos iríamos a vivir contigo, para que pagues el favor y nos mantengas a los dos.

Micaela se quedó sin palabras y le lanzó una mirada de fastidio, aunque sintió que las mejillas se le calentaban bajo la mirada de él.

—Sigue soñando.

Gaspar, al ver su gesto de reproche, sonrió aún más. Poder bromear así con ella era algo que hace apenas unos días ni se atrevía a soñar.

—Después me di cuenta de que el dinero no lo arregla todo. Seguías siendo tan independiente, tan fría conmigo... No me quedó de otra que ser un sinvergüenza y acosarte en el trabajo. Me metía en todas tus reuniones, entendiera o no de qué hablaban. El chiste era estar ahí, aunque te cayera gordo.

Micaela recordó esas reuniones innecesarias; sí, él siempre estaba ahí. En ese entonces fingía ser muy profundo e impredecible, poniendo cara de que entendía todo.

—Bueno, ya no tienes que torturarte así en el futuro —dijo Micaela.

—¿Por qué? ¿Significa que ya puedo invitarte a cenar o a tomar un café fuera del trabajo? —preguntó Gaspar con una risa grave.

Micaela sostuvo su mirada y alzó una ceja.

—Puede que no tenga tiempo.

—Entonces seguiré metiéndole dinero. Al menos en tu trabajo nos cruzamos y no me puedes correr —dijo Gaspar con una sonrisa ladina.

Micaela miró hacia el faro a lo lejos, que parpadeaba como guiando el camino.

Gaspar también miró hacia allá, con la mirada profunda.

—Menos mal que estuviste dispuesta a escucharme. Que podemos estar aquí parados, hablando del pasado así y aclarando los malentendidos.

—Gaspar, pasemos página con lo del pasado. Los dos pagamos el precio y ya no somos los mismos de antes.

—¿Ya te aburriste de hablar del pasado? Entonces, de regreso, hablemos del futuro —Gaspar posó su mirada en el rostro de ella—. ¡El futuro es largo!

Micaela lo miró, sus ojos eran claros y tranquilos.

—Espero que podamos llevarnos de una manera relajada y respetuosa. Vernos, platicar, ser buenos padres para Pilar sin presionarnos tanto el uno al otro. ¿Estás de acuerdo?

Ya tenía claro el lugar de Jacobo y Ramiro en su corazón, pero la relación con Anselmo nunca la había terminado de entender.

Micaela negó con la cabeza.

—Solo necesito saber que está sano y salvo, eso es todo.

La respiración de Gaspar se detuvo un instante.

—Entonces, ¿ustedes en el futuro...?

—No, seremos amigos y con eso basta —Micaela levantó la vista hacia las estrellas en el cielo; cada una brillaba en su propio lugar.

Igual que ella y Anselmo, brillando cada uno en su propio campo.

Micaela no se dio cuenta, pero el hombre a su lado sonrió con una suavidad que parecía brisa de primavera.

—Regresa a descansar, mañana tenemos que tomar el vuelo —dijo Micaela.

Gaspar la siguió al elevador hasta llegar a la habitación del hotel. Esta noche, la distancia entre ellos parecía haberse acortado mucho más.

Empezaba a tener ganas de ver cómo sería la vida al regresar al país.

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