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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 330

Camila no era ajena a lo que había pasado entre Alexis y Vanessa. De hecho, antes de todo esto, llegó a pensar que Alexis era un idiota. Si se hubiera casado con Vanessa como debía, nada de esto estaría pasando. Pero las cosas ya estaban así. Si Alexis podía intervenir, a ella le ahorraba bastantes molestias.

—¡Trato hecho!

***

En Tecnolab, Vanessa estaba rodeada de gente que no paraba de elogiarla. Torres, aprovechando la cercanía, la acosaba con preguntas sobre cómo había detectado tan rápido la vulnerabilidad del sistema. Los demás ingenieros también se sumaban.

—Señorita León, si tiene ese nivel técnico, ¿por qué no se dedicó a la ingeniería? Es una lástima.

—¿Qué lástima ni qué nada? La señorita León es de esas que triunfan en lo que sea. Yo hasta seguí la serie que escribió, es buenísima.

Vanessa no era tímida, pero tampoco le gustaba ser el centro de tanta atención. Rafael la observaba desde un costado con una mirada que, más allá de la admiración, irradiaba orgullo y ternura.

Al notar su incomodidad, Galván intervino:

—Ya, ya, al menos déjenla respirar. Con tantas preguntas la van a abrumar.

Los ingenieros sonrieron con algo de pena.

Como ingeniera, a Vanessa le preocupaba que volvieran a ocurrir fallas en el sistema. Eso solo retrasaría el avance de los vehículos eléctricos. Miró a Rafael.

—La verdad es que suelo leer los artículos de investigación de Leandro y recopilar sus conclusiones. Ustedes también podrían revisarlos. O pueden pedirle a Rafael que consiga los registros de desarrollo del sistema directamente con Leandro.

Vanessa le cedió la iniciativa a Rafael. Si él movía los hilos, la petición a Leandro Palma fluiría con naturalidad.

Todas las miradas expectantes se posaron en Rafael.

—Claro, lo intentaré —dijo él, arqueando una ceja.

Al escuchar eso, la expresión de Vanessa se entristeció, como si un recuerdo doloroso la hubiera alcanzado. Parpadeó varias veces con nerviosismo y, pálida, desvió la mirada hacia la ventana.

—Sí, es algo que se hereda. Pero para mí no fue ninguna buena herencia.

Le temblaban los labios al terminar la frase, y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Rafael notó que algo en ella se había apagado. Temblaba y parecía asustada. Se quedó sin saber qué decir un segundo, y enseguida la tomó por los hombros, la giró hacia él y la estrechó con fuerza entre sus brazos. Con una mano le acarició la cabeza con suavidad y murmuró con un hilo de voz:

—No pienses en el pasado. Ya pasó, no pienses en eso.

Vanessa levantó la cara con esfuerzo desde su pecho. Tenía los ojos enrojecidos, brillantes de lágrimas, y verla así hacía que se le partiera el alma.

—Rafael, fui yo quien mató a mamá. Fui yo...

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