Capítulo 44 Vanessa debía estar volviéndose loca.
Por un instante, se le cruzó la idea de que Rafael se refería a ella.
Fue un arrebato de narcisismo que no duró más que un par de segundos. El corazón se le desplomó y prefirió no preguntar nada más.
Sin embargo, en su interior no solo sentía sorpresa, sino también una ligera incomodidad.
Parecía tener miedo de que él tuviera a alguien más en su corazón. Quizás era porque ya empezaba a acostumbrarse a su papel como la señora Cisneros.
***
Al recuperar el hilo de sus pensamientos, Vanessa terminó de desayunar y salió con tiempo de sobra hacia el aeropuerto para recoger a Bianca. Su amiga regresaba al país ese mismo día y aterrizaría a la una de la tarde.
El vuelo no sufrió demoras, así que Vanessa pudo recibirla sin contratiempos. En cuanto vio a Bianca salir por el pasillo de llegadas, agitó la mano para llamar su atención.
—¡Por aquí!
Bianca, vestida a la última moda y con gafas de sol, la encontró. Emocionada, empujó su carrito de equipaje y corrió hacia Vanessa para darle un fuerte abrazo.
—Cielo, no sabes cuánto te extrañé.
Eran años de amistad; su alegría no era fingida.
Vanessa, sintiéndose casi asfixiada por la fuerza del abrazo, le dio unas palmaditas en la espalda.
—Si me sigues apretando así, me vas a dejar sin aire —dijo con la voz un poco ronca.
Bianca se apartó a regañadientes con una sonrisa radiante.
—Vamos, invítame a comer; la comida del avión estaba asquerosa...
Ambas salieron del aeropuerto y subieron a una camioneta ejecutiva de lujo. Rafael se había enterado de que Vanessa iría al aeropuerto y dejó el transporte listo de antemano.
Ya dentro del vehículo, Bianca no escatimó en elogios.
—Parece que ese tal Rafael no te trata nada mal, ¿eh? Ustedes dos, ¿será que ya...? —mientras hablaba, su tono y su expresión se volvieron sugerentes.
Vanessa la miró de reojo y se rio de resignación.
—Deberías dejar de leer tantas novelas y ver menos dramas románticos...
—Te equivocas —respondió Bianca cruzándose de brazos mientras se recostaba cómodamente en el asiento de cuero—. Yo lo que veo son películas de "acción"...
Vanessa se llevó la mano a la frente y bajó la cabeza. "¡No puede ser!" ¡El chofer seguía ahí!
Bianca nunca filtraba lo que decía, sin importar el lugar o la situación. Para algunos, su actitud ante la vida era relajada y sin complicaciones; en realidad, era una mujer que ya lo había visto todo.
***
Después de comer, Bianca arrastró a Vanessa al centro comercial. Mientras caminaban, las miradas de admiración las seguían por todos lados.
Ambas eran dueñas de una belleza deslumbrante, aunque el aura de Vanessa era más dulce y elegante, mientras que Bianca proyectaba una imagen de frialdad y sofisticación. En realidad, tras conocerlas, uno descubría que sus personalidades eran lo opuesto a su apariencia.
Al entrar en una zapatería, Bianca tomó unos tacones de aguja color piel, de punta fina y unos diez centímetros de alto.
—Vane, estos te quedarían perfectos —dijo Bianca alcanzándoselos—. Eres blanca y tienes pies bonitos, pruébatelos.
Vanessa solía usar tacones de siete centímetros como máximo. Arrugó la frente al verlos.
—¿No crees que son demasiado altos?
—Tienes razón, ten cuidado, no sea que te caigas y te mates —intervino una voz femenina arrogante.
Aquel tono familiar hizo que Vanessa arrugara la frente. Al mismo tiempo, ella y Bianca se giraron hacia donde provenía la voz. Efectivamente, Natalia y otra mujer se acercaban a ellas.
—Me preguntaba quién podía tener la boca tan sucia, pero tratándose de ti, no me sorprende — soltó Bianca con sarcasmo en cuanto la vio—.
Alguien capaz de seducir a su propio hermano no solo es una malintencionada de lo peor, sino que también es una cualquiera.

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