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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1404

Micaela se quedó atónita un momento. Tardó unos segundos antes de llevarse el bocado a la boca. La mirada ansiosa y expectante del hombre frente a ella por fin se transformó en una leve sonrisa.

Era como si le volviera el alma al cuerpo.

Micaela alzó la vista al notar que él no dejaba de mirarla comer y dijo en voz baja:

—Tú también come.

Gaspar sonrió y asintió.

—Está bien.

Micaela parpadeó y observó detenidamente su cabello blanco, pareciendo reflexionar sobre algo.

Gaspar notó su mirada y, por inercia, se llevó la mano a la sien.

—¿Qué ves?

Micaela volvió en sí y dijo con calma:

—¿No quieres tratarte eso? ¿Ver si puede volver a oscurecerse? En realidad, combinando algunos métodos externos, es posible que regrese a su color.

Gaspar se quedó pasmado unos segundos. Luego, sintió como si su corazón hubiera sido sumergido en agua tibia; una calidez lo invadió.

Ella... se preocupaba por él.

—Claro, haré lo que tú digas. Si conoces a algún experto en el tema, te agradecería que me hicieras la cita. Yo coopero con el tratamiento. —Gaspar curvó los labios en una sonrisa.

Micaela asintió. Terminaron de comer y, al salir, ella le preguntó:

—¿A dónde vas? Yo te llevo.

—Regresa al laboratorio. Le diré a Enzo que venga por mí —respondió Gaspar, no quería quitarle tiempo.

Micaela asintió y, justo cuando iba a irse, Gaspar preguntó de repente:

—Pasado mañana tengo una cena de gala y necesito acompañante. ¿Podrías ir conmigo?

Micaela se detuvo y lo pensó un momento.

—Samanta, ve a arreglarte bien. Nos vemos a las seis en la cena —dijo Aitor, y le ordenó al chofer que la llevara a una boutique de vestidos.

Aitor, siendo un tipo adinerado, la trataba bastante bien en cuestiones materiales.

Claro que había escuchado que Samanta fue mujer de Gaspar y que también anduvo con Leandro Serrano. Ahora que estaba con él, le parecía un trofeo que daba prestigio.

No le importaba con quién hubiera estado antes; en su círculo, las chicas rolaban de uno a otro. Las mujeres eran como mercancía, algo para pasar el rato hasta aburrirse.

En la tienda de vestidos.

Samanta ya no tenía asistente, pero Aitor le dio un buen presupuesto para su arreglo. Tras elegir el vestido, miró el lujoso paisaje del centro de la ciudad y sintió una oleada de asco.

Aitor solo dijo que la llevaría a una cena, pero ella no sabía de qué nivel sería. Si era de alto nivel, era muy probable que se encontrara con gente del pasado.

Antes tenía a Noelia para investigar esas cosas por ella; ahora no tenía a nadie a quien mandar.

—Señorita Samanta, ¡qué hermosa se ve! Este vestido resalta increíblemente su piel —la empleada la adulaba con el entusiasmo de siempre.

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